- Hola -le dije, acercándome. Al voltear hacia mí, sus ojos brillaron al reconocerme.
- ¿Qué te trae por aquí?- le pregunté, con un tono casual, aunque dentro de mí, sentía la urgencia de hablar con él sobre lo que había sucedido.
- Bueno, quería ver cómo estabas y en qué puedo ayudarte en... eso -respondió con cierta timidez, especialmente cuando llegó a la parte de "eso".
- Qué bueno que vengas...- comencé, sentándome a su lado. -Marqué a Dereck, y quería ir a tu manada, pero no puedo alejarme mucho de él por... no sé qué... -le expliqué, frotándome la frente, ya cansada de la situación.
- ¿Lo marcaste?- preguntó, sorprendido, como si no comprendiera del todo lo que implicaba.
- Sí, ¿no escuchaste bien?- respondí, ironizando.
- Tonta- dijo, golpeándome ligeramente la frente con su dedo índice, un gesto amistoso pero algo molesto.
- Tarado... Bueno, continuando, necesito que me ayudes con esto -le dije, enfocándome de nuevo.- Pero antes de contarte algo, debes prometerme que no se lo dirás a nadie.
- Lo juro, pero dime, ¿qué pasa?- dijo, ya más ansioso por saber.
- Soy trihíbrida- comencé con una voz baja pero firme, para que me escuchara atentamente. -Está confirmado. Soy alpha de los lobos de Luna Roja y Luna de LIFGHT MOON, y en esta manada, pertenecen algunos de los que acabaron con la mía.- Lo miré a los ojos, observando su reacción, y pude ver el asombro en su rostro.
- ¿Qué?- dijo, con los ojos muy abiertos, sin poder creerse lo que acababa de escuchar.
Le conté todo: lo de mi manada, las amenazas hacia Dereck, los espías que estaban con Ray, y la investigación meticulosa que había estado llevando a cabo. Sabía que no podía guardar más secretos.
- Y eso no es todo...- continué, sacando la llave de mi short y mostrándosela. Estaba en un libro y cuando la tomé, un fuego azul la llenó. No me quemé ni sentí su calor...- Es extraño, y no sé de qué será.
- ¿Puedo...? -extendió la mano hacia la llave, y la dejé caer en su palma.- Es una llave de la Diosa Mirna dijo, con voz grave y profunda.
- ¿La Diosa Mirna?- pregunté, asombrada. Él asintió con la cabeza, sabiendo exactamente lo que eso significaba.
- Sí, la hija de la Luna que fue asesinada. Y por eso la Luna Roja, cada vez, según el tinte rojo de la luna esa noche, se dice que es la sangre de su hija...- explicó con calma, pero sus palabras eran como un golpe de realidad para mí.
- ¿Y qué tiene que ver la llave? -le pregunté, mientras le pedía que me la devolviera. Él lo hizo sin dudar.
- Es la llave donde están sus cosas, o sea, su recámara.- dijo, pensativo.- En leyendas, mitos y otras cosas se dice que esa llave es muy especial... Pero por qué apareció en ese libro y terminó en tu poder...- se quedó callado un momento, meditando. -Para saberlo, debemos buscar la habitación de ella y encontrar las respuestas que buscas.
Suspiré, frustrada pero determinada.
-Bien, ¿dónde buscaremos?
- Buscaremos, me corrigió él, al ver la mirada que le lancé. Pero primero debemos darle una excusa a Dereck, para que te deje ir. Si no quieres decírselo, tiene que ser una excusa muy convincente para que te deje ir, al menos una semana fuera de su supervisión...- dijo con una sonrisa astuta. Sabía que tenía razón, pero lo que me preocupaba era cómo hacerlo. -Será más difícil ahora que lo has marcado.- añadió, frunciendo el ceño.- Pero, entiendo lo que eso implica... explicó, ya captando la gravedad de la situación.
- Oh- dije, finalmente comprendiendo lo que significaba ser marcada por él. -No sabía que una marca conllevaría tanto...
- ¿Cómo harás para deshacerte de él? -preguntó, divertido, casi disfrutando de la intriga.
- Bueno, no tengo la necesidad de dormir... Tampoco tendré la necesidad de él, después de que lo marque. Si coloco algún hechizo en ambos...- respondí, pensando en voz alta. Él asintió, aprobando mi idea. -También puedo decir que quiero ir a mi manada, sola, a recoger algunas cosas. No sería del todo mentira, ya que pasaré por ella. En el libro donde estaba la llave había algo como un mapa, supongo que seguiré este mapa y pasaré por mi manada BLOOD BLACK...- Suspiré pesadamente, mirando la llave entre mis dedos, como si fuera un objeto mágico que decidiera mi destino. -Y llegaré a donde indique el mapa, esperando que sea el destino que quiero...
- Pero te acompañaré dijo él- interrumpiéndome antes de que pudiera decir más. Me quedé en silencio, a punto de negarme, pero me interrumpió antes de que pudiera hablar.- No es una opción negarte. Prometiste dejarme ayudarte. Además, quiero saber qué tiene que ver esa llave en todo esto...- insistió, con una sonrisa que mostraba su determinación. Gruñí, molesta, pero sabía que no podía hacer mucho.
- Bien-, dije de mala gana. -Cuando él despierte, supongo que me marcará a mí. No duraré ni un día dormida, por eso... ventaja de mi hibridación- dije con una sonrisa traviesa.
- Luego, el hechizo, y por último hablaré con él. De una u otra forma lo convenceré. Primero debo hablar con los infiltrados de Ray, y cuando todo esté confirmado, te avisaré. Encárgate de que Elizeo no sospeche nada.
Él sonrió ampliamente, y asintió con satisfacción.
- Bien-, dijo, sonriendo de manera cómplice, como si el destino estuviera de nuestra parte.
Hablamos otras tres horas más. Matías tenía un conocimiento impresionante sobre mitos y leyendas antiguas, y entre los dos comenzamos a armar teorías sobre la llave, la diosa Mirna y lo que su recámara podría ocultar. También hablamos de estrategias, de cómo cubrir mi ausencia, y de cómo actuar si alguno de los infiltrados de Ray notaba algo extraño. El tiempo se nos fue como agua entre los dedos, y antes de que me diera cuenta, él se levantó con una sonrisa amable, diciéndome que debía volver a su manada antes de que comenzaran a buscarlo.
- Cuídate, Luna -me dijo con voz suave, haciendo una ligera reverencia con la cabeza-. Cualquier cosa, envíame una señal mágica. Tú y yo sabemos cómo hacerlo.
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Editado: 15.07.2026