Estábamos viendo películas. Ella estaba acurrucada contra mí, tan tranquila... tan perfecta. La vi cerrar los ojos poco a poco, hasta que se quedó dormida. Yo intenté resistirme al sueño un poco más, pero el calor de su cuerpo, su respiración suave, terminaron por arrastrarme también al descanso.
No sé cuánto tiempo pasó. Pero algo me despierta. Tal vez el instinto, tal vez la ausencia de su calor junto a mí. Extiendo una mano dormida, esperando encontrarla... pero solo hay aire.
Me incorporo de golpe.
-¿Dónde...? -murmuro, frotándome los ojos, mirando a mi alrededor.
El lugar está en silencio, y por más que me esfuerzo... no siento su aroma.
Mi pecho se aprieta.
No puede ser. No puede haberse ido así.
Me levanto y empiezo a recorrer la casa, descalzo, aún con el corazón acelerado. Cada habitación que cruzo vacía me llena de más frustración y angustia.
¿Por qué no dejaste una nota? ¿Por qué no dijiste nada?
Estoy por llegar a la cocina cuando noto la luz encendida. Me detengo por un segundo. El pulso me late en los oídos.
¿Será ella?
Camino hacia la puerta, y sí, ahí está. De pie frente a la nevera, con una jarra de jugo en las manos. Sus movimientos son lentos, relajados... completamente ajenos a mi preocupación. La observo en silencio, mis ojos recorriéndola de pies a cabeza como si necesitara comprobar que está bien.
-¿Qué ocurre? -pregunta, sorprendida por mi expresión al verla.
Suelto el aire que no sabía que había estado conteniendo. Mi pecho sube y baja lentamente, tratando de calmarme.
-Nada -respondo, pero mi voz suena más tensa de lo que esperaba. Frunzo el ceño-. ¿Por qué no siento tu aroma?
Ella se gira, toma un sorbo del jugo con tranquilidad y me lanza una pequeña mirada de soslayo.
-No quería despertarte cuando sintieras que me alejaba -dice, y poco a poco libera su aroma, envolviéndome en ese rastro dulce y cálido que me calma de inmediato.
Entonces añade, más seria:
-Tranquilo, no me iré a ningún lado. Pero... me sofoca que todo el tiempo quieras tenerme controlada. Necesito mi espacio.
Me quedo en silencio. Sé que tiene razón. Lo sé, pero el miedo a perderla me empuja a actuar de formas que ni yo entiendo.
No quiero encerrarte... solo tengo miedo de que desaparezcas.
-Por favor... -susurra al final, bajando la mirada como si no quisiera herirme.
Mi cuerpo se relaja un poco. Me rasco la nuca, nervioso, y noto cómo mis mejillas arden. Me sonrojo, como un tonto.
-Lo siento... instinto -murmuro, apenado. Me sorprende lo mucho que me afectan sus palabras. No porque me duelan, sino porque me importan demasiado.
Ella ríe suavemente al verme así, y su risa me desarma por completo. Tan ligera, tan sincera.
-Bueno... tengo sueño -dice mientras deja el vaso a un lado-. ¿Mañana puedo ir donde Matías?
Hace una pausa, frunce el ceño y se corrige-: No... mañana iré donde Matías.
Luego susurra para sí, claramente molesta consigo misma:
-¿Por qué vergas le pido permiso?
Suelto una carcajada. Esa forma tan honesta y contradictoria de ser me encanta.
-Claro -respondo, acercándome a ella y rodeándola con un brazo, atrayéndola con suavidad a mi lado-. Vamos a dormir.
Caminamos juntos por el pasillo hacia la habitación. La noto pensativa.
-¿Por qué la casa está vacía? -pregunta mientras abro la puerta del cuarto.
-¿A qué te refieres?
-No vi a nadie en la cocina, ni a los gorilas de la puerta... y mucho menos a los que andan de un lado a otro como Pedro por su casa... -responde, haciendo un gesto divertido. Me hace reír.
Ella se encoge de hombros y murmura:
-Me gusta más así... sin tanta gente encima.
Va directo al armario mientras yo me dejo caer sobre la cama, dejando escapar un suspiro.
-Les pedí que se fueran -le digo con sinceridad-. No regresarán hasta mañana. Quería que la casa estuviera solo para nosotros. Para que estuvieras más tranquila... menos observada.
Ella me lanza una mirada desde el armario, no dice nada, pero sus ojos brillan con un destello de complicidad.
Solo tú puedes hacerme querer ser mejor. Solo tú puedes calmar esta tormenta interna que llevo.
Mientras se cambia en silencio, yo la observo desde la cama, sintiendo cómo el mundo, aunque por un momento, está en paz.
#246 en Fantasía
#153 en Personajes sobrenaturales
recuerdos de un pasado doloroso, magia amor mitos, lobos luna azul y roja
Editado: 15.07.2026