Mi mejor desición.

~Capítulo58~

Dos semanas después, mi familia y yo junto a mis suegros y los hermanos de James viajamos rumbo a Italia, a bordo del avión privado de Federico.

Los padres tienen una propiedad en Verona.

Mientras James leía unos documentos en su laptop y yo tecleaba varios informes que me había enviado Clara y les hechaba miradas a mis porotitos pequeños, una de las azafatas se nos acercó dedicándole una sonrisa coqueta a mi prometido, cosa que me disgustó, ya que yo estaba sentada a su lado y nuestros hijos estaban delante.
-Aquí tiene señor Gonzalez. -La azafata le tiende una taza de café sin borrar esa sonrisa y quedándole.
-Gracias. -James la toma, pero casi no la observa- ¿Cariño quieres tomar algo? -pregunta al ver que la azafata no me ofreció nada. 
La mujer se nos queda viendo a uno y a otro alternadamente. Es evidente que es nueva y nadie le informó que su jefe estaba comprometido y tenía mellizos. 
-Quisiera un jugo de naranja solamente, gracias. -Digo con una sonrisa fingida.
-En... En seguida. -La mujer gira y se vuelve por donde vino desapareciendo detrás de las cortinas. 
-¿Celosa? -preguntó James sin siquiera levantar la vista de la pantalla de su computador. 
-Algo. -Aún me sorprende que me conozca tan bien- No me gusta que se te queden viendo como si yo no existiera y peor, que mis hijos no existan.
-Tranquila, sabes que yo no tengo ojos para nadie que no seas tú y nuestros mellizos. 
-Lo sé amor, pero aún así me incomoda. -Contesto una vez que la azafata se alejó luego de tomar el vaso que me tendió, pero ya no le dedicó sonrisas a James, parecía más bien... ¿Desilucionada? Quedé satisfecha con su expresión, que aprenda a no mirar hombres ajenos.

Después de una hora llegamos al aeropuerto, salimos del túnel y nos dirigimos al mostrador para hacer el check-in. Luego de que nos revisaron los pasaportes, James junto a su padre fueron a alquilar dos coches para movernos durante la estadía. 
Guardamos las valijas en el maletero, el coche para poder movernos con los bebés y nos pusimos en marcha. Desde el aeropuerto hasta la propiedad teníamos un trayecto bastante largo, cada paisaje que pasábamos era uno más lindo que el otro.

Al llegar a la "pequeña" propiedad como la describían los padres de James casi se me desencaja la mandíbula. Ya con la mansion que tienen en Barcelona me lo debería haber imaginado. Era una gran estancia, con hectáreas y hectáreas de prados verdes. La familia de James si no hacía las cosas en grande no eran ellos. 
-Ya veo a que se refería tu mamá con "Pequeña". -Digo sin poder despegar la vista de la gran casa- Esto es un palacio James. 
No sé por que de pronto me sentí perturbada.
-Ya conoces a mis padres, ellos no hacen las cosas a medias. Dice acercándose a mi oído y provocándome un escalofrío que me recorrió toda la espalda.

Entramos adentro de la casa de dos plantas, y James me guió escaleras arriba hacia un pasillo en la cual había habitaciones a ambos lados. 
Entramos a una hacia mi derecha, era bastante amplia con baño interno y al fondo había un ventanal desde el cual se podía ver la ciudad completa.
-¿Te gusta la vista que tiene? -me pregunta James al ver que me había acercado a ver por a través del vidrio.
-La verdad que si. -Digo volviendo mi rostro hacia él con una sonrisa en mis labios. 
-Por eso elegí el dormitorio principal. -Dice acercándose- Sabía que te gustaría la vista.

Luego de cambiar y alimentar a los bebés, James y yo nos pegamos una ducha y bajamos a almorzar junto al resto que al igual que nosotros ya se habían instalado en las demás habitaciones.

