-¡Qué rabia! Matt es un estúpido -se queja Karla de repente, con una furia que se le escapa entre los dientes como si ya no pudiera contenerla.
-¿Por? -respondo con desgano, sin mucho interés, aunque por dentro algo se me mueve. Últimamente Matt se está pasando de listo.
-Le dijo a Dereck que nos mantuviera vigiladas... ¡vigiladas! Y que según él, "no entenderíamos nada de lo que pasa". Como si fuéramos unas niñas ignorantes -gruñe.
Frunzo el ceño al instante. Si sabe lo que está pasando, palabra por palabra... ¿por qué no simplemente nos lo dice? ¿Por qué tanta vuelta, tanto misterio? ¿Nos cree incapaces o es que en realidad no confía en nosotras?
-¿Estaba considerando decirnos? -pregunto, intentando ordenar las piezas en mi cabeza. Tal vez Dereck sí quería contarnos.
Tal vez... él sí confía.
-Sí. Pero Matt se lo negó -responde Karla, más molesta que antes. Está claro que no es la primera vez que Matt impone su voluntad sin medir consecuencias.
-Maldito perro... -murmuro apretando los dientes. Lo amo, sí, lo amo, ¿pero qué carajos le pasa? ¿Me cree idiota? ¿Cree que no puedo lidiar con la verdad? ¡Eso es exactamente lo que me está dando a entender!
El enojo me sube como lava por la garganta y corto el enlace mental de golpe, antes de decir algo peor.
Justo entonces, Dereck entra al cuarto. Tiene esa mirada inocente que me parte el alma... y me hace sentir culpable al instante.
-¿Qué? -le espeto, sin poder ocultar mi rabia, aunque él claramente no tiene la culpa directa.
-¿Qué? -dice él, confundido, casi retrocediendo por mi tono. Niego con la cabeza, cerrando los ojos un segundo. No se lo merece.
-¿Vemos películas? -pregunta, con una sonrisa suave. Me cuesta sostenerle la mirada, pero asiento, forzando una sonrisa. Tal vez... distraerme un poco no me vendría mal.
"Pero no olvido lo que tengo que hacer.
Luego iré al despacho. Si no me dicen, lo descubriré por mi cuenta" me digo mentalmente, ya con un plan formándose en la mente como una sombra que no pienso dejar ir.
(...)
Hemos visto cuatro películas. Cuatro.
Según Dereck, ya estoy en el sexto mundo de los sueños. Sonríe acariciándome el cabello como si yo fuera un gato dormido y él un ángel protector. Está casi dormido también, conmigo en brazos. Se siente cálido. Seguro. Una parte de mí quiere quedarse así para siempre.
Han pasado unos veinte minutos. La casa está en silencio, tan callada que puedo escuchar mi propia respiración. Ni un solo ruido proviene del piso de abajo.
-Vamos. Matt también está dormido -dice Karla a través del enlace, su tono bajo pero cómplice.
-Claro... -murmuro con suavidad. Me separo de Dereck con cuidado, como si temiera despertarlo, y salgo del salón de películas.
-Aprovecha, no hay nadie. Dereck sacó a todos -agrega Karla, confirmando lo que ya sospechaba. Todo estaba perfectamente planeado. Una parte de mí admira lo bien que lo hizo.
-Itadakimassu, daary -susurro en japonés, dando un pequeño salto juguetón. Esto me emociona más de lo que debería.
Llego al despacho. Tomo aire. Entro con cuidado y cierro la puerta tras de mí. Luego la cierro otra vez. Y una vez más. Solo por si acaso. No puedo arriesgarme.
Me acerco al escritorio y comienzo a mirar todo, procurando no mover nada de su lugar. Cada papel, cada folder, está alineado como si fueran piezas sagradas. No quiero dejar huellas.
-Uh... qué lindo -digo al tomar un folder amarillo. Me da buena espina. Lo abro con delicadeza, como si estuviera tocando los secretos de un dios.
-A ver, háblame, precioso...
Y entonces, ahí están. Fotografías. Montones de ellas. Cuerpos de varios miembros de la manada. Todos... con una marca en la mejilla.
Una marca. Esa marca... la he visto antes. Es como si algo en mi memoria hiciera un clic leve, pero aún no termino de comprenderlo.
Sigo pasando las fotos, el corazón palpitándome con fuerza. Y entonces aparece un dibujo. La marca. Es clara: una "R" con una rosa incrustada en su diseño.
-¿Dónde he visto esto...? -murmuro en voz baja, con el ceño fruncido, acercando más el papel a mis ojos. Mis dedos tiemblan un poco.
Miro las fotos de nuevo. Hay un chico. Su rostro no me es del todo desconocido.
-Este chico... ¿cómo se llama? Lo mencionó... alguien lo mencionó...
Me quejo internamente por no recordar. Maldita memoria selectiva... ¿¡dónde lo vi!?
Un golpe de certeza me azota sin piedad por un momento, el recuerdo de mi charla con aquellos tipos horas atrás inunda mi cabeza.
"
-Ray -murmura Hernesto, como si el nombre por sí solo ya dijera mucho-. Para él trabajamos -añade luego, bajando ligeramente la mirada, quizás por respeto, quizás por miedo.
Ray... ese nombre me suena más de lo que quisiera admitir. Me cruza un escalofrío por la espalda, pero lo disfrazo bien.
-Escuché que está mandando una advertencia al alfa -agrega Enrique, cruzado de brazos, su postura tensa. No parece cómodo con lo que acaba de decir, pero tampoco se arrepiente.
Levanto una ceja, interesada. Muy interesada.
-¿Qué tipo de advertencia? -pregunto, inclinándome un poco hacia él. Mi voz es tranquila, casi divertida, pero mis sentidos están a mil. Cualquier detalle puede ser clave ahora mismo.
-No lo sé... sólo son rumores entre mis compañeros -responde encogiéndose de hombros. Lo dice como si no fuera importante, pero sé que lo es. Cada rumor lleva una pizca de verdad. Y esa pizca me basta para empezar a cavar.
Suspiro y me enderezo, fastidiada por su falta de información pero lo suficientemente astuta como para no mostrarlo del todo.
-Gracias -digo con sarcasmo, rodando los ojos-. Por ahora me voy. Tengo que encargarme de otras cosas... cosas más importantes. Además... -chasqueo los dedos.
Dos fajos de dinero caen frente a ellos. Cada uno con diez mil en billetes frescos. No les doy tiempo ni para reaccionar antes de hablar de nuevo.
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Editado: 15.07.2026