Mi Luna Roja ( Mas Que Simples Mitos )

Cuarto Extra

Ya hoy, por fin… era el día de mi boda.

Mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho, como si quisiera adelantarse a lo que estaba por venir. En mi vientre, mi bebé dormía tranquilo, con dos meses y medio de gestación. Solo faltaba un mes más… un suspiro, y lo tendría en mis brazos. Todo parecía un sueño.

Afuera, el mundo me esperaba.

Lucía, Matías, Elizeo, su mate Michell, mis amigos, los lobos de Dereck, sus padres, y la manada entera… todos estaban allí, esperándome. Había risas, murmullos emocionados, suspiros contenidos. Los ojos de todos apuntaban a la puerta tras la cual me encontraba, aguardando el momento en que yo saliera y caminara hacia el altar de la Diosa Luna.

No era cualquier boda. Era una unión sagrada, de esas que solo ocurren cada cierto tiempo, cuando dos almas escogidas por la Luna se encuentran y deciden caminar juntas. Y ella misma, la Diosa Luna, bajaría para casarnos. Así lo hacía siempre con sus lobos rojos y azules.

Tomé una profunda bocanada de aire, tratando de calmar los nervios que hacían cosquillas en mi estómago. Acaricié suavemente mi vientre, como si con ello pudiera compartirle a mi hijo la emoción que me embargaba. Luego, cuando la música comenzó a sonar, crucé el umbral.

Y allí estaba él.

Dereck.

Hermoso como siempre, pero con una luz especial en los ojos. Vestía un elegante esmoquin azul y una corbata roja que resaltaba su esencia de alfa lobo azul con un toque de pasión. Ai, su madrina de bodas y mi amiga, estaba a su lado con un vestido azul de rodilla adornado con pequeños detalles rojos que la hacían ver etérea. Del otro lado del altar, mi beta Yashio lucía un esmoquin rojo y corbata azul. Todos habían decidido ir combinados, como si el destino los hubiera vestido para honrar esta unión. Y aunque al inicio me resistí, no pude con trece contra una.

Mi vestido era blanco, largo, vaporoso… parecía flotar conmigo.

Tenía un escote estilo barco que dejaba mis hombros al descubierto, adornado con un volante bordado con hilos florales que acariciaban mis brazos. La falda, decorada con encajes que bailaban con el viento, caía como un río de seda sobre el césped. La tela se ceñía a mi pancita de una forma tan dulce, tan delicada, que parecía abrazar la vida que crecía en mí. No escondía mi embarazo, lo celebraba. Me sentía radiante, vulnerable, maternal… y completamente feliz.

Cada paso hacia Dereck era un latido más fuerte, un eco en mi pecho que decía “ya casi”. Cuando llegué frente a él, vi a su madre llorando mares, mientras su padre la consolaba con ternura. Solté una risa suave, entre nerviosa y conmovida.

—Gracias por esperarme —le dije a Dereck cuando me tendió la mano.

Él sonrió, esa sonrisa que siempre tenía el poder de tranquilizarme y al mismo tiempo hacerme sentir mariposas.

Le pasé el ramo de rosas rojas a Yashio y subí a la pequeña plataforma. Todo se volvió más silencioso cuando la música se apagó… y entonces, una luz cegadora descendió desde la Luna misma.

Fue como si el cielo se abriera.

Una figura femenina, de cabellos blancos como la nieve y ojos grises como la niebla, descendió suavemente. En su mejilla brillaba una media luna, resplandeciente. Era la Diosa Luna. Todos se arrodillaron con respeto.

—Me alegra verte de nuevo, Dereck… o debería decir Oshin —dijo con una sonrisa.

Ambos reímos, al igual que nuestros amigos.

—Bueno, es un gusto ver que al fin tienes tu final feliz —me dijo a mí, con una calidez que me hizo casi llorar—. Hijos míos...

Pero fue interrumpida por una voz inconfundible.

—Tan dramática como siempre —dije entre risas, girando la cabeza—. Hola, Mirna.

—¿De verdad creíste que me perdería tu boda? —respondió con una sonrisa pícara.

Venía acompañada de mi tía, lo que me hizo casi saltar de emoción.

—¡Tía! —exclamé feliz.

—Aprovechando que te veo y que quizá no nos veamos en un tiempo… —dijo Mirna, girándose hacia la Diosa— Madre, te presento a mi mate, ella es Terra, la tía de Camil.

—Un gusto, Diosa Luna —dijo mi tía haciendo una reverencia elegante.

La Diosa rió suavemente.

—El gusto es mío. Hija… deberías dejar de interrumpir ceremonias. Si llegaras puntual, nos ahorraríamos estas molestias.

Todos rieron suavemente, y entonces ella retomó su papel sagrado.

—Esta noche he venido a unir a Carolina Díaz, alfa de la manada resurgida Blood Black y de los lobos de Luna Roja, con Dereck Rillis, alfa de la manada White Moon y de los lobos de Luna Azul… en sagrado matrimonio.

Mi sonrisa se volvió más grande, mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Es todo un honor unirlos como mis hijos, para que se amen, se cuiden y se protejan uno al otro por el resto de sus vidas —dijo mientras tomaba nuestras manos—. Yo, como su madre y como Deidad de todos los licántropos, los uno en matrimonio. Que se amen eternamente… en esta vida y la siguiente.

La emoción me embargó.

—Lucharán juntos contra los obstáculos de la vida, y siempre saldrán adelante con su amor. Nada será lo suficientemente fuerte como para separarlos… —siguió, dibujando una luna menguante en la palma de mi mano y luego en la de Dereck—. Su amor es tan poderoso que sus almas regresaron de vidas pasadas para estar juntas. Han vencido el destino, con la ayuda de sus amigos y su familia.

Unió nuestras manos. Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo y sentí la marca arder con un calor dulce.

—Por el poder que tengo como su madre, y deidad entre los campos celestiales, los declaro larido y mujer. Dereck, puedes besar a la novia.

Y lo hizo.

Nuestros labios se encontraron como si el universo entero hubiera estado esperando ese momento.

—Lo que esta noche ha sido unido… que nada los separe. Ni el tiempo, ni la distancia, ni la adversidad. Ni siquiera la muerte —concluyó la Diosa.

Los aplausos estallaron, los silbidos, los vítores. Nos separamos apenas para respirar y Dereck apoyó su frente contra la mía.




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