Es de noche, y la oscuridad parece envolver todo. Estoy sentada, esperando a Matías, mientras mis pensamientos giran en círculos caóticos, como si una película vieja se estuviera reproduciendo en mi cabeza, una que me trae recuerdos de vidas pasadas que no consigo entender por completo. La luna, brillante en el cielo, me observa como siempre lo ha hecho, indiferente y distante. Mi mente, no obstante, no puede evitar revivir aquellos recuerdos de ella, de los momentos que compartí con su cabello azul vibrante, ella, que alguna vez significó tanto para mí.
Suspiro, bajando la mirada hacia la tierra mientras mi mente sigue vagando entre recuerdos perdidos de Karen, de los chicos... mis chicos. La angustia crece en mi pecho al pensar en Karen. ¿Estará bien?, ¿Qué habrá pasado con ella? La incertidumbre me come, pero sigo sin poder encontrar respuestas claras.
La confusión llena mi cabeza, y las piezas de mi vida parecen desordenarse como un rompecabezas que nunca he logrado completar. Todo empieza a tomar forma, lentamente, como si por fin estuviera empezando a entender lo que realmente ha sucedido. Lo que aún me queda por descubrir... lo que Mirna me susurró en sueños. Ella me había hablado de la Luna Roja, me había hablado de la forma de contactar con el alma atrapada en esa luna, y mañana temprano partiremos en busca de respuestas. De alguna forma, esa búsqueda será la clave, el paso necesario hacia algo mucho más grande.
Miro hacia la ventana, perdiéndome en la calma de la noche, pero mi atención se ve interrumpida por la presencia de Dereck, que duerme en el sofá. Un leve gruñido escapa de mis labios. Últimamente, me cuesta tomarlo en serio. Su rendimiento en ciertas situaciones ha dejado mucho que desear. ¡El hombre ni siquiera aguanta cuatro orgasmos! Algo que se está convirtiendo en un tema de conversación recurrente en mi mente, mientras mi mirada se fija en él.
De repente, escucho a Lincy, mi bruja, irrumpir en mis pensamientos con su tono irreverente.
- Pues se tendrá que acostumbrar, ya que nosotras somos cuatro y todas queremos de él -dice con una tono traviesa en su voz.
- Totalmente de acuerdo -responde Karla, mi loba, sin vacilar.
No puedo evitar reírme ante la actitud de ambas. A veces, no sé si me están tomando en serio o simplemente están jugando a ver hasta dónde pueden llevar la broma.
- Y no se olviden de mí... A la otra seré la primera -se queja Nacy, mi vampira. Ella fue la última en estar con Dereck, y su queja es casi cómica, aunque siempre me sorprende lo poco que aguanta el pobre hombre. El recordatorio de cómo se quedó dormido nada más terminar hace que una risa se escape de mis labios.
- Estúpidas -gruñe Nacy, pero al final su tono se suaviza y todas reímos de nuevo.
- Está bien -acepta Lincy entre risas, como si no hubiera más que decir.
- Por mí no hay problema -añado también entre risas, mientras bajo las escaleras para evitar más comentarios.
Justo cuando me siento algo más tranquila, el sonido de un guardia interrumpe el momento.
- Luna -me llama desde el pasillo, su voz claramente apresurada.
Le miro y le respondo con calma, un tanto irónica por la interrupción.
- Dime.
- Ya luego hablamos -les digo a las tres con un guiño mental antes de cortar el enlace que mantiene nuestras voces entrelazadas en mi mente.
El guardia se acerca a mí, y con tono profesional, me da la noticia.
- El beta Matías está en la entrada de la manada.
Asiento lentamente, procesando la información. Ya todo está en movimiento.
- Haganlo pasar y llévenlo con Luisa. Ella ya sabe qué hacer -le ordeno con firmeza.
El guardia asiente y se aleja, mientras yo me encamino hacia la cocina. Al entrar, veo a Luisa caminando de un lado a otro, visiblemente inquieta. La observo unos segundos, tratando de adivinar lo que le pasa.
- ¿Estás bien? -le pregunto suavemente.
Luisa, una joven omega de 21 años, siempre ha sido alguien tranquilo y sereno, pero hoy algo está claramente molestándola.
- Mi loba está demasiado inquieta, y eso me pone nerviosa -confiesa, y sus ojos amarillos reflejan una tensión que no puedo ignorar.
Levanto una ceja, tratando de mantener la calma.
- ¿Tienes mate? -le pregunto, buscando alguna excusa para aliviar la atmósfera tensa. Ella niega con la cabeza, y en ese momento, la puerta principal de la casa se estremece con un fuerte golpe. Luisa se queda completamente estática, y yo puedo sentir la tensión en el aire.
Es Matías, que entra como un torbellino, buscando a Luisa sin siquiera mirarme a mí. Apenas la ve, se lanza hacia ella, un gruñido bajo escapando de sus labios. Sonrío de forma involuntaria, reconociendo esa intensidad que él siempre tiene, esa energía incontrolable.
- Ahí está la causa -le digo a Luisa, que, sorprendida al principio, no duda ni un segundo en devolverle el abrazo.
- Tuya -murmura ella en un tono bajo, como si compartiera una confesión silenciosa entre ellos.
- Bueno, no hagan ruido... -les advierto, dándoles un guiño cómplice. Luisa se sonroja visiblemente, y yo disfruto de la situación con una leve sonrisa en mi rostro.
- Luisa, él es Matías, el beta de Claro de Luna, la persona de la que te hablé -le explico, mirando a ambos. Ella asiente, ya un poco más tranquila. - Matías, ella es Luisa, mi única amiga que tengo en esta casa, así que si le haces algo, te castro a ti y a tu lobo, ¿entendido? -Mi tono es firme, y Matías asiente sin dudarlo, aunque su rostro sigue hundido en el cuello de Luisa.
- Bien, me voy... -digo, sabiendo que ya no tengo nada más que hacer aquí. Subo a mi cuarto con una manzana que saque de la nevera.
Cuando entro en mi cuarto, me encuentro con Dereck completamente dormido en la cama, desnudo, y no puedo evitar reírme al verlo tan vulnerable. Una chispa de deseo recorre mi cuerpo, pero respiro profundamente, intentando mantener el control.
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Editado: 15.07.2026