Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

67 - Carlina

" Estoy en medio de una batalla. El aire está denso, saturado de humo, polvo y ceniza. Todo huele a hierro oxidado, a carne quemada, a desesperación. El cielo, cubierto por nubes negras y fuego, parece a punto de desplomarse sobre nosotros. El rugido lejano de truenos se mezcla con el estruendo de explosiones cercanas, haciendo temblar el suelo bajo mis pies.

A mi alrededor, cuerpos caen uno tras otro. Algunos gritan, otros no tienen tiempo. El sonido de espadas chocando, gruñidos inhumanos y gritos de dolor llenan el ambiente como una orquesta macabra. Los hombres que luchan tienen una esencia que me pone los pelos de punta... no son completamente humanos. Sus ojos relucen con un rojo enfermizo, su fuerza es brutal, y sus movimientos rápidos, casi antinaturales. Se mueven como bestias hambrientas, como si el dolor no les importara, como si su única intención fuera destruir.

Uno de ellos se lanza hacia mí, con la boca abierta mostrando colmillos alargados, la piel rasgada en varias partes, como si la humanidad se le hubiera despegado a tirones. Lo esquivo por instinto, girando sobre mi eje y golpeando con la hoja de mi arma en un solo movimiento. Siento el crujido de su cráneo bajo mi acero, pero ni siquiera me detengo a mirarlo caer.

Mis botas pisan sobre sangre, barro, ceniza. Tropiezo con cadáveres, algunos irreconocibles. Otros... conocidos.

El pecho se me aprieta.

-Otra vez... -murmuro para mí misma, apretando los dientes mientras corro hacia el epicentro del caos.

Mi corazón late con fuerza, mis piernas arden, pero no me detengo. Algo me empuja a seguir, una sensación intensa, angustiante... algo no está bien.

Una criatura con alas deformes vuela en círculos sobre el campo, lanzando chillidos que perforan los oídos. La tierra está agrietada, incendiada en algunos puntos, como si se hubiese abierto desde el mismo infierno. Y entre todo ese caos, una presencia me llama, un vínculo invisible que me arrastra.

Llego jadeante a una pequeña abertura entre las ruinas. Piedras caídas, columnas rotas, escombros de un lugar que alguna vez fue sagrado o al menos estable. Todo ahora reducido a polvo. Y entonces lo veo.

Ray está encima de Dereck.

Lo tiene inmovilizado contra el suelo, su rodilla presiona el pecho de él con fuerza, y en su mano sostiene una daga de plata brillante. La hoja, reluciente, aún limpia, está a punto de perforar el corazón de Dereck. Hay una calma perturbadora en esa escena, como si todo lo demás se hubiera silenciado para dejarme ver solo esto.

Mis pies se detienen. El mundo se vuelve silencioso por un segundo.

No... de nuevo no. -susurro, sintiendo un nudo doloroso apretarse en mi pecho.

El pasado me golpea con fuerza. Imágenes borrosas de otro momento, de otra pérdida... todo regresa de golpe. Veo a otra persona caer, en otro campo, en otra vida. Las lágrimas comienzan a acumularse sin pedir permiso, cayendo con desesperación por mis mejillas. Gritos que creí enterrados regresan a mi garganta.

-Ya no... no de nuevo... -mi voz se rompe mientras avanzo con pasos temblorosos.

Las lágrimas se vuelven torrentes, caen sin descanso. Me arde el pecho, como si estuvieran arrancándome algo desde dentro. Siento un vacío crecer, cada vez más grande, como un abismo sin fondo. Hay un zumbido en mis oídos, una presión que no me deja respirar del todo.

-¡Ya no lo dejaré! ¡¡YA NO!! -grito con toda la fuerza que me queda.

En ese instante, algo dentro de mí se rompe... o despierta.

Mi cabello, como si respondiera a la furia contenida, se enciende en llamas. No me quema. Las llamas bailan salvajes, rojas y doradas, envolviéndome como una corona viviente. Mis ojos también arden, reflejando la intensidad de mi alma. Por primera vez, tengo control. Por primera vez, puedo modificar uno de mis sueños.

Las sombras tiemblan. Incluso el aire parece contener el aliento.

Ambos se detienen. Me observan.

Ray levanta la cabeza lentamente y me mira con esos ojos completamente negros, vacíos, profundos como el abismo. Pero aún así... sonríe. Una sonrisa torcida, cruel, como si supiera que él tiene el control, como si estuviera disfrutando de cada segundo de mi desesperación.

-Pronto te veré, pequeña. -susurra con una voz oscura, como un eco de algo maligno.

Y sin titubeos, hunde la daga directamente en el pecho de Dereck. Justo donde late su corazón.

-¡NO! -grito, pero ya es tarde.

Dereck cae de rodillas, como una marioneta sin cuerdas. Sus ojos, que me buscaban desesperadamente, ahora se pierden en la nada. La sangre comienza a manchar el suelo bajo él, espesa, caliente. La daga queda ahí, clavada, como una maldición.

Caigo de rodillas también, mis manos van directo a mi pecho. Un dolor punzante, brutal, me atraviesa el alma. Me lo están arrancando. Me están desmoronando. Siento que el mundo se derrumba conmigo, que nada tiene sentido sin él.

Detrás de mí, el caos continúa. El rugido de las criaturas, los lamentos de los heridos, los temblores del suelo, todo se siente lejano, como si ya no importara. Como si yo estuviera hundida en otra dimensión donde solo existe el dolor.

Las lágrimas no se detienen. El fuego de mi cabello se vuelve más salvaje, más intenso. Las llamas se extienden más allá de mí, lamiendo los bordes del campo, encendiendo las ruinas, provocando un viento ardiente que barre con todo. La tierra tiembla ligeramente bajo mis pies, como si la propia realidad reconociera mi dolor.

-Ya no... no otra vez... -repito una y otra vez, con la voz rota, mientras lo veo caer por completo.

Y ahí estoy yo, rodeada de muerte, con el alma vacía, mientras la esencia oscura de Ray se desvanece en el aire, dejando tras de sí una promesa de destrucción palpable.

Una promesa de algo que sé no ha terminado. Algo que lleva años postergandose para nosotras. "




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