Almorzamos en el jardín trasero ya que hacía un día agradable. La larga mesa estaba ubicada debajo de un parral, de la cual colgaba granes racimos de uvas. El dulce aroma de la fruta flotaba en el aire. 
-Tienen una hermosa estancia. -Digo.
-Gracias Lau. -Responde Ana- Era de los abuelos de5 mi marido.
-La verdad es que es hermosa, se nota que está llena de historia.
-Más tarde si quieres podemos ir con los niños a recorrer la ciudad. -Se suma James a la charla.
-Me encantaría cariño. Me gustaría visitar la casa de Julieta Capuleto. 
-Dalo por hecho amor. -Responde mi prometido.
-Si quieren pueden dejar a nuestros nietos, queremos aprovechar de pasar tiempo con ellos.
-¿Qué dices cariño? -me pregunta James, sabía que me costaba apartarme de mis bebés. 
-Si cariño, de paso aprovechamos a pasar tiempo entre nosotros. -Respondo con una sonrisa- Cualquier cosa si llega a pasar algo nos avisan. -Esta vez les digo a mis suegros.
-Si, quedense tranquilos. -Me tranquilizó mi suegro. 
Luego de organizar nuestra tarde, seguimos conversando.

Dos horas después de almorzar, ingresamos a la casa para comenzar ampreparar todo lo que necesitaríamos para nuestro paseo. 
Una vez que me metí en el cuato, me cambié de ropa por unos shorts, una remera celeste y mis convers blancas ya que hacía calor. Luego de colocarme perfume, tomé mi mochila y metí un buzo por si más tarde refrescaba, unos lentes de sol y mis documentos. Cuando salí del cuarto y bajé las escaleras, dejé a James alistandose.

Cinco minutos después James aparecía al final de la escalera, vestido con jeans, una remera la cual se le ajustaba a la perfección en su cuerpo tallado y unas zapatillas. 
Luego de despedirnos de los mellizos y se los dejamos al cuidado a Ana y Federico para comenzar nuestro recorrido. 
Salimos a la calle, James me abrió la puerta del copiloto para que pudiese ingresar al carro. Una vez instalada, cerró la puerta y dio la vueta para instalarse en su lugar. 
James arrancó el auto y nos comenzamos a deslizar por las calles.

Cuando llegamos al centro, bajamos del auto y después de cerciorarse de que había hechado seguro y alarma al auto, James me tomó de la mano para empezar a caminar un poco. Como Verona era bastante grande, decidimos visitar varios lugares por día. 
Lo primero de nuestra lista fue ir a la casa de Julieta, al llegar nos topamos con un centenar de turistas.
La casa es un un museo, el cual es visitado cada día por turistas de diferentes partes del mundo.
Mientras observaba la arquitectura, me fije que una señora entrada en edad, escribía algo en una pequeña hoja, luego la doblaba y la colocaba en una hueco en la pared. Al girar su cabeza notó que yo la estaba mirando y me regalo una sonrisa. 
-Bella regazza ¿vuoi escribirle a Julieta? -dice la mujer extendiendome la lapicera que hacía solo unos segundos atrás estaba utilizando y un papel.
-Oh, molto grazie. -Digo devolviéndole la sonrisa amable y tomando ambas cosas. Al mirar a James se me queda mirando estupefacto.
Luego de escribir una breve nota, la deposité  en el muro y me giré hacia James y la amable señora. 
-Molto grazie di nuovo. -Sonrío de nuevo.
Luego de despedirnos de la señora nos quedamos sentados en un banco en una pequeña plaza que se hallaba en el lugar. 
-No sabía que hablabas italiano. -Dice James mirándome a los ojos.
-Cuando era chica mi abuelo me enseñó y luego tuve en la secundaria. 
-Eso lo explica todo. -Dijo riendo- ¿Qué te parece si seguimos con nuestro itinerario?
-Si cariño, vamos. -Respondo poniéndome de pie junto con él.
Subimos al auto de nuevo y nos pusimos en marcha.




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