-¿Por qué no entiende que simplemente no la quiero perder? -pienso, llevándome las manos al cabello, tirando de él con frustración. Un suspiro pesado escapa de mis labios mientras mi pecho se agita con ansiedad.
No lo soporto más. Minutos después, mis pies se mueven solos y voy tras ella, dejándome guiar por su aroma que aún flota en el aire como una promesa rota.
Salgo de la casa sin mirar atrás. El bosque me recibe con su oscuridad abrumadora, donde la única luz que guía mi camino es la de la luna, alta y redonda en el cielo, como un ojo que todo lo ve. El silencio de la noche es denso, casi sagrado. Sigo por un sendero oculto, uno que nunca antes había notado, pero que mis instintos reconocen como el correcto. La llave que me mostró... la llevo en la mano. Me quema. Como si reaccionara al dolor, a la desesperación, o a algo que está por suceder.
Camino durante lo que parecen siglos, hasta que llego a un acantilado. Ella está allí.
Carolina.
Su silueta se recorta contra el paisaje nocturno, y aunque su espalda está hacia mí, sé que su mirada está perdida en la luna. Está completamente quieta, etérea, como una estatua viviente. La llave en mi mano arde con más fuerza, y el dolor me obliga a soltarla. Cae al suelo con un leve tintineo, pero antes de que toque el suelo por completo, ella extiende la mano, sin apartar la vista del cielo, y el objeto flota hasta su palma como si obedeciera su voluntad.
Entonces comienza a recitar palabras extrañas. Antiguas. Místicas. La luna responde a su llamado: se tiñe de rojo, como si estuviera sangrando. Un escalofrío me recorre la espalda.
En el centro de la luna aparece el rostro de una mujer. Es joven, de cabello castaño, ojos grises como la tormenta y piel pálida como la nieve. Su expresión es serena. Reconfortante.
-Mirna... -susurra Carolina, reconociendo a la mujer.
La imagen le sonríe y asiente suavemente.
-Veo que la has encontrado -dice la mujer en la luna con una voz dulce y cálida como la brisa de primavera-. Ahora solo falta que vayas por eso... y entonces todo acabará. Para ti.
Frunzo el ceño, confundido. ¿Qué es "eso"? ¿Qué quiere decir con que todo acabará?
-¿Pero... y si los pongo en peligro? -pregunta Carolina, con la voz rota. El dolor en sus palabras me sacude como un golpe.
Mi mate... está sufriendo. Y yo aquí, sin entender nada.
-No quiero que les pase nada... -continúa, temblando-. Si no logro romper mi maldición... morirían. Ya lo he visto...
Mi corazón cae al suelo. ¿De qué maldición está hablando? ¿Qué está cargando sola?
-Confía en ti -responde la mujer con ternura-. Confía en mí. En mi madre. Y más importante aún... en tu mate y en tus amigos. Todo se resolverá. Al fin tendrás el final que deseas. Nadie más morirá por ti, y podrás ser feliz, como tanto lo mereces.
Pausa. La luna parece brillar más fuerte por un momento.
-Espero que puedas hallarlo. Nadie ha entrado a mi alcoba desde que fallecí... ni siquiera mi madre. Te estaré ayudando como pueda... Hasta pronto, Camil.
Carolina sonríe con tristeza. La luna recupera su color plateado y la imagen se desvanece. En ese instante, presiona la llave contra su pecho... y su cuerpo comienza a desvanecerse lentamente.
Corro hacia ella, la tomo en brazos antes de que toque el suelo. Su piel está fría. Inquietantemente fría.
La cargo estilo princesa y camino con rapidez de regreso a la casa. No puedo perderla. No así. No ahora.
Apenas llegamos, la llevo directamente a nuestra habitación y la recuesto con cuidado en la cama. Acaricio su rostro y aparto un mechón de su cabello mojado por el rocío de la noche.
-¿Quién es Camil? -pregunta Matt desde la puerta, su voz cargada de preocupación.
-No tengo idea, pero se lo preguntaré... -respondo sin mirarlo, saliendo del cuarto.
-No dejes que vaya allá... no sola... -me dice antes de que corte el enlace mental.
-No lo haré -le prometo, cerrando el link por completo. Vuelvo a entrar y me acerco a la cama.
La miro.
Tan fuerte y tan frágil a la vez.
-Solo no quiero perderte... entiéndeme, por favor -le susurro, inclinándome para besar con cuidado la comisura de sus labios.
Luego me quito la ropa en silencio, sin hacer ruido, y me recuesto junto a ella. La abrazo con suavidad, como si de mi calor dependiera que volviera a mí.
#246 en Fantasía
#153 en Personajes sobrenaturales
recuerdos de un pasado doloroso, magia amor mitos, lobos luna azul y roja
Editado: 15.07.2026