Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

56 - Carolina

"El recorrido puede ser largo y tortuoso, pero si para ti vale la pena incluso llegaras a disfrutar cada obstaculo de este"

Caminé con calma por las desoladas calles de la manada. A esas horas, todo parecía envuelto en un silencio casi sepulcral. Las únicas luces que iluminaban el camino eran las tenues bombillas de algunas casas aún despiertas y, por encima de todo, el esplendor de la luna llena bañando las calles con su luz plateada.

Llevaba las manos metidas en los bolsillos del abrigo mientras observaba con detenimiento cada rincón. El lugar se sentía vacío, como si la vida lo hubiese abandonado hacía tiempo. Y, aunque distinto, tenía un aire parecido al de mi antigua manada... a como la dejé aquella vez. Suspiré hondo, dejando que la brisa helada acariciara mi rostro. Instintivamente cubrí mi aroma, aún impregnado con la esencia de Dereck. No tenía ganas de soportar comentarios fuera de lugar. Estaba harta de que me llamaran "zorra de turno" cada vez que salía de la mansión sin dar explicaciones, sin que supieran que Dereck ya había encontrado a su verdadera pareja.

Seguí caminando en silencio, con paso lento pero firme, hasta que, tras unos minutos, la luz cálida y el murmullo de voces me atrajeron hacia una taberna. A pesar de la hora, estaba abierta. Entré sin pensarlo mucho, buscando un poco de calor y distracción mientras amanecía.

El lugar estaba abarrotado de hombres. Algunos, visiblemente borrachos, apenas podían mantenerse en pie. Otros tenían mujeres sentadas en sus piernas, riendo y susurrándoles cosas al oído, y no todas parecían hacerlo por dinero. Más allá, un grupo coreaba a gritos un "¡Fondo, fondo!" mientras uno de ellos trataba de acabar una jarra enorme de cerveza. El ambiente era ruidoso, cargado de humo, alcohol y testosterona. Había todo tipo de bestias reunidas allí.

Me acerqué a la barra, analizando el lugar con más detenimiento. Era amplio, con mesas redondas por doquier. En una esquina más apartada, donde reinaba cierto lujo dentro del caos, se encontraban sofás de terciopelo rojo vino. Supuse que esa zona era una especie de rincón VIP, donde las mujeres más deseadas se movían con confianza. El lugar estaba iluminado por linternas de fuego colgadas en la pared, junto a pequeñas cuchillas clavadas en la madera como si formaran parte de la decoración.

Tomé asiento en la barra. El barman, sin necesidad de hablar mucho, se acercó.
-Un tequila doble -le pedí sin rodeos.

Mientras esperaba, volví a escanear el lugar con la mirada. Y allí, en una de las mesas del fondo, vi a los que había venido a buscar. Justo cuando el mesero me entregó mi trago, lo bebí de un solo trago, disfrutando de la sensación ardiente bajando por mi garganta hasta quemarme el estómago. Sonreí ligeramente al sentir esa calidez invasiva y pedí otro. Me lo sirvieron, y como antes, lo bebí de golpe. Entonces me levanté, lista para acercarme a ellos.

Caminé con toda la serenidad del mundo, sintiendo algunas miradas lascivas posarse sobre mí mientras avanzaba. Llegué hasta su mesa y sin pedir permiso, arrastré una silla para sentarme al revés sobre ella, apoyando los brazos sobre el respaldo y dejando caer la cabeza encima con una actitud casi perezosa. Ambos hombres notaron mi presencia de inmediato. Por un segundo, vi el reflejo del miedo en sus ojos... pero lo disimularon bien y continuaron bebiendo.

-¿Tienen lo que les pedí? -pregunté arrastrando las palabras con desinterés, sin cambiar mi postura.

Asintieron, separando sus bebidas de los labios y mirándome con cierta cautela.

-¿Lo tienen a mano? -insistí.

-Sí... Bueno, ¿hablamos aquí o vamos a otro lugar? -dijo el castaño, notoriamente afectado por el alcohol-. Por nosotros no hay problema, pero podrían verte.

-A estas horas, las calles están muertas -añadió el rubio, encogiéndose de hombros.

-Tomaré un poco más y les aviso si nos movemos -respondí, haciendo una seña al mesero para que se acercara-. Por ahora, cuéntenme qué han averiguado.

Cuando el mesero llegó, lo miré.

-Tráeme una botella de tequila. ¿Y ustedes? -les pregunté a los hombres sentados conmigo.

-Otra de estas -dijo el castaño, levantando su vaso vacío.

-Vodka -pidió el rubio, dejando su copa sobre la mesa.

El mesero asintió y se fue sin decir nada más.

-¿Qué quieres saber? -preguntó el rubio, ahora más interesado.

-¿Cuántos trabajan para él? ¿Cuándo aparecerá por aquí? Y... ¿hay más hombres allá que quisieran unirse a mí? -pregunté, apoyando el mentón sobre mis brazos.

El mesero volvió con la orden y colocó todo sobre la mesa.

-Gracias -le dije, antes de que se alejara.

Abrí la botella y me serví un trago en el vaso que había traído. Los otros dos también tomaron sus bebidas. Me lo bebí de golpe y tomé una rodaja de limón para suavizar el ardor que me bajaba al estómago.




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