Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

41 - Dereck

-¿Por qué estás tan preocupado, si sabes que puedo cuidarme sola? -me miró atentamente, sus ojos brillando con acusación.

-No es nada que no pueda resolver yo, mi luna. No es seguro andar afuera sin seguridad -respondí, tratando de mantener la calma.

-No me creas tonta, Derek, tengo derecho a saber -se quejó ella, cruzándose de brazos.

Negué lentamente, sin querer decirle nada más. Mi mente estaba en otro lugar. Bufó ligeramente y me pasó de lado, dándome la espalda mientras entraba a la mansión.

"¡Diosa... ¿Por qué no le diste una vida normal?! Para que fuera normal..." pensé, mirándola mientras se dirigía a la cocina.

-Yo sigo pensando que hay algo raro -se quejó Patrick, gruñendo. -¿No te parece extraño? Ella... Uno, ¿de dónde sacó dinero? Dos, ¡esas bolsas no parecen de ninguna de las tiendas de la manada! Tres, su aroma apenas se nota, lo tiene oculto. Cuatro, tenía otros tres aromas encima... -enumeraba con mal genio.

-Deja de meterme mierda en la cabeza -le respondí, cortándole de inmediato. Lo último que necesitaba era desconfiar de ella. -Mejor pensemos en su amenaza... Diosa, con lo poco que la conozco, me basta para saber que ella no dice las cosas por decir -seguí, irritado.

-Bien -rugió molesto-, pero presta más atención. Ella no es una loba cualquiera.

-¿A qué te refieres? -pregunté desconcertado ante su actitud.

-¿No te das cuenta? -se quejó incrédulo.

-Sí, claro. Y por eso mismo pregunto -respondí irónico-. Claro que no, zopenco -gruñí, sabiendo que estaba perdiendo la paciencia. Patrick bufó, aburrido de mi actitud, y respondió:

-Su aroma, además del de mate, tiene otros. Y no hablo de los de los otros lobos que siento en ella -dijo con una gravedad en su tono.

-Explícame -me quejé, harto de que diera tantas vueltas al asunto.

-Imbécil -rugió, molesto-. Ella, además de ser loba de luna roja, es Alpha. O sea, es Alpha de los lobos de luna roja -dijo, deteniéndose un momento como si pensara en algo más-.

-¿Cómo mierda? -me quejé, incrédulo.

-¿Quieres que te lo explique con peras y manzanas? -dijo sarcástico y molesto-. Tienes que hablar con ella, mierda. Su poder... puede hacer magia, su aroma no dice que es licántropo, y su velocidad... Carajo, ¿sigo o ya captaste? -dijo, claramente cabreado conmigo por mi déficit de atención.

-Sí, sí, ya capté... -dije, aburrido de su reproche, pero tenía razón-. Hablaré con ella... -dije finalmente, después de mala gana.

-Hazlo pronto, estúpido. Me tienes cansado. Presta más atención, o seré yo quien tome el control del asunto de ahora en más -me advirtió, cerrando el link.

-Imbécil -dije en voz alta, frustrado. -¿Sigue en la cocina? -pregunté a uno de mis hombres que venía del lugar. Me miró raro, pero luego entendió y asintió.

-Sí, Alpha -respondió, haciendo una pequeña inclinación de cabeza.

-Gracias. No dejen que nadie pase a ella; si pueden, desalojen la casa, por favor -les dije antes de dirigirme hacia la cocina.

"Espero que no esté molesta y que baje un poco su terquedad", rogaba a la diosa luna en mis pensamientos. Suspiré y entré en la cocina con toda la intención de hablar con ella, aclarar las cosas, y tal vez, comprender lo que estaba pasando.




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