Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

42 - Carolina

-¡Maldita sea, ¿tan estúpida me cree o qué?! -me quejé entre dientes, mordiendo una manzana que saqué de la nevera. -Algo está pasando y lo averiguaré... -seguí, más que molesta, disgustada con toda la situación.

-Lo haremos, tengo la sensación de que tiene que ver con él -dijo mi loba Karla-. Y ten cuidado, Patrick no es tan despistado como Dereck. Está haciendo demasiadas preguntas y metiéndole cosas en la cabeza para que nos obligue a hablar -añadió, entre molesta y preocupada.

-Gracias por avisar, lo tendré en cuenta -respondí, terminando mi manzana y cerrando el link mientras me dirigía otra vez a la nevera.

-¿Carolina? -escuché la voz de Dereck llamándome. Estaba abriendo la nevera cuando entró.

-Aquí estás... ¡¿Se puede saber dónde estabas?! -dijo, molesto. Según él no estaba molesto, pero su leve ceño fruncido lo delataba cuando mentía.

-Ya te dije -respondí, hurgando en la nevera en busca de algo. -Estuve en una tienda, ¿no te parece que es obvio después de las montañas de bolsas que traje? -salí con un moño de uvas en mis manos.

-Ninguna de ellas posee la marca de alguna tienda de la manada -dijo él, cruzándose de brazos. Mi estómago se encogió al escuchar su mención. -Además, ¿dónde has sacado dinero si yo no te lo di?

-Te recuerdo que toda mi vida me he mantenido sola -contesté indignada-. Y que sea tu luna no significa que me quede de mantenida. -Me senté en una silla de la cocina, mirándolo. -Traje algo de dinero de mi casa, si no me crees, revisa mi billetera. Ahí tengo dinero todavía, lo suficiente para darme algunos gustos sin tener que molestarte o vaciar tu cuenta bancaria. Tengo para mantenerme sola por unos meses mientras trabajo de nuevo -concluí tranquila, comiendo las uvas.

-O no -se quejó acercándose a mí-. Tú ya no trabajarás, y los gustos que quieras te los daré yo... Eres mi Luna y no permitiré que trabajes si me tienes a mí. -dijo con orgullo. Sonreí, apenas sarcástica y con un toque de ternura.

-Qué lindo -dije, burlesca, quitando mi expresión mientras dejaba la piña de uvas en el mesón-. Pues te acostumbras, cariño -le solté directo-. Yo no era, no soy, y no me volveré una mantenida. Lo siento, pero esto no está a discusión. Y si el problema son las malditas bolsas, yo las hice. No me gusta caminar por la calle con las bolsas de las tiendas donde las compro porque luego hablan si la marca es cara o barata -me quejé. Lo último era mentira, pero no iba a decírselo.

-¿Por qué escapaste de los hombres que te mandé? -dijo él, apretando sus puños a sus costados.

Estaba molesto, pisoteando su orgullo de hombre y Alpha al hablarme y rebelarme de esta manera. Pero no podía simplemente acatar sus órdenes sin más. Yo no era así, y tampoco podía permitirme ser su sumisa, no ahora.

"Gracias, cariño, por sacar el tema, me haces más fácil las cosas" dije por mis adentros.

-Simple, ya te lo contesté -me encogí de hombros-. No fue a propósito, ya me disculpé. Además, ¿qué pasa para que me pongas guardaespaldas? -dije, con el ceño levemente fruncido mientras bajaba de mi lugar-. ¿Qué pasa con la manada? -seguí, curiosa. Él negó con la cabeza rápidamente.

-Ya te lo he respondido también -dijo, imitándome. Sonreí por mis adentros al verlo. -No es algo de lo que debas preocuparte. Yo lo puedo resolver -dijo, confiado en sí mismo.

"Qué hijo del maíz, algo pasa y lo descubriré" me quejé internamente, inquieta.

-Recuerda que te lo advertí -dije seria, pasando a su lado. Me detuve antes de salir de la cocina. -De una u otra forma lo descubriré, y cuando lo haga, intervendré para ayudar. Tú aún no me conoces lo suficiente. Que sea tu mate no significa que me conozcas como la palma de tu mano... -suspiré con pesadez-. Ni yo me he terminado de conocer en toda una vida, ¿para que lo hagas tú en simples semanas? -concluí con cierta impotencia y me fui al cuarto.

-Perfecto, creo que en su despacho hay información de lo que sea que pasa -habló Karla-. Tenemos que ir a revisar -me alentó.

-Ahora no, él estará encima de nosotros... Recuerda que lo primordial aquí es la discreción, si no queremos que corran peligros -cerré el link desganada, dirigiéndome al cuarto.




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