Todo empezó de manera rápida, un caos absoluto que no pude prever. El sonido de los gritos, los choques de metales, los rugidos de criaturas sobrenaturales llenaban el aire, creando una sinfonía de terror y batalla. Eran más de los que esperaba... y eso que muchos de ellos estaban peleando a nuestro favor, lo cual era una ventaja, pero también complicaba la situación. Cada segundo parecía durar una eternidad, y el peligro se cernía por todos lados.
Mis chicos son muy poderosos, eso lo sabía, pero aún así, el número de enemigos era abrumador. Y más aún, mi beta, Yashio, luchaba ferozmente entre la multitud, sus ojos dorados brillando con una intensidad animal. A su lado, los demás guerreros de nuestra manada se batían con determinación, usando sus armas con maestría. Pero aún así, no podía dejar de preocuparme. Algo en mi estómago me decía que las cosas no estaban saliendo como deberían.
Por ahora, todos estaban peleando en su forma normal, puesto que la situación requería el uso de sus armas, de su entrenamiento, no de sus poderes. Eso me dejó una sensación extraña, como si estuviéramos limitados, como si el destino de esa batalla dependiera de algo más que la simple fuerza física.
En medio de la lucha, mi mirada se desvió hacia la multitud, buscando desesperadamente a Dereck. Desde que todo había comenzado, no lo había visto por ningún lado, y eso ya me estaba inquietando. ¿Dónde demonios está? pensé, mientras me giraba rápidamente, tratando de ubicarlo entre los cientos de peleadores. Pero no había señales de él. Había pasado casi media hora desde que la pelea estalló, y su ausencia me puso en alerta.
De repente, un movimiento brusco a mi izquierda me sacó de mis pensamientos. Un demonio se lanzó hacia mí, aprovechando que me había distraído por un instante. No pude esquivarlo a tiempo. Su cuerpo oscuro, como un resplandor rojo y negro, apareció frente a mí, y antes de que pudiera reaccionar, me empujó al suelo. ¡Mierda! exclamé, sintiendo el golpe en mi espalda mientras el demonio se abalanzaba sobre mí.
Mi espada cayó al suelo con un estruendo metálico, y el demonio, con una sonrisa maliciosa, me colocó algo en el pecho. El contacto del talismán era frío, y un ardor inmediato se extendió por mi cuerpo, como si la energía que normalmente corría por mis venas se apagara.
"¿Qué demonios es esto?" me pregunté, luchando por moverme, pero era como si algo estuviera anulando mis poderes. El talismán me mantenía inmóvil, incapaz de acceder a mi energía.
— Un talismán de anulación... —gruñó mi vampira, desde algún lugar cercano, su voz cargada de furia. La escuché con claridad a pesar del caos. — Lincy, su energía se apagó. Si eso sigue en nosotras, ella podría morir.
La ira en su tono era evidente, y yo sentí que mi corazón se aceleraba al escuchar esas palabras. Pero, antes de que pudiera reaccionar, el rugido de Karla llegó a mis oídos.
— ¡Mátalo! —rugió, su voz llena de odio.
No necesité pensarlo dos veces. Con un movimiento rápido, aproveché el impulso de la adrenalina para dar una patada directa al abdomen del demonio, enviándolo varios metros atrás. ¡Maldito! grité mientras me levantaba con velocidad. No podía perder tiempo. No ahora.
De un giro rápido, apoyé mis manos en el suelo, impulsándome hacia arriba.
"¡Toma esto!" pensé mientras giraba en el aire y, con una fuerza renovada, le di una patada en la cara al demonio que aún intentaba levantarse. El impacto fue brutal, pero no terminó ahí. Sin perder un segundo, recogí mi espada del suelo y, con una precisión mortal, le arranqué la cabeza de un solo corte. La sangre oscura brotó, tiñendo el aire y el suelo a su alrededor.
Pero a pesar de la victoria momentánea, el talismán seguía pegado a mi pecho, y la sensación de ardor no desaparecía. ¿Cómo me saco esto? me pregunté, mirando el objeto infernal que me quemaba la piel. Traté de arrancarlo, pero la fuerza que emitía solo me dejaba heridas superficiales.
Fue entonces cuando Amaya apareció, acercándose a mí rápidamente. Su rostro estaba tan preocupado como el mío.
— Alpha —dijo, su voz seria mientras me miraba. — ¿Eso? señaló el talismán en mi pecho.
Con una agilidad inhumana, se acercó aún más rápido, y sin dudarlo, disparó una de sus flechas. La flecha, cargada con energía pura, rompió el talismán con un sonido sordo, y este se encendió en llamas blancas, como si un fuego celestial lo estuviera consumiendo.
— Sangre de sirena —dijo ella, observando el talismán arder mientras se disipaba en cenizas. — Es un veneno poderoso para cualquier ser sobrenatural, y también es utilizado para romper hechizos en objetos materiales.
Me miró, y por un momento, vi algo de alivio en sus ojos.
— Gracias —le dije, con gratitud en la voz.
Pero justo cuando pensaba que todo se había solucionado, su rostro se oscureció un poco, y sus ojos se llenaron de preocupación.
— Cierto... el Luno... —habló, tensa, y eso me hizo estremecerme por un segundo.
— ¿No lo hemos visto desde que comenzó la pelea? —dijo, mirando por encima de mi hombro, sus manos listas para disparar una flecha más.
— Joder... maldije, mientras mi corazón comenzó a latir más rápido. Corrí con rapidez, buscando con la mirada a Dereck entre la multitud. Su aroma, que normalmente podía rastrear fácilmente, estaba ausente. Y eso me preocupó aún más. ¿Dónde demonios estás? pensé con desesperación. ¿Cómo lo encuentro?
— Puedo ayudar —dijo Lincy, con voz débil, apareciendo de repente a mi lado.
— No te sobreesfuerces —le respondí, deteniéndola con un gesto. Deja que tome el control por ahora.
Asintió, y sentí cómo la energía de Lincy se apoderaba de mi cuerpo. Mi cabello se tornó ligeramente blanco, y mis ojos brillaron con un resplandor plateado. Mis manos comenzaron a arder con una energía verde brillante que emergía de mi interior, y Lincy comenzó a murmurar palabras en un idioma antiguo que resonaba en mi mente. Sentí una corriente de poder recorrerme, y la luz verde se disparó desde mis manos, iluminando el bosque a mi alrededor.
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Editado: 15.07.2026