LA CAÍDA DE UN DIOS
Eiden alguna vez caminó entre los dioses.
Su nombre era pronunciado con respeto y temor en los cielos, hasta que la traición lo despojó de todo. Los dioses le arrebataron su divinidad, rompieron su corona y lo condenaron a la peor de las humillaciones, vivir entre los humanos.
Aquello no era misericordia.
Era castigo.
Desde entonces, Eiden vagó entre un mundo que despreciaba, ocultando su identidad y alimentando un rencor tan antiguo como su caída. Para él, los humanos eran criaturas frágiles, egoístas y pasajeras, indignas de la compasión que los dioses fingían defender.
Pero detrás de su odio existía una verdad que nadie conocía.