Mi mundo.....eres tú

CAPÍTULO 7

Nuestra noche de bodas fue mágica. Por fin pude tener a Chary para mí solo toda la noche. Tenerla durmiendo entre mis brazos fue la sensación más maravillosa del universo. Nos amamos y eso era lo único que nos importaba, lo demás no existía.

Al otro día, comenzaba nuestra luna de miel. Decidimos tomarnos una semana para conocer la provincia a profundidad. Para Mark fue una estupidez quedarnos allí mismo en la ciudad, pero para Chary y yo no lo era. Ninguno de los dos conocía la provincia. Chary había llegado solo hacía un par de meses y los dedicó exclusivamente a la preparación de su restaurante por lo que ni tiempo había tenido de recorrerla. Yo por mi parte, cuando me fui a vivir con Shota, mis salidas se limitaron siempre solo a los alrededores, nada muy alejado en caso de cualquier cosa. Tampoco conocía muy bien la provincia y ansiaba recorrerla junto a mi Azulita.

Los primeros días fuimos a diferentes sitios populares entre los turistas, por ejemplo, al Faro de Tsunoshima. Cruzamos a la pequeña isla que lo albergaba por el largo puente del mismo nombre y disfrutamos de una romántica y hermosa vista desde la parte superior de éste. Al volver por el puente, admiramos las aguas cristalinas que rodeaban el lugar y nos vimos tentados a darnos un buen y cálido baño en una de sus playas. También disfrutamos de las exquisitas aguas termales típicas de la zona.

Sin embargo, lo que más hicimos fue conocer lugares históricos. Chary se empecinaba en recorrer aquellos sitios porque decía que sus hermanas y sus cuñados los habían recorrido y ella quería conocerlos también. Entre aquellos, estaba el castillo de Iwakuni, los restos del castillo de Hagi y particularmente el castillo de Kokura, que aunque estaba en una prefectura distinta, aun así Chary quería conocerlo dada la cercanía del lugar.

 

Llegamos a Kokura temprano en la mañana. Apenas entramos al lugar me sentí extraño y no lo digo por el castillo en sí, según la historia el castillo se había quemado por completo en 1866 y fue reconstruido, pero no como lo era originalmente. Aunque entrar en el edificio me incomodó, fueron las diferentes cosas que encontré dentro lo que me perturbaron. Si bien todo estaba expuesto como un museo, había ciertas cosas que revolvieron mi mente. Chary me pidió que subiera a un palanquín para tomarme una foto dentro de él. Reconozco que lo hice de mala gana y lo que sentí una vez dentro casi explota mi cerebro. Estar sentado dentro me traslado a esa época. De pronto me vi montado en aquel palanquín con un traje formidable de Samurai y a mi alrededor no podía ver a Chary si no que me veía recorriendo las calles de una ciudad. Tuve que pestañear varias veces para volver a la realidad. Chary se percató de mi angustiada reacción y creyó que me había sentido claustrofóbico, pero no era eso lo que había sentido precisamente.

Cuando terminamos de recorrer el castillo, sentí un alivio enorme. Pero solo duró unos cuántos minutos, porque Chary quiso conocer los espléndidos jardines que rodeaban el lugar. Fue allí donde más sufrí. Nuevamente mi mente me llevó a un pasado que no sabía si era parte de mí o fruto de mi imaginación. Otra vez Chary desapareció de mi vista y a mi alrededor solo había hombres, guerreros para ser exactos, vestidos como Samuráis, entrenando algunos, enfrentándose otros y yo en medio blandiendo una larga espada vestido como uno más de ellos.

Mi cuerpo tembló entero. Llevé mis manos a mi rostro y tapé con ellas mis ojos en un intento desesperado por desvanecer esa visión que estaba experimentando. Quería huir rápidamente de allí, pero no quería alarmar a Chary. Ella se lo estaba pasando genial y no quería ser yo el que amargara el día con mis alucinaciones.

Cuando acabamos, Chary quiso conocer un lugar más. El último de nuestra luna de miel. Una diminuta isla llamada Ganryū-jima. Tomamos el tren desde Kokura y llegamos al puerto de Mojiko. Desde allí tomamos un ferry hasta el pequeño islote. Por más que trataba de sacarme la sensación de incomodidad de mi cuerpo, ésta seguía presente y el viaje por mar no lo disminuía.

Chary fue la primera en bajar. Era como si hubiese estado allí antes. Caminaba segura por todos lados y yo con temor la seguía. El lugar me resultaba familiar una vez más. Chary me tomó por el brazo y me arrastro, sacándome de mis cavilaciones, hacia un sendero que llevaba a la parte Este de la islita. Cuando llegamos allí me mostró un monumento de dos guerreros enfrentándose en un duelo.

_ ¿Sabes quiénes son? _ me preguntó sabiendo que yo no tenía cómo saberlo.

_ No, no tengo ni la más remota idea _ qué equivocado estaba en ese momento.

_ El de la derecha se llama Musashi Miyamoto y el de la izquierda, Kojiro Sasaki _.

Cuando me dijo aquellos nombres, toda una sucesión de imágenes en cámara rápida abrumaron mi mente y se pasearon sin contemplación por mis ojos. Miré a mi alrededor, mareado y asqueado, y pude reconocer de inmediato la playa que estaba frente a mi como la misma playa que veía en mis pesadillas.

Por fin había recordado todo. Yo era uno de esos hombres.

Era Kojiro Sasaki, nacido en la provincia de Fukui, Samurái creador del estilo Ganryū, también conocido como “escuela de la gran piedra”, experto en el manejo del Nodachi imponiendo la técnica “Tsubame Gaeshi”, el reverso de la golondrina, y nombrado Supremo Maestro de armas del Feudo de Hosokawa. Cómo vine a parar del pasado al futuro era algo que desconocía por completo, pero sin duda algo tuvo que ver esa maldita hechicera y el mismo Musashi.




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