20:04
Inglaterra
Mi mirada se aconstrubaban a algunas luces, avía echo cierto bullicio en el avión, todos con su maleta de equipaje haciendo la fila para salir de lugar, mi padre se estaba preparando para hacer parte de la fila...
20 minutos despues.
-¿Crees que madre se alegre al vernos?- pregunté miestra miraba las luces tenuas de la ciudad, la casa de mi madre quedaba ciertamente lejos, alejada de toda civilización.
Mire a mi padre en busca de una respuesta, su mirada reflejaba no saber qué responder al respecto, siendo sincera la última que vi a mi madre fue en mi séptimo aniversario y la última llamada que recibi desde que estoy con mi padre, fue un día antes de mi cumpleaños.
Aquella llamada solo había sido de dos minutos, era deprimente y decepcionante, mi madre siempre fue la mujer de carácter fuerte, una mujer la cual fue enseñada y educada de una manera muy retrógrada, ciertamente, nuestra comunicación no era de las mejores, y supongo que acasusa de eso mis padres se separaron y nuestra ralacion se crevro.
Puedo decir que me sentía culpable, culpable de la separación de mi padres, cumplable de no ser la chica buena, se la chica que su meta seria conseguir un esposo, cuidarla, tener hijos y sostener una casa yo sola.
Lo se...
En pleno siglo 21s mi madre conservaba estas costumbres, sinceramente no era la única, la mayoría de las personas compartía ese tipo de pensamientos, pero quien podía corregirlo y trata de hacerlo, era más fácil tratar de peinar un coco.
-Tu madre... Seguro que se alegrara de verte- hizo una pausa -Hace más de once años que no te ve... Se que se alegrara, ya sabes como es. No es tan emotiva— comprimir mis emociones, por alguna razón sentía un gran nudo en el estómago, era nerviosismo, cansancio, hambre o solo era el echo de que hace mucho no mira a a mi madre, y hacer esto de nuevo era totalmente una cambio de giro de 360°, solso queria mantener la paz entre nuestra. Querida familia.
-¿Cuanto será?- pregunto mi padre hablando con el chófer, mientras esperaba con las pocas maletas.
Miraba la casa donde pase mi Infancia, la casa en donde naci y crecí, bueno una parte de mi infancia... ¿Por que veía todo igual? Se sentía como si nunca me uviera ido, como si aquel arbusto o esa maceta nunca hubiera sido movida o pobada.
Mi curiosidad no se hizo esperar al ver las casas que por casualidad era todas iguales, alguna que otra tenía algo que la distinguía, como macetas o en su mayoría secas, suponía que era por el crudo invierno que se asomaba.
Al paso de dos minutos las puertas se abrieron dejando ver a una mujer de avanzada edad, su pelo negro color carbón hacia que resaltarán las lineas de pelo color balco, aparte de eso, todo estaba en su lugar, no avia nu una ebra de cabello fuera. En en su rostro se podía ver claramente el cansancio, las arrugas alrededor de sus ojos y boca, también se podía ver el descuido que está tenia, su piel estaba seca y llena de manchas marrón que se podían pasar como pecas, y no podía faltar las misma expresion sería y sin emociones, su vestido que llegaba mas por debajo de la rodilla, con media veladas color piel, sus pequeños tacones bajos negros, y lo único que decoraba su cuello era un collar de cruz de oro.
-Te extrañe...- sin imaginar, mi madre se abalanzó sobre mi, enrollandome en un enorme abrazo.
Por que en mi corazón se sentía que esto no era un abrazo con ese sentimiento de alegrarse al ver a tu hija... talvez deliraba.
Mis manos rodeaban sus cuerpo, la apreté contra mi cuerpo, uniendo mi rostro en el hueco de su cuello, aspirando su aroma a pan recién echo, y el olor de madera.
-También yo- respondí casi contenido las lagrimas.
Mi madre se separó de mi, para luego analizar me con la mirada, en sus ojos no se mostraba casi nada de emoción, me escaneaba como una máquina, observaba como siempre que estuviera siempre presentable, había tratado de arreglarme los más a su gusto posible, mi pelo estaba recogido en una coleta baja sin una ebra de pelo suelta, nisiquiera pensé en maquillaje, seguro eso, ella lo detestaria, con un vestido largo hasta la rodillas color negro.
Mi padre, estaba aun lado mio, observado la ecena sus ojos estana puestos en mi madre, no sabia reconocer a que se debia esa mirada, estaba, no se si era sus recuerdos cuando heramos una "familia" en mis recuerdos, no éramos los que salíamos a jugar a la pelota, mi madre controlo cada aspecto durante mi crecimiento, nada de juegos, estudios intensos, y una prectica obligatoria de un instrumento, para mi esto er como una dictadura, para mi madre era la forma correcta de crianza.
Eso implicaba no dejarla jugar con los otros niños del pueblo, al paso que iba, mi madre estaba controlando su mente, hacia ver las casas de una manera muy retorcido e ilógico, inventaba el mal donde no lo habia.
—¡Hola Camila! También te extrañe— interrumpió mi padre, creado que mi madre arrugara su rostro en forma de mal gusto, sin decir nada se dentro a la casa, dejándonos a nosotros solo.
—La hiciste enfadar— dije conteniendo la risa, mi padre y madre eran más que el Yin y el Yang. Era una relación complicada, mi padre, se podría decir que era el comediante de la familia, es abierto y relajado, sin embargo mi madre era más de mantener la postura, mantenerse cerrada ante todo inpulso "infantil" y de mal gusto, ser educada lo más posibles.
Nisiquiera sabia como fue que llegaron a enamorarse... Hasta pensaba que nunca lo estuvieron.
Las horas pasaban, siendo más que suficiente para instalarme en la misma habitación de mi niñes, parecía que nada avía sido movido, aun que todo estaba limpio, todo seguía igual, la cama, los peluches viejos y anticuados sobre la cama, el pequeño ropero color azul celeste donde se mantenía intacto los dibujos que hice de niña.
—Emily..— la voz de mi madre a mis espaldas me sacaron de mi trance.
—Dime, ¿pasa algo?—