Mi nombre en tu lista

Capítulo 3: Maldito universo

Pov Liv:

¿Compartir habitación?

Nos miramos con Mora. Nadie decía nada, pero nuestras caras hablaban por sí solas. ¿Qué carajo era eso? ¿Desde cuándo eso estaba permitido? Compartir espacio, baño, rutina. El colegio siempre había sido un infierno, pero esto lo supera. Aun así, no podíamos hacer más que mantener la compostura. Estábamos arriba del escenario, en frente de toda la Academia Crestwood, y como guardianas teníamos que sostener el papel.

Cuando la ceremonia terminó, bajamos del escenario en silencio, sin cruzar palabra, hasta que finalmente salimos al pasillo del hall principal.

—Bueno, supongo que vamos a tener la suerte de que nos toque juntas —dije, tratando de convencerme más a mí que a ella—. Sería lo más lógico. Seguro que los guardianes van a estar divididos entre sí, como en dúos. Vos y yo, Nicolás y Lena. Tiene sentido, ¿no?

Mora me miró de reojo, sonriendo con esa cara de "no cantes victoria todavía".

—No te adelantes —me dijo, como si fuera una advertencia. Maldición.

Nos acercamos al escritorio donde estaban repartiendo sobres con los nombres. Sentí ese cosquilleo nervioso en el estómago, el que me agarra cuando algo me dice que va a salir mal. Mora ya tenía el suyo. Lo abrió delante mío y leí el número pegado en su sobre.

—Habitación 203 —murmuró.

Todavía tranquila, le sonreí.

—Tranqui, nos puede tocar juntas igual —dije, aunque esa sensación en el estómago se intensificaban.

Tomé el mío. Lo abrí despacio. "Habitación 207".

Me detuve.

—Te dije que no te adelantaras —dijo Mora con tono burlón, pero sus ojos reflejaban la misma confusión que los míos.

Intenté no mostrar decepción. No pasa nada. Tal vez me toque con Lena. Con ella no me llevo tan bien, pero mejor eso a...

No. Ni lo pienses.

Subí las escaleras con mi sobre en mano, repasando mentalmente cómo organizarme. Quizás con Lena podríamos empezar de nuevo. Ya no éramos solo rivales de especialidad. Ahora éramos el Círculo Dorado. Íbamos a tener que llevarnos bien sí o sí.

Doblé por el pasillo de las habitaciones asignadas al Círculo. Habitación 207. Estaba al fondo. Respiré hondo y empujé la puerta.

Y ahí estaba él.

Sentado en su cama como si fuese su casa. Con la camisa desabrochada, la corbata floja y esa maldita sonrisa.

Mi estómago se revolvió.

—No puede ser —murmuré.

Y sí. Ahí estaba. Nicolás Draven.

La habitación era más grande que las comunes. Dos camas, una en cada extremo. Un armario amplio, compartido. Escritorios separados. Teníamos suerte, en teoría. Pero en ese momento, la suerte me importaba muy poco.

Esto iba a ser un infierno.

Pov Nicolás:

La habitación estaba bastante bien. Cómoda. Amplia. Casi lujosa si la comparamos con las habitaciones de Blackwood.

Me instalé rápido. Sabía que tarde o temprano iba a entrar.

Y cuando lo hizo, fue mejor de lo que esperaba. La cara de Liv era un poema. Uno de esos dramáticos, bien escritos, que no te olvidarás nunca.

Tenía miedo de que el tiempo la hubiera cambiado. Que ya no fuera tan intensa. Tan reaccional. Pero no. Ahí estaba. Con su cara de indignación pura. Con su odio intacto.

Perfecta.

La vi pararse como si esperara que el universo corrigiera el error. Pero el universo me debía algo.

Y eso empezaba por compartir techo con ella.

"Esto va a ser divertido", pensé. Aunque claro... ella no tenía ni idea de lo que se venía.

Pov liv:

Él se levantó con una lentitud exasperante, como si lo estuviera disfrutando.

—¿Qué hacés vos acá? —disparé, cruzándome de brazos.

—Buena forma de saludar —dijo, con esa sonrisa torcida que me hervía la sangre—. También me alegra verte, Liv.

—Pensé que esto era aleatorio. O al menos, justo.

—Y lo fue. El destino nos quiere juntar otra vez, parece.

—Sí, bueno... el destino tiene un pésimo sentido del humor.

Él caminó hacia su escritorio y empezó a acomodar unos libros, como si no me tuviera delante, como si no acabara de arruinarme el año entero.

—Si te molesta tanto, podés pedir el cambio —dijo sin mirarme—. Seguro hay alguien rogando compartir habitación con vos.

—¿Y darte el gusto a vos? Ni loca.

Se rió por lo bajo. Ese tipo de risa que no es graciosa, pero sí irritante.

—No sabía que te afectaba tanto mi presencia.

—No me afecta —mentí, obvio—. Solo me parece molesto tener que convivir con alguien que no sabe cerrar una boca que nadie pidió que abriera.

—Y sin embargo, acá estás, hablando conmigo.

Bufé. Me senté en mi cama, lo más lejos que pude de la suya, y me puse a revisar el contenido del sobre, fