Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

49 - Carolina

-¿¡Quieres morir, cierto!? -gruñí, temblando de rabia, mis puños cerrados con fuerza, casi sangrando por la presión de mis uñas-. ¡¡Contesta!!

-¡No! ¡No! -lloró más fuerte, arrastrándose un poco en el suelo.

-¡Luna! -intervino la señora de antes, preocupada.

-¡No se meta! -dije en tono helado, sin quitar la vista de mi presa-. Ninguno de ustedes debe cargar con mi enojo... -respiré hondo, tratando de dominar la bestia dentro de mí-. Excepto esta zorra.

Volví la mirada hacia el resto, con autoridad pura.

-¡Si no la sacan ahora mismo de esta casa, la mato! ¡¡La mato a golpes!! -grité-. ¡No la quiero ver nunca más aquí!

La mujer corrió a levantar a la chica y la arrastró fuera. Mi respiración estaba agitada. El corazón me latía desbocado. Todo mi cuerpo temblaba de ira.

Respiré. Una vez. Dos veces.

-Lo siento... -dije en voz baja, tratando de recobrar la compostura-. Llamen al doctor, por favor. Estaré con Dereck en nuestro cuarto -dije sin mirar a nadie, solo con el dolor quemando mi pecho.

-En serio... lo siento -agregué mientras masajeaba mis sienes, sintiendo el peso de mis palabras-. Y por favor... no digan nada de lo que escucharon. Y más le vale a ella también guardar silencio.

-No se preocupe, Luna -dijo una chica en la sala, con una expresión serena-. ¿Cómo está?

Sonreí, aunque apenas fue un gesto.

-Eh... bueno -continuó ella-, aunque intenta hacerse la fuerte... lo que dijo esa mujer debió dolerle.

Mis ojos se cristalizaron de inmediato. Dos lágrimas cayeron por mis mejillas antes de que pudiera evitarlo.

-¿Luna? -preguntó uno de los hombres, notando mi reacción.

Me sequé las lágrimas rápidamente. Qué vergüenza...

-Gracias por preocuparse. Estoy bien -respondí con voz firme, recogiendo el libro que había caído al suelo cuando la golpeé-. Llamen al doctor. Estaré en el cuarto...

Subí las escaleras sin mirar atrás. Entré a la habitación, cerré la puerta y dejé el libro sobre la mesita de noche. Me giré hacia Dereck. Dormía profundamente. Su rostro parecía tan inocente... tan ajeno a la tormenta que acababa de desatarse.

-Bien... ahora díganme cómo se llaman -dije mentalmente, cerrando los ojos.

-Nancy -respondió una voz suave.

-¿Lado?

-Vampira.

-Perfecto. ¿Y tú?

-Lincy -respondió la otra-. Soy tu lado hechicera...

Suspiré pesadamente. Ya no sabía si me sentía más rota o más vacía.

-¿Cómo está Karla? -pregunté, con la voz cansada.

-Mal. Está llorando... y se ve destrozada -dijo Nancy, con un dejo de tristeza.

-¿Pueden dormirla o distraerla? No me gusta esta situación... ella sufre más que yo.

-Podría hacerlo -respondió Lincy-. Pero solo por hoy. No es sano mantenerla mucho tiempo inconsciente.

-No importa. Luego hablaré con ella... y estará mejor -cerré el enlace mental.

Me acerqué a Dereck. Me recosté a su lado, pegando mi frente a su hombro, acariciándole la mejilla con lentitud.

-Cómo me gustaría castrarte ahora mismo... -susurré con voz baja, una mezcla de dolor, rabia y resignación-. Pero me hace ilusión tener hijos. Y, desgraciadamente... los quiero contigo.

Una suave risa irónica escapó de mis labios mientras lo observaba dormir. Qué irónica era la vida...

Tocaron la puerta. Dos golpes secos. No me moví al principio. Mi tono cambió, pero mi corazón seguía en guerra.

-Pase.

Entró uno de los chicos de la manada. Me miró, luego a Dereck.

-Luna, el doctor llegará en una hora -informó.

-¿Está bien el Alpha?

Asentí con calma.

-¿Sabes dónde hay una farmacia? Necesito comprar pastillas -seguí acariciando a Dereck, esta vez con amor... no con furia-. Y otras cosas.

Asintió sin preguntar. Agradecí en silencio que no me cuestionara.

Me incliné hacia Dereck y besé su mejilla con dulzura. Luego me levanté de la cama.

-Voy a cambiarme -dije al chico-. Te llamo cuando esté lista para que me des la dirección. Y luego de que venga el doctor... iré a la manada Claro de Luna.

Me dirigí al clóset. Mi corazón seguía latiendo con fuerza... pero mis pasos, ahora, eran firmes.

-Luna... ¿el Alpha lo sabe? -pregunta el chico con la mirada baja, casi temeroso. Su voz era apenas un murmullo.

Solté un suspiro cansado, pero no molesto.

-Primero... -dije mientras lo miraba directamente a los ojos-. No tengo por qué pedirle permiso. Él es mi mate, no mi padre. -Hice una pausa, y vi cómo abría ligeramente los ojos por la sorpresa-. Segundo, estaré bien... sé defenderme. No soy una niñita indefensa. Y tercero -añadí mientras giraba hacia el clóset-, no te preocupes, no tendrán problemas si él llega a enterarse. No me aprovecharía de que está dormido para meterlos en líos. Yo me hago responsable de todo lo que hago... siempre.

El chico asintió con una sonrisa leve, visiblemente más tranquilo.

-Sí, Luna... -rió suavemente, con ese aire de respeto y admiración que siempre me generaba ternura-. Cuando esté lista para salir, me llama. Le diré dónde queda la farmacia.

Le dediqué una sonrisa sincera.

-Gracias. Puedes retirarte -dije con voz amable. Él asintió una vez más y salió del cuarto con pasos silenciosos.

Cerré la puerta suavemente y entré al clóset. Respiré hondo mientras decidía qué ponerme. Elegí una camisa top crop color celeste claro, que contrastaba con mi piel. Me puse un jeans blanco ajustado que me hacía sentir cómoda pero firme, como si pudiera enfrentar el mundo. Terminé el conjunto con unos Converse del mismo tono que la blusa. Nada muy elaborado... pero lo suficiente para recordarme que aún tenía el control.

Salí del clóset y me acerqué a Dereck. Dormía plácidamente, ajeno a todo el caos que había ocurrido abajo. Me incliné y dejé un beso suave sobre sus labios.

-Nos vemos luego, Alpha... -susurré contra su piel, con un tono mezcla de amor y picardía.

Tomé mi teléfono y la billetera de la mesita de noche, y salí del cuarto cerrando la puerta con cuidado.




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