Mi mejor amiga.

Escena y fuera.

Alenda. 🍊

Una vez que Sandra se retiró de la casa, el ambiente se tornó silencioso.

Xiomara fue la primera en salir de su escondite, tenía la mirada más oscura que lo usual, como si hubiera pasado algo que se habría escapado de su control.

Al escuchar el sonido de la chapa abriéndose decidí salir yo también, aún tenía el corazón latiendo incontrolablemente. Mi mirada asustada se encontró con un par de ojos llenos de frustración contenida, la delegada me observó de arriba a abajo, como si quisiera buscar algo; al no encontrolarlo, se volteó rápidamente.

La sala yacía con la luz apagada, con la televisión sin transmitir ningún canal en la pantalla y la mesa vacía. Era difícil de pensar que tan solo hace unos minutos atrás estuviéramos realizando una tarde de chicas.

Caminé con pasos inseguros, sin aceptar que había tenido a Sandra tan cerca y no había podido hablarle sobre lo que había sucedido el día anterior en la noche. Quería arreglar las cosas con ella, quería volver a ser unida a ella.

De repente, el sonido de la puerta chocando con la pared me hizo soltar un grito ahogado, me volteé solo para encontrarme con Xiomara ingresando nuevamente a los servicios higiénicos y saliendo con la ropa que llevaba Naomi antes de irse. Ella se quedó unos segundos viendo el conjunto antes de ir hasta la habitación de Sandra y tirar las prendas sobre su cama. Aquello fue como un golpe para mi corazón, el solo pensar que Sandra era tan íntima a Naomi como para presentarle su ropa me dolió.

Ni siquiera podía ver el rostro de la delegada, la oscuridad que inundaba la habitación no me lo permitía. Así que solo atiné a ver su figura yendo de un lugar a otro, como si quiera encontrar algo valioso. En ese momento no me deteni en pensar lo extraño de su actitud, estaba absorta en el dolor que sentía en el pecho.

Pasado unos minutos, Xiomara salió de la casa, la seguí sin saber qué más hacer. Ella cerró la puerta con una delicadeza tan sutil que no emitió ruido alguno, su mandíbula estaba tensa, pero de alguna forma había logrado controlar sus emociones.

Aquello me generaba envidia, yo también quería ser capaz de hacerle un pare a mis impulsos.

"No deberías dejarte llevar por los sentimientos, eso es para la gente débil" murmuró, acomodándose las gafas "Los sentimientos son variables impredecibles que arruinan la eficiencia de una persona" continuó, todo dicho sin dirigirme mirada alguna.

Luego se retiró del lugar, sin despedirse, ordenando un taxi por aplicativo, o tal vez pidiéndole a su chófer que viniera a recogerla.

No respondí.

No podía responder.

No quería responder.

¿Acaso ella había descubierto mis sentimientos? ¿Acaso ella entendía mis sentimientos?

No lo hacía.

Nadie lo hacía.

Ni yo misma podía entenderme.

Suspiré resignada, sacando mi celular del bolsillo. Tan solo prendí la pantalla y me di cuenta que no tenía ninguna notificación, ni de mis padres, ni de Sandra.

El dolor en mi pecho solo se intensificó, logrando dificultar el respirar. Me mordí el labio inferior y caminé hasta el paradero, no quería continuar con el dispositivo tecnológico para pedir un uber.

Las calles parecían tan llenas de vidas, totalmente opuestas a cómo yo me sentía. La noche apenas empezaba, recién algunas señoras salían con sus carretillas, con comida que olía deliciosa, pero que no me levantaban el ánimo. Subí al primer carro que vi, pagué con una moneda de cinco soles sabiendo que el pasaje era menos, no me importaba.

Me senté en el asiento de al fondo, recostando mi cabeza con la ventana del transporte público. No fui lo suficientemente fuerte para aguantar mis incontrolables ganas de llorar, por lo que terminé dejando que mis lágrimas resbalaran por mi mejilla.

Aunque estaba vez era diferente, de forma extrala había un alivio por tener que retener mis emociones.

No sabía en qué momento había vuelto a sentirme atormentada, tal como en mi antigua escuela. La diferencia era que esta vez las causantes no eran mis compañeras, era una chica, una sola chica que tenía toda la capacidad de que tan solo una pequeña acción suya provocará mil reacciones en mí.

Que pesar.

Ni bien visualice las calles cerca de mi casa bajé por la puerta trasera del vehículo, sin ser capaz de levantar la cabeza. Me daba vergüenza que otras personas me vieran en ese estado tan lamentable.

Agradecí que las luces estuvieran malogradas, lejos de infundirme miedo como que otras ocasiones, me daba un espacio para no estar expuesta. Caminé en paso lento a mi casa, con mis pies arrastrándose y sin ganas de nada.

¿Por qué en las películas pintaban el enamorarse cómo algo lindo?

Era totalmente desvastador.

Si fuera otro día no hubiera dudado en salir a pasear al parque, pero ese día solo quería encerrarme en mi casa.

Intentando recuperar la calidez de mi hogar.

No me molesté en prender las luces una vez que entré a mi casa. Solo atiné a dirigirme a mi cuarto con la opresión en el pecho disminuyendo, finalmente, esa habitación de paredes blancas se había vuelto mi lugar seguro.

Me eché a la cama aún con el uniforme escolar puesto, solo me saqué las zapatillas y me envolví en la frazada, abrazando a mi peluche de hipopótamo morado.

Estaba algo angustiada.

En ciertas ocasiones no valía la pena hacer algo, puesto que tampoco quería que Sandra tuviera que lidiar con todo lo que a veces me abrumaba.

Y sin embargo, sabía que si seguía volviéndome más cercana a Sandra terminaría diciendo algo que no debería, terminaría haciendo el ridículo en frente de ella. No debía estar siempre a su lado, eso solo haría que todo se volviera un absoluto desastre.

Porque alguien tan genial como ella merecía estar con una persona de su nivel. Con alguien capaz de enfrentar los problemas y no huir de las situaciones, con alguien que fuera sociable y amigable con los demás, con alguien que siempre viera el lado positivo de las cosas y tuviera un humor estupendo.



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En el texto hay: chicaxchica, lesbianas, saga

Editado: 17.02.2026

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