Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

Epílogo (parte tres)

Literalmente Dereck me bañó, me vistió y hasta me peinó. Habían pasado un mes más desde esa noche donde acabo todo al fin, y bueno, ayer uno una deliciosa ronda de sexo duro y sin piedad que me dejó adolorida. Ando puesta una camisa suya que me queda enorme, unos pantalones suaves de algodón y pantuflas de osito. Me siento como una niña pequeña… aunque también, extrañamente, me siento amada. Mimada. Protegida.

Ahora estoy sentada en la mesa de la cocina, envuelta en el suave aroma del café recién hecho, esperando a que Dereck me traiga el desayuno. Dijo que iba a consentirme hasta que estuviera mejor… y lo está cumpliendo al pie de la letra. Me ha desplazado de un lugar a otro cargándome estilo princesa como si fuera la cosa más frágil del universo, ignorando completamente las miradas sorprendidas —y algunas curiosas— de los guardias y los sirvientes de la casa. De hecho, por esas mismas miradas, les dio la semana libre a todos, excepto a los que cuidan afuera. Según él, “nadie tiene por qué ver a mi reina en bata”.

—Toma —dijo con una sonrisa suave, poniendo un plato frente a mí.

Panqueques esponjosos con mermelada de fresa. A su lado, otro plato con huevos revueltos y tocino perfectamente dorado. Y tres vasos: uno con leche fría, otro con jugo de naranja y otro con café caliente.

—Gracias —le respondí con una sonrisa tímida. Tomé el plato de los huevos, pero en cuanto el olor me golpeó, un nudo se formó en mi estómago y las náuseas me sacudieron sin piedad. Tapé mi boca con una mano, alejando el plato con la otra mientras hacía una mueca.

—¿Qué pasa? —preguntó preocupado, frunciendo el ceño.

Negué rápidamente, intentando no vomitar en plena mesa, pero el olor volvió a mí como una ola... no pude contenerlo. Ignorando el dolor de mis músculos adoloridos, me levanté de golpe y corrí al baño. Subí las dos tapas del inodoro justo a tiempo para vomitar.

Sentí las lágrimas en los ojos mientras mi estómago se vaciaba por completo. Dereck llegó enseguida, agachándose a mi lado. Me sostuvo el cabello con una mano y con la otra acariciaba suavemente mi espalda, en círculos lentos. Su toque era cálido y tranquilizador, como si solo su presencia pudiera calmar la tormenta dentro de mí.

Cuando terminé, bajé la palanca del inodoro y tomé papel para limpiarme la boca. Me sentía débil, confundida… ¿qué estaba pasando?

—¿Estás bien? —preguntó Dereck, pero antes de que pudiera responder, la voz de Lincy resonó fuerte y clara en mi cabeza, opacando todo lo demás.

—Estamos embarazadas —dijo con una emoción tan pura que me congeló en seco.

Mi mente se quedó en blanco por unos segundos. Todo el mundo parecía detenerse.

—¿Cómo es eso posible? —pregunté, apenas capaz de pronunciar las palabras.

—Somos trihíbridas —respondió ella, radiante—. Eso acelera aún más la formación de nuestro bebé. Por eso ya tienes los síntomas… nuestro embarazo dura solo tres meses y medio.

Me quedé en silencio, atónita. ¿Embarazada? ¿Yo?

Llevé una mano temblorosa a mi vientre aún plano, como si pudiera sentir algo… una chispa de vida, una presencia suave y diminuta. Miré a Dereck, que me observaba con atención, claramente sin entender lo que estaba pasando.

—Estoy… embarazada —susurré, aún en estado de shock. Luego lo repetí, esta vez con más certeza, con los ojos llenos de lágrimas—. Estoy embarazada.

Una sonrisa se extendió por mi rostro y las lágrimas cayeron sin control. Risas y sollozos se mezclaban en mi pecho. Era real. Era cierto.

—¿En serio? —dijo Dereck, y asentí.

Él rió, un sonido hermoso y puro que me llenó de alegría. Se agachó a mi altura y me abrazó con fuerza, con tanto amor que casi me desarmó.

—¡Seremos padres! —exclamó con emoción—. ¡Vamos a tener un cachorro! ¡Voy a ser padre!

Me tomó la cara con sus manos, besó mis labios con ternura, luego mis mejillas, mi frente, mi nariz… toda mi cara. Me hacía sentir adorada, como si fuera lo más sagrado que tenía.

—Estoy tan feliz… —susurró contra mi piel—. Seremos padres. ¡Tendremos un bebé! —se detuvo de golpe, como si una realización le hubiera golpeado de frente—. Oh, por la Diosa… voy a ser padre.

Solté una risa nerviosa ante su expresión. Luego sus ojos se llenaron de temor.

—¿Y si no soy un buen padre? —preguntó en voz baja, preocupado.

Tomé sus manos con las mías y le sonreí con ternura.

—Serás el mejor de todos —le aseguré—. No tengo ninguna duda.

—¿Pero cómo es posible? —repitió, aún procesándolo todo.

—Lincy me explicó que al ser trihíbrida, mi embarazo avanza más rápido. Solo dura tres meses y medio —le expliqué con calma.

Sus ojos brillaron. Su sonrisa volvió a florecer, pero esta vez fue más suave, más íntima.

—Te verás más que hermosa en el altar con esa pancita… —dijo tocando mi vientre—. Serás la novia y madre más sexy que exista. Estoy tan feliz… me has hecho el hombre lobo más feliz del mundo.

Sus palabras hicieron que más lágrimas se escaparan de mis ojos. Me miró con preocupación, pero le sonreí entre lágrimas.

—Eres el mejor… —susurré—. A veces siento que no te merezco.

Negó con la cabeza y me apretó las manos con firmeza.

—Eres lo mejor que me ha pasado. Te amo. No cambiaría nada de lo que he vivido si todo me lleva a este momento contigo… y con nuestro bebé —dijo con una sonrisa que se clavó en mi corazón.

Le respondí con un beso suave, largo y lleno de emoción. Sentía mi pecho subir y bajar, desbordado por la felicidad.

—También te amo —le susurré, apoyando mi frente contra la suya.

—Vamos, tienes que desayunar. Y eliminaré los huevos de tu menú. Ya vi que al bebé no le gustan —rió y yo asentí. Luego me cargó nuevamente estilo princesa, como si fuera lo más natural del mundo, y me llevó de regreso a la cocina.

—Este era el presentimiento que tenía —habló Lincy desde el link.

—¡Vamos a ser madres! —gritó Karla en mi mente, saltando de un lado a otro—. ¡Estoy tan feliz!




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