Mi Maldita Bendición.

Prólogo

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Cuando la luz se oculte bajo el manto de la noche, una chispa de diversión despertará en la esencia celestial. La luna en su apogeo brillará y de su luz derramada nacerán criaturas sin igual. Entre sombras y penumbras, criaturas de leyendas tomarán forma. La Diosa, en su vigor de desobediencia al sol, contemplará a su estrella favorita brillar, y en sus ansias de caos la bendecirá, rociada en polvo del cosmos y bañada en una lágrima lunar. La estrella, ahora tan radiante como el sol en su máximo esplendor, y tan poderosa como su creadora, descenderá al espacio terrenal para desatar el caos y traer libertad. Al cielo desafiará y a la oscuridad dominará, su nombre resonará por toda la eternidad y a la Diosa divertirá.

...

Bajo la penumbra de la larga y solitaria noche, en un bosque de mala muerte y almas perdidas, el graznido de un ave retumba sobre la vieja madera de los árboles, acompañado por el revoloteo de otro animal. Entre aquellos inmensos árboles de roble, un cuervo y un búho se enfrentan. Enemigos naturales, como el día y la noche, como la luz y la oscuridad. El cuervo, malherido, lucha por sobrevivir al ataque del fiero depredador de enormes garras. El búho pelea por la rebeldía de su presa. El pequeño cuervo, abandonado por su bandada, perece ante el brutal ataque del búho, quien, en la oscuridad del solitario bosque, devora a la pequeña ave.

La luna, en lo más alto del vasto cielo, es la única testigo de la voraz pero natural acción del búho, dejando a la Diosa fascinada ante su natural violencia, ganándose el respeto de la figura celestial.

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En el texto hay: brujas, magia brujos, fanasia

Editado: 08.03.2026

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