Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

46 - Carolina

Me estaba colocando el pijama que venía en una de las tantas bolsas...

-Les pedí que se fueran. No regresarán hasta mañana -dijo Dereck, su voz grave resonando en la habitación mientras yo me cambiaba, como si el simple acto de pronunciar esas palabras estuviera marcando un cambio en el ambiente.

"Así que estamos solos..." Pensé, una sonrisa maliciosa curvando mis labios, mientras la idea comenzaba a crecer en mi mente.

-Márcalo -dijo Karla con tono directo, como si nada pudiera interrumpir la intensidad de lo que estaba por venir.

-¿Qué? ¿Qué carajos? -respondí, alarmada y algo confundida por su tono tan serio.

-Sí -dijo ella, como si todo fuera lo más natural del mundo-. Con nuestro rango y raza híbrida, lo dejaremos inconsciente por un par de días... A ambos. Así podremos hacer lo que dejamos pendiente sin que Matt esté metiéndole cosas en la cabeza a Dereck -explicó con calma, casi como si estuviera recitando una estrategia ya planeada.

"Maldita Karla..." Pensé mientras me pasaba una mano por la frente, nerviosa.

-En eso tienes razón -dije, sintiendo el peso de sus palabras-. Pero sería mi primera vez, y no quiero que sea por esas razones... No quiero que sea algo forzado o bajo un pretexto.

-Bien que le andamos ganas... Solo sería la excusa perfecta -dijo Karla, sonando cada vez más emocionada, como si no pudiera esperar a ver lo que iba a pasar-. Vamos, hazlo. No hay nadie. Será mejor así... No se preocuparán por si los escuchan.

"Hija de..." Iba a quejarme, pero me callé, la idea de perderme en ese momento era más fuerte.

-Bien... Pero tú lo marcas, no se me apetece morder a nadie -respondí, resignada, mientras un nudo de ansiedad se formaba en mi estómago. Sabía que, en el fondo, no quería volver atrás.

Karla hizo el gesto rápidamente y cerró el enlace, dejándome sola con mis pensamientos. El ambiente se volvió aún más denso, cargado de una energía que ni siquiera había anticipado.

Me cambié rápidamente a una pijama más provocativa. No estaba completamente segura de lo que estaba a punto de hacer, pero en el fondo, había algo dentro de mí que lo deseaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. ¿Seguro que estamos solos? Quería confirmar, buscando en su mirada alguna señal de duda, pero no la encontré.

-Sí, ¿por qué? -respondió Dereck, sin dejar de mirarme, como si intentara averiguar lo que estaba pasando por mi mente.

Abrí el clóset y salí con una ropa interior sexy, de encaje color crema, que dejaba poco a la imaginación. Las bragas, tan delgadas que casi parecían hilos entrelazados, resbalaban sobre mi piel.

Me recosté en el marco de la puerta, dejándome observar. Vi cómo Dereck no pudo evitar mirar cada centímetro de mi cuerpo, completamente embobado. Su mirada se fijó en mí como si fuera lo único en su mundo. Mordí mi labio inferior, nerviosa, mientras sentía cómo la atmósfera se cargaba de una tensión eléctrica.

"Diosa, espero poder caminar mañana..." Pensé, pero no pude evitar sonreír ante la expresión de deseo que se reflejaba en sus ojos. Esos ojos que brillaban con una intensidad casi palpable.

-¿Qué... qué haces? -dijo, con la voz quebrada, como si el simple acto de pronunciar esas palabras le costara trabajo. Estaba completamente perdido, luchando por mantener el control. Sonreí levemente. Se veía tan tierno, tan vulnerable, y al mismo tiempo tan irresistible.

-Dijiste que estábamos solos -dije, mi voz suave pero cargada de intención, mientras me acercaba a él de manera sensual. Caminé hacia él, moviéndome como un felino, gateando sobre la cama hasta llegar a su lado.

-Carol... Carolina... -susurró, su respiración se entrecortó al verme acercarme. Me monté sobre él, rodeando su cintura con mis piernas, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba inmediatamente a mi cercanía.

-¿Sí? -respondí inocente, acariciando su barbilla, dejando que mis dedos recorrieran su piel. Vi cómo el brillo en sus ojos aumentaba. Esa luz azul intensa que me derretía por dentro.

"Diosa, por favor, déjame caminar después de esto..." supliqué en mi mente mientras mis caricias recorrían su rostro, de su barbilla a su cuello, y luego bajaban hasta su pecho. Cada toque era como una chispa encendiendo un fuego dentro de mí.

De repente, me jaló con fuerza, pegándome más a su cuerpo. Su miembro, completamente erecto, me hizo soltar un jadeo, sorprendida por la sensación tan intensa. "Diosa, me estoy arrepintiendo... qué grande..." me quejé en mi mente mientras mi corazón aceleraba su ritmo.

-¿Así quieres jugar? -dijo, su voz ronca, cargada de deseo. Sus manos comenzaron a explorar mi cuerpo con avidez mientras mis labios caían sobre su cuello. Lo besé con intensidad, como si quisiera marcarlo, como si el mundo a nuestro alrededor dejara de existir. Asentí, totalmente entregada a ese momento.

-Carolina... -gimió mi nombre, y pude sentir cómo su cuerpo se tensaba aún más bajo el mío. Su miembro se endureció al instante, y el aire se cargó de una tensión palpable. Quise besarle más el cuello, así que comencé a dejar marcas, chupetones y pequeñas mordidas, disfrutando de la sensación de tenerlo completamente a mi merced.

Los jadeos de Dereck aumentaron, su respiración se volvió cada vez más pesada, mientras mis caricias se intensificaban. Cada vez que lo tocaba, su cuerpo reaccionaba más rápido, como si necesitara más de mí.

-Sigue así -celebró Karla en mi mente-. Llevas el control. No se lo des por nada del mundo. Si no, él nos marcará a nosotras, en vez de nosotras a él.

Asentí, sintiendo cómo la adrenalina corría por mis venas. Pero, sinceramente, en ese momento, lo único que deseaba era tenerlo dentro de mí.

"¿En qué me metí...?" pensé, pero el deseo estaba mucho más allá de mis pensamientos.

Acerqué mis labios a los suyos, dejando un rastro de besos húmedos por su cuello, y sentí cómo sus manos se apretaban más contra mi piel. Él presionó nuestros cuerpos aún más, como si quisiera sentirme más cerca, como si no pudiera esperar más.




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