Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

68 - Carolina

Me suspendo jadeante de la cama, la respiración agitada, el corazón acelerado. Dereck me observa, preocupado, y sus manos se levantan hacia mis mejillas, sintiendo el rastro de las lágrimas que las empapan. En ese instante, me siento como si estuviera atrapada en una pesadilla que no logro despertar.

- ¿Estás bien? -me pregunta con una voz llena de preocupación, su mirada fija en mí, pero yo no soy capaz de encontrar las palabras. Mi cabeza está aún perdida en los ecos de aquel sueño, donde su imagen aparecía, distante, inalcanzable.

Asiento lentamente, sintiendo el peso de las emociones en mi pecho, pero no logro confiar completamente en lo que estoy diciendo. Al intentar hablar, mi garganta está tan rasposa que las palabras apenas salen.

- Si... si... -murmuro entre sollozos, mi voz quebrándose mientras las lágrimas caen nuevamente por mis mejillas, como si mi corazón estuviera destrozado. Las palabras que logran salir son entrecortadas, como si un nudo invisible apretara mi garganta. - La... la... la... lam...entó lo de ayer...

Me cuesta aceptar que esa visión de él con una daga de plata enterrada en su corazón haya sido solo un sueño, pero el dolor es tan real. No puedo dejar de pensar que, en cualquier momento, ese futuro oscuro podría hacerse realidad.

Dereck no dice nada al principio, solo me mira con esa expresión que destila preocupación, antes de acercarse más y rodearme con sus brazos, como si intentara protegerme de algo que ni él mismo entiende.

- No te preocupes, amor -me susurra, y sus palabras, aunque reconfortantes, no consiguen calmar la tormenta interna que me consume. Me coloca frente a él, sus ojos llenos de amor y compasión, pero también una sombra de tristeza. Siento su abrazo, su calor, como una ancla que me mantiene en la realidad. Cierro los ojos, aferrándome a él, deseando que esa imagen macabra desaparezca de mi mente, que él no se aleje de mi vida.

El abrazo se intensifica, y de repente me siento como si me estuviera aferrando a mi última esperanza. No quiero soltarlo, no quiero que se vaya. Siento que en cualquier momento podría perderlo, que esa daga que vi en mi sueño podría ser una profecía de algo que aún no ha ocurrido, pero que siento tan cerca.

- ¿Amor? -me llama, su voz suave pero urgente, mientras limpia las lágrimas de mis mejillas con las yemas de sus dedos. No sé en qué momento comencé a llorar de nuevo, pero ahora las lágrimas fluyen libremente, sin control.

Le sonrío con esfuerzo, tratando de calmarme. Mis labios se acercan a los suyos, y le beso, un beso lleno de tristeza, pero también de un amor profundo, desesperado. Lo que más quiero es que me entienda, que no me deje ir.

- Te amo, y no quiero perderte -le confieso, separándome lentamente, y mi voz tiembla al decirlo. La emoción se acumula en mi pecho, y la presión en mi garganta es insoportable. - Por eso necesito ir allá... -la última parte la pronuncio con un nudo en la garganta, luchando contra las lágrimas que amenazan con volver a caer.

Dereck me observa en silencio, y por un momento parece que va a decir algo. Su rostro se torna serio, casi sombrío, y al final, con un suspiro pesado, sacude la cabeza lentamente.

- Carolina... -dice con tono grave, un firme rechazo en su voz. - No puedes ir, es peligroso... No quiero que te pongas en riesgo, no ahora.

Yo, sin embargo, no me doy por vencida. Un torrente de sentimientos me inunda, y no puedo soportar la idea de quedarme aquí sin hacer nada, sin buscar respuestas. La angustia me consume, y la desesperación me lleva a hablar con más intensidad.

- Por favor... -le ruego, casi suplicante, mis manos aferrándose a su pecho mientras le miro con los ojos vidriosos. - Si no me dejas, me iré de todas formas... Y no estaré del todo concentrada aquí, pensando en ti, en lo que podría pasar... -mi voz se quiebra, la sensación de pérdida me ahoga, pero lo necesito, lo necesito más que nunca.

Dereck respira hondo, y su mirada se suaviza, aunque no deja de mostrar su preocupación. La lucha interna es evidente, pero al final, cede, aunque a su manera.

- Está bien... -suspira, y me mira con seriedad. - Pero irás con el beta de Eleazar y dos hombres de aquí, no vas a ir sola. Te lo prometo, te cuidaré, y ellos también lo harán.

Asiento rápidamente, sin dudar, aunque sé que dentro de mí la preocupación persiste. No quiero que me protejan, pero sé que no tengo otra opción. Me acerco a él y lo beso nuevamente, un beso lleno de necesidad y amor, un beso que responde a mi angustia y a mi desesperación. Sus labios se sienten como un refugio, pero también como una promesa de que todo estará bien, aunque mis miedos sigan latentes.

En medio del beso, él acaricia mi labio inferior con su lengua, pidiéndome paso. Yo entreabro los labios, aceptando su invitación, y así comienza una batalla silenciosa de lenguas, una lucha que refleja lo que estamos viviendo. Nos separamos por falta de aire, nuestros corazones latiendo al unísono, aunque todavía siento esa incertidumbre en mi pecho.

- Te amo -me dice, mirándome a los ojos con esa intensidad que siempre me calma, pero al mismo tiempo me inquieta.

- Yo más -respondo, un susurro cargado de emoción. Y de nuevo, sin pensarlo, vuelvo a unir mis labios con los suyos, en un beso más profundo, más desesperado. Esta vez, el beso es más caliente, más necesitado, como si de él dependiera todo lo que soy, todo lo que quiero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.