Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

65 - Carolina

Habíamos pasado horas jugando, riendo, persiguiéndonos por el jardín como si todos fuéramos niños otra vez. Ahora el sol caía suavemente entre las hojas del gran árbol que nos cubría. El césped estaba tibio y fresco al mismo tiempo, y nos habíamos sentado ahí, todos juntos, disfrutando del atardecer y de la paz que nos regalaba el momento. Podía escuchar las respiraciones tranquilas, los susurros entre los adultos y las risas suaves de los niños mientras jugaban con unas ramitas caídas. Sentía mi pecho lleno, como si por fin las cosas empezaran a alinearse.

-Alpha, tía Carol -nos llamó Lucía con esa vocecita dulce que siempre me hacía sonreír.

-Dime, princesa -le respondí, girando el rostro hacia ella. Se acercó a mí dando saltitos cortos, se acomodó en mis piernas sin pedir permiso, como si supiera que su lugar estaba justo ahí. Su sonrisa era tan cálida que me derritió por dentro.

-¿Podremos quedarnos aquí? -preguntó bajito, como si temiera que la respuesta fuera un no. Su mirada fue de mí a Dereck y de nuevo a mí, como buscando alguna señal de aprobación en nuestros rostros.

Sonreí con ternura, acariciando su espalda con la yema de mis dedos.

-Sip. Además, ya les he conseguido una casa dentro de los terrenos de la manada.

La reacción fue inmediata. Dereck me miró con los ojos bien abiertos, claramente sorprendido. Solté una risita al ver su expresión.

-¡¿En serio?! -preguntaron al mismo tiempo los adultos, llenos de incredulidad.

Asentí, con una sonrisa orgullosa.

-Muchas gracias, Luna -dijo la madre de los niños, con los ojos cristalinos, conteniendo las lágrimas.

-No hay de qué... Además, mañana iremos a comprar todo lo que los niños necesiten para poder asistir a la escuela en el inicio del semestre -comenté con calma, mientras acariciaba suavemente los cabellos de Lucía.

-¡SÍ! -gritaron Lucas y Lucía al unísono, levantando los brazos. Su alegría era contagiosa. Reí junto a Dereck, que me rodeó con su brazo y me dio un beso en el cuello, suave, como un susurro.

-Serás una muy buena mamá -me dijo al oído, su voz ronca y cálida. Sentí cómo el calor me subía a las mejillas. Me sonrojé y le di un codazo, sin mirarlo.

-Tarado... -murmuré intentando disimular mi vergüenza, pero no sirvió de nada. Todos rieron.

-Tía Carol -me volvió a llamar Lucía, esta vez más bajito.

-¿Sí, amor?

-Gracias -dijo con sinceridad, y luego me dio un beso en la mejilla.

Mi corazón se apretó con ternura.

-No hay de qué, princesa.

Lucas se acercó en ese momento y me abrazó con fuerza. Sus manitas pequeñas temblaban un poco.

-Gracias, Luna -me dijo casi llorando.

Bajé a Lucía de mis piernas y subí a Lucas con cuidado. Besé su mejilla y le susurré al oído:

-Te lo prometí.

Él asintió, sin decir nada, y me abrazó fuerte del cuello como si no quisiera soltarme nunca.

-Y no hay de qué... -agregué, besando su cabeza.

Sentí la mirada de Dereck fija en mí. Lo vi. Tenía los ojos brillosos, y su sonrisa estaba cargada de algo más profundo que ternura.

escuché su pensamiento con claridad. Mi pecho se apretó.

Me sonrojé otra vez, pero esta vez no fue sólo por ternura. Algo dentro de mí se movió. Deseo. Miedo. Amor. Confusión. Lo cierto es que no estaba en mis planes ahora... pero tal vez, solo tal vez, algún día. Con él... no me parecería tan descabellado.

Horas después, ya en el cuarto, la calidez del momento había desaparecido por completo. Había cambiado por una tensión intensa, por palabras que pesaban y verdades que dolían. Le había contado todo lo que sabía sobre Ray. Sobre la información filtrada, los infiltrados, los movimientos de los rougers, la llave, el libro...

Y como lo temía, la reacción de Dereck no tardó.

-No irás -dijo, sosteniendo la llave en su mano como si al tenerla pudiera detenerme. Su voz fue firme, pero sus ojos... estaban llenos de miedo.

-No te estoy preguntando, Dereck -respondí, cruzándome de brazos-. Tengo que hacerlo. Además, me acompañará Matías. ¿Cuál es el problema?

Mi voz ya sonaba molesta. No entendía por qué no confiaba en que podía manejarlo.

-¡Que no te quiero perder! ¡¡¿¡Okey!?!! -gritó, su voz se quebró al final. Sus ojos se llenaron de lágrimas-. ¡No sé qué haría sin ti! ¡Nada tendría sentido si algo te pasara y te pierdo!

Me quedé quieta. Su grito me heló por dentro. Lo miré sorprendida. Nunca lo había visto así, tan vulnerable, tan desgarrado.

-¡No me pasará nada, Dereck! ¡No soy una inútil como crees! -le grité de vuelta, el corazón latiéndome como un tambor en la garganta-. ¡Sé cuidarme sola! ¡He estado sola toda mi maldita vida, me las he arreglado sin nadie! Y ahora tú y Matt... ¡me tratan como si no pudiera valerme por mí misma! ¡Como si fuera una niña a la que hay que proteger de todo!

Sentía los ojos picarme, pero me negaba a llorar delante de él.

-¡No queremos controlarte! ¡Queremos evitar perderte! -respondió él, con la voz desesperada, tan rota como yo. Sus palabras eran un clavo más en mi pecho. Pero ya era tarde. La rabia y el dolor se habían desatado.

Las lágrimas brotaron de mis ojos como agua desbordada. Rugí, sin pensar.

-¡Jódanse! -grité, antes de lanzarme hacia él, arrebatarle la llave de la mano y salir corriendo de la habitación sin mirar atrás. Azoté la puerta con fuerza y bajé las escaleras a toda prisa, ignorando los gritos, las miradas de los guardias. Sentía el corazón retumbando en mis oídos mientras me internaba en el bosque, dejando atrás todo.

Todo menos mi decisión.




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