Mi primer día aquí, solo pude llorar, nadie vino, ni siquiera para almeno traerme algo para comer, pero creo que solo esta cumpliendo lo que dijo.
"Sin comer y sin agua.."
Como alguien puede ser tan cruel contigo, si su plan es matarme, porque no lo hace de una buena vez, por qué no simplemente clava un puñal junto en mi corazón o yugular y que me deje morir simplemente.
No lo esperaba ver, no esperaba verlo traer comido ni a él ni a sus empleadas, la única persona que esperaba ver hoy era mi padre, al menos, solo un poco, al menos solo por unos momentos, simplemente estar con él, tener su abrazo y comer su dulce pastel de maíz. Deseaba con todo mi corazón.
Estar aquí era como tener una pesadilla, quería despertar con solo un abrir y cerrar de ojos, con tan solo un pestañeo, casi al instante, mi vida fue demasiado corta para que solo terminara así, encerrada como si fuera un criminal.
Mi cabeza dolía, revolvía mi cerebro solo de pensar en que había pasado ayer, no comprendía, los recuerdos seguían vagos, seguía sin sentido, sin pies ni cabeza, mi vestido que hace unas horas era nuevo ahora estaba completamente sucio, y en algunas partes rasgado.
Dormir en el piso, me había acostumbrado, mi pelo estaba grasiento y lleno de mugre, estar tanto tiempo si la luz, me acostumbre, había explorado mas la celda en la que estaba, solo pude encontrar la mitad de una vela, ya era algo, ahora mismo era la única compañía que tenía, sin mencionar las ratas que escucha, y sentía rozar las plantes de mi pies.
Tome la vela en mis manos, jugando con ellas entré mi dedos, de ves en cuando pensado en como la podría prender, pero era estúpido, inútil.
Fuertes pisadas que me hicieron levantarme, la luz de una antorcha, deslumbraba, las sombras se movían despacio. Haciéndose cada vez más grande que se acercaba, me pegué lo más que pude en la esquina, sin esperar que alguien se acercara a mi.
Sin que lo esperara era él, aquel hombre que seguía sin conocer su nombre, su cuerpo, limpio, pulcro, imponente, y esa mirada que desafiaba a todo aquel que pasaba por su lado, una mujer aun lado de él, con una charola de plata y comida?!. El olor llego a mi tan rápido, que provocó que mi estómago sonara.
—sigues viva... me sorprende— esa soberbia que desprendía con cada palabra que salía de su maldita boca.
No respondí, solo me quedé en mi esquina, ahora que por fin veía la luz, mirando la mala condición que había en la celda, podía ver con más claridad mis brazos, y todas las marcas de suciedad que tenía en todo mi cuerpo.
—Aún no cambias de opinión— no respondí, solo me limitaba a no quitarle la mirada de encima.
Me daba cuenta que se irritaba si no respondía a sus preguntas, abrió la puerta con solo moviendo su mano, me asuste, entre las paredes, para simplemente no estar cerca de él o no respirar el mismo aire que él.
Sus ojos estaban a mi altura, sin decir nada, solo se quede mirándome fijamente por unos minutos, su mano fue a mi rostro, rozando suavemente mis mejillas, su delicadeza un gran contraste de cómo fue la persona que me trajo aquí.
Acaso sufría ataques de bipolaridad.
—Creo que deje claro que me respondiera. — dijo suavemente, como si solo fuera para nosotros dos —no hagas las cosas más complicadas, solo dilo y olvidaré todo— dijo dulcemente, esas palabras qué te diría algún allegado para reconfortante el corazón, era como si no fuera las mismas personas.
Solo por un momento había ablando algo, o solo era la debilidad que tenía , el hambre y ahora mismo moría por tener algo para comer, pero era su culpa de que no pudiera ver a mi padre.
—Quiero ver a mi padre.. Señor— susurró, casi inaudible, haber estado encerrada, por no se cuanto tiempo, siento que había olvidado hablar, mi garganta se encontraba seca y raspaba solo al hablar.
No me dijo nada, solo se me quedó mirando fijamente.
Rozó la palma de su mano en mi mejilla, acariciándola lentamente como si buscará consolarme.
—no puedo hacer eso..—
Estaba su consuelo vacío.
—Al menos podré saber tu nombre..— se quedó pensando unos minutos, aun sin quitarme los ojos de encima.
su mano fue a la parte de atrás de mi nuca, atrayéndola hacia él quedando a unos centímetros de su cara, mi corazón latía con fuerza, sus ojos desprendía una fuego, como un pozo de lava era hipnóticos pero peligrosos.
Me quito las manos de encima, al mismo tiempo que se ponía de pie, y se alejaba de mí hasta cerrar la puerta.
—llámame Eliot— dijo de último para irse, al igual que la mucama.
Me quería morir ahora mismo, las tripas me dolía al igual que la cabeza, y los mareos eran fuertes y constante, al cabo de las horas o días, solo podía dormir era la único que podía hacer en este lugar, eso solo pensar en mi padre, y hablar para mi misma y con una vela que tenía una carita que había tallado con mis uñas.
Mi pelo avía perdido su color, ya no era blanco era negro, al igual que mis uñas, y mi piel.
El día había pasado, solo sabía que ese tal Eliot era un maldito cruel hijo del diablo, todo esto era su culpa, su maldita culpa..
Quería llorar y gritar de la impotencia, pero nada de eso serviría, moriría de todas maneras, de la manera más humillante y cruel, por que me pasaba esto "¿Acaso fue mi culpa todo esto? ¿Mis padres me extrañaron?".
Mis lágrimas fueron cayendo lentamente por mi mejilla, tenía los ojos cerrados, mientras jugaba con la vela, hasta haber caído dormida.
.
.
.
Me desperté asustada, sintiendo mi respiración a mil, estaba esperando que todo esto había sido solo un simple sueño, mis esperanzas fueron rota, el miedo se apoderaba cada vez de mi, sentía tanto miedo y ira, no sabia ni siquiera que hacer, con rabia me apoyé mis manos en cada barrote, siento lo aún más frío, cerré mis ojos con fuerza, deseando desde los más profundo salir, este sentimiento salía con fuerza.