-Así que esta es la advertencia... -murmuro en voz baja, observando la marca con atención. Mis ojos se clavan en ella: una "R" grabada con una rosa en medio. Es sutil, pero a la vez poderosa. El símbolo habla por sí solo.
-Nadie se mete con la manada de mi mate - gruño por lo bajo, sintiendo una mezcla de frustración y territorialidad hervirme bajo la piel. Aprieto los puños por reflejo, deseando que esa maldita marca pudiera hablar, decirme quién la dejó exactamente y con qué propósito.
Suspiro hondo. Me obligo a calmarme. No puedo dejarme llevar por la rabia... aún no.
Antes de irme, saco el teléfono y le tomo una foto rápida. Me aseguro de que esté bien enfocada, sin huellas, sin sombras. Luego, con cuidado, dejo todo como lo encontré. Que nadie note que estuve aquí.
-Confirmaré si es la misma... -susurro más para mí que para alguien más. Muevo mis dedos con agilidad en el móvil, y la imagen desaparece en una galería secreta que tengo especialmente para este tipo de cosas. Mis secretos. Mis pruebas.
Justo cuando guardo el teléfono, escucho pasos rápidos en el pasillo. Me tenso. Alguien se acerca.
-¡Camina rápido a la cocina, nos está buscando! -dice Karla, apareciendo agitada por el pasillo. Tiene la cara pálida y los ojos abiertos como platos. Ni lo pienso dos veces.
Corro hacia la cocina, mis pies apenas rozan el suelo. Me lanzo por encima de la isla con un movimiento rápido, casi felino, y caigo detrás con el corazón a mil por hora. Abro la nevera como si buscara algo con urgencia, pero en realidad no tengo ni idea de qué demonios hacer ahora.
-¿Qué se supone que busco? -me reprocho en mi cabeza, bufando por lo bajo.
Mi mirada recorre el interior de la nevera hasta que una idea se enciende en mi mente como una chispa:
-¡Ya sé! -saco una jarra con jugo de piña. Rápido, voy a los estantes, agarro un vaso y empiezo a servirme justo cuando Dereck entra.
Lo veo. Está ahí. Su presencia llena toda la habitación. Siento la presión en el pecho. Sus ojos me buscan, me analizan.
-¿Qué ocurre? -pregunto con mi mejor voz inocente mientras sirvo el jugo, fingiendo que nada ha pasado, que no acabo de husmear en su mundo como si fuera el mío.
-Nada... -responde, aunque su expresión dice otra cosa. Me mira serio, con los labios apretados y el ceño levemente fruncido. Luego lanza la bomba:
-¿Por qué no siento tu aroma?
"Porque estaba revisando tus cosas y no puedes darte cuenta, obvio", pienso con sarcasmo, aguantándome la risa y la culpa al mismo tiempo.
-No quería despertarte cuando sintieras que mi aroma se alejaba -le digo mientras tomo un sorbo del jugo y libero mi olor a propósito, dejándolo flotar suavemente en el aire. Suelto el aroma con control, como si abriera la jaula de un ave solo por compasión.
-Tranquilo, no me iré a ningún lado. Pero... -hago una pausa, mirándolo directo a los ojos- me sofoca que todo el tiempo quieras tenerme controlada. Necesito mi espacio.
Y aunque lo digo con calma, por dentro estoy a punto de gritarle mil cosas.
-Por ahora. Luego, cuando todo esto pase, que se vaya a la mierda. No tengo ningún maldito problema en tenerte las veinticuatro horas del día encima mío... pero no ahora. Ahora necesito espacio para pensar, para moverme, para descubrir qué demonios está pasando.
'Por favor..." pienso con desesperación, sin decirlo.
-Lo siento, instinto -se disculpa rascando su nuca. Su rostro se tiñe de rojo como un adolescente atrapado haciendo algo vergonzoso. No puedo evitar sonreír. Se ve tan lindo así, tan vulnerable.
-Bien, tengo sueño... ¿Mañana puedo ir donde Matías? -pregunto mientras me acerco a él. Luego frunzo el ceño y me corrijo a mí misma-. No, mañana iré donde Matías.
"¿Por qué coño le pido permiso?" susurro entre dientes, regañándome. Él se ríe bajo, divertido por mi actitud. Esa risa suave me desconcentra, y cuando me doy cuenta, ya se ha girado para tomarme de la cintura.
-Claro -responde simplemente, como si no le molestara que me escape de su radar unas horas.
Luego se inclina y deja un beso suave en mi mejilla. Su contacto es cálido, familiar... y me recuerda por qué me cuesta tanto alejarme. A veces lo odio. A veces lo amo. Y a veces, las dos cosas al mismo tiempo.
-Vamos a dormir -dice, sin soltarme.
Asiento, sonriéndole sin decir nada más. Dejo el vaso a un lado en la isla y camino con él, juntos, hacia el cuarto. Pero mientras caminamos, mientras él me guía con dulzura y su brazo rodea mi espalda como si fuera su tesoro más preciado... yo solo puedo pensar en una cosa:
Necesito respuestas. Y las voy a encontrar, aunque tenga que mentirle, jugar su juego y meterme en las sombras más oscuras de su mundo. Porque si alguien va a proteger esta manada... esa soy yo.
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Editado: 15.07.2026