Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

70 - Carolina

Eran las dos y media de la madrugada, el reloj en la pared de la cocina marcaba el paso lento de la noche. Las luces tenues apenas iluminaban el ambiente, creando sombras suaves sobre los muebles. Caminaba lentamente hacia la cocina, buscando algo que calmará la sensación de vacío en mi estómago, como si la oscuridad misma hubiera hecho nido en mi interior. Los pensamientos me atormentaban, y aún así, la idea de quedarme en el cuarto sin hacer nada no me agradaba. Necesitaba movimiento, algo que distrajera mi mente de las tensiones y promesas que se acumulaban.

Al entrar en la cocina, me detuve de inmediato al verlo. Matías estaba allí, apoyado contra la encimera con un vaso de agua en la mano, mirando fijamente el contenido del vaso como si buscara respuestas en las pequeñas burbujas que subían lentamente. Estaba tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera me escuchó entrar.

-Hola-, llamé, haciendo que girara la cabeza hacia mí. No pude evitar una sonrisa burlona, el ambiente tenso de antes me parecía un tanto irreal ahora que todo estaba tan tranquilo.

- Milagro, no hicieron ruido -comenté con una risa baja, dejando que mi tono de burla fuera evidente.

Matías no pareció inmutarse mucho ante mi tono. No me sorprendió. Siempre había sido alguien tranquilo, incluso en los momentos más tensos, pero había algo en su mirada que decía mucho más de lo que su voz estaba dispuesto a decir.

- No la marqué, tampoco hicimos nada -dijo con calma, bebiendo un sorbo del agua, como si esa simple acción lo ayudara a organizar sus pensamientos.

Fruncí el ceño al escuchar sus palabras. No me lo esperaba, aunque una parte de mí quería creerlo. La relación entre él y ella siempre había sido complicada, pero sabíamos lo que ocurría entre ellos, o al menos eso pensábamos. Algo no encajaba.

- ¿Por qué? Según se, desde que se encontraron, lo hacen -pregunté, curiosa pero con una sensación de duda creciente. Sabía que había algo más, algo que no me estaba diciendo.

Matías permaneció en silencio por un momento, y pude ver cómo sus ojos se oscurecían ligeramente, como si pensara en algo lejano. Cuando por fin habló, su voz tenía un tono nostálgico, algo melancólico que no esperaba.

- No sé si volveremos, y si algo me pasa... quiero, por lo menos, que ella esté viva -su mirada parecía perdida, fija en algún punto indefinido de la oscuridad. Sentí un nudo en el estómago al escuchar sus palabras, un dolor sutil que me hizo pensar en todo lo que aún quedaba por delante, en todo lo incierto.

"¿Qué mierda estás diciendo?" pensé, pero no lo dije. En lugar de eso, reaccioné de manera instintiva. Le di un sape en la cabeza, con más fuerza de la que quizá pretendía, como si de alguna manera pudiera disipar esa atmósfera pesada que se había formado entre nosotros.

- ¡Ay, ¿por qué?! -se quejó, sobándose la cabeza, su tono quejumbroso tratando de restar importancia a lo que acababa de soltar. Pero no pudo ocultar la sombra de tristeza que flotaba en sus ojos.

-No... No digas eso.- Mi voz sonó firme, aunque una parte de mí estaba tan llena de incertidumbre como él.- Porque tú sí volverás con ella, es una promesa.- No sabía si esas palabras eran una verdad que me gustaría creer o si simplemente estaba tratando de calmar mi propia angustia. Pero no podía dejarlo ir con esa sensación. No podía.

Matías me miró entonces, sus ojos se agrandaron en un instante, y algo cambió en él. La preocupación se reflejó claramente en su rostro, un rostro que, por lo general, solía ser estoico, casi imperturbable. Pero ahora, estaba ahí, tan vulnerable como yo. Y por un momento, el mundo que nos rodeaba pareció desvanecerse.

- Dime que no morirás -dijo, su voz temblorosa y algo rota, como si temiera que al decirlo en voz alta, de alguna manera se hiciera realidad.

Lo miré fijamente, mis pensamientos corriendo a mil por hora. ¿Cómo podía decirle algo tan sencillo, pero tan complicado al mismo tiempo? La verdad era que no podía prometerle eso. No podía prometerle nada, porque en el fondo, sabía que no tenía control sobre lo que sucedería. El futuro era incierto, y la guerra que nos esperaba era peligrosa. Nadie podía asegurarse de salir ileso.

- Tal vez -respondí finalmente, mi tono algo más suave de lo que había esperado. Sabía que mi respuesta no lo tranquilizaría, pero ¿qué otra cosa podía decir? No quería mentirle, no quería darle falsas esperanzas. La realidad era que no estaba segura de nada.

Su cara fue un poema. La preocupación, el miedo, la frustración... todo se reflejó en su expresión de forma tan clara que me hizo sentir la pesada carga de lo que estábamos viviendo. No puedo prometerte nada, pero puedo prometer que lo intentaré pensaba, pero no lo dije en voz alta. En lugar de eso, traté de aliviar la tensión con una ligera risa, esperando que eso fuera suficiente para calmar el ambiente.

- Tranquilo, no te desharás de mí tan fácil -dije, forzando una sonrisa que no me convencía del todo. Trataba de hacerle ver que no debía preocuparse tanto, pero sabía que las palabras no eran suficientes. Además, morir no es una opción, necesito acabar con toda esta mierda y salvar a... Me detuve de golpe. Las palabras quedaron atrapadas en mi garganta, como si un muro invisible se hubiera levantado entre mis pensamientos y mi boca.

Matías frunció el ceño, y su mirada se tornó aún más intensa. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, como si acabara de comprender algo que yo había dejado sin decir. Lo supe de inmediato. Había entendido. Y no quería confirmarlo, no quería que supiera la magnitud de lo que había pasado, de lo que estaba por venir.

- Ya... -dijo apenas, su voz apenas audible. Fue un susurro, como si no quisiera que esas palabras resonaran en el aire. Asentí, pero no pude evitar sentir una pequeña punzada en el pecho al ver cómo su rostro cambiaba. Sabía que él también estaba comprendiendo el peso de lo que se nos venía encima.




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