Estoy sentada en la sala, leyendo un libro mientras espero que alguien llegue. De pronto, la puerta principal se abre y entran dos hombres y tres mujeres. Me miran y se detienen. Ya he terminado lo que preparé; el plato está vacío sobre la mesa.
-Buenos días, Luna -dicen al unísono.
-Buenos días -respondo con una sonrisa.
-¿Y el Alfa? -pregunta una de las mujeres.
-Eso quería decirles -me levanto del sofá, cierro el libro y lo coloco sobre la mesa-. ¿Podrían llamar al doctor? -añado-. Y también, ¿pueden decirme dónde hay una farmacia?
-¿Le pasó algo al Alfa? -pregunta la más joven de las tres mujeres. Su preocupación me resulta... demasiado.
-Lo he marcado. -digo, cruzándome de brazos y levantando una ceja.
-Con razón quería la casa sola -comenta uno de los hombres, divertido.
Lo miro con frialdad.
-Más respeto -espeto con tono gélido-. Estás hablando de tu Alfa... y de tu Luna.
Él baja la mirada de inmediato.
-Lo siento, Luna -responde. Suspiro pesadamente. Estoy exagerando, lo sé... pero mi humor no es precisamente el mejor.
-Hagan lo que pedí. Y que sea un doctor varón, preferiblemente. No quiero a ninguna hembra cerca de Dereck -añado con molestia. La chica baja la mirada, apretando los puños.
-Sí, Luna -dice entre dientes, mientras los demás responden con normalidad.
-¿Qué, hay algún problema? -le pregunto acercándome-. Te recuerdo quién soy. Ahorra esos celos estúpidos e inútiles... Jamás te haría caso.
Ella me mira directo a los ojos, llena de furia.
-¿Está segura? -me reta.
Todos los presentes la observan, atónitos. Suelto una risa seca, sin gracia.
-Cien por ciento -respondo. La rabia me quema las entrañas-. Además, dime... ¿qué podría ofrecerle una mocosa como tú?
-Pues le he dado mucho -responde, y siento que la sangre me hierve-. Le he dado placer, atención... mientras él buscaba, ¿qué?, ¿A una estúpida humana? -escupe con desprecio.
Siento un nudo en el pecho, pero no voy a darle el gusto de verme afectada. Sonrío ladinamente y relajo los puños.
-¿Acaso tú le has dado cinco orgasmos en una sola noche? -respondo sin pudor. Su rostro se congela, los ojos bien abiertos. Sonrío con arrogancia-. Lo suponía... Eres muy poca cosa para él. Y encima te atreves a retar a tu Luna.
Estoy fingiendo tranquilidad, pero por dentro, deseo arrancarle la cabeza.
¡Se acostó con Dereck! ¡Con mi Dereck!
-Luna, perdone... -dice uno de los hombres, pero lo detengo con un gesto.
-No. Quiero que conteste -ordeno, con tono frío.
-No obedezco a una estúpida humana. Y mucho menos la consideraría mi Luna -gruñe, llena de desprecio.
Levanto una ceja, divertida.
-¿Ah, sí? -pregunto. Apunto mi mano hacia el libro en la mesa y lo atraigo hacia mí con un chasquido. Todos me observan con temor. Mis ojos arden de ira, y por sus miradas sé que están blancos. Mi cabello empieza a mostrar mechones del mismo color.
-Lo que faltaba -masculla con ironía-. Ahora resulta que es bruja... Seguro le pusiste un hechizo a Dereck.
-Te prohíbo pronunciar su nombre -gruño-. Tu maldita boca lo ensucia.
Siento el cosquilleo en mis ojos, y por el reflejo en los suyos, veo que ahora los tengo rojos.
-Ay, y ahora resulta fenómeno -dice con un dejo de miedo.
Sonrío de lado.
-¿¿¿Fenómeno??? -repito con una sonrisa ladeada, llena de furia-. ¿Eso fue lo mejor que pudiste decir? -solté una carcajada seca y oscura-. Querida... soy trihíbrida -mis ojos brillaron de enojo, y todos en la sala abrieron los ojos como platos, en completo shock-. Y no solo eso...
Di un paso al frente, lenta, segura, como una sombra que se extiende en la noche. Ella retrocedió temblando, pero fue inútil. La tomé del brazo con fuerza, impidiendo que escapara. Un jadeo ahogado se le escapó al sentir mi agarre, temblaba... como una hoja en pleno huracán.
-Soy una loba de Luna Roja... Y soy la Alpha de todos ellos -le susurré, con la voz tan afilada como un cuchillo directo a su alma. La miré a los ojos. No pestañeó, no podía, estaba paralizada. Sentí su miedo retumbar en mi interior, alimentando mi rabia contenida.
-Ahora... -hablé con frialdad absoluta, una calma antes de la tormenta-. Retracta toda la mierda que dijiste... y discúlpate. Si quieres seguir viva.
Silencio.
-Y escucha bien -proseguí, acercando mi rostro al suyo, nuestras respiraciones chocaban-. No te quiero cerca de Dereck. Nadie va a darle lo que yo le doy. Si se acostó contigo fue por pura necesidad. Nada más.
Sus labios temblaron. Tragó saliva.
-Él... me ama... -dijo apenas, su voz quebrada, los ojos empañados.
Me reí. No una risa suave. No. Una risa hiriente, filosa.
-¿En serio? -le respondí con sarcasmo venenoso-. Si tanto te ama, ¿por qué está conmigo y no contigo? ¿Por qué no me dejó ir cuando tuve la oportunidad de rechazarlo? ¿Por qué soy yo quien ocupa el puesto de Luna... y no tú? ¿Eh?
La sacudí, mis dedos se clavaron en su brazo. Mis palabras estaban cargadas de odio... pero era el tipo de odio que nace de la traición, de los celos, de un amor que duele más de lo que debería.
-¡Perra celosa! -gritó, con lágrimas resbalándole por las mejillas.
Le propiné una bofetada brutal. El sonido seco de mi palma contra su rostro retumbó por toda la sala. Cayó al suelo como un saco vacío.
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Editado: 15.07.2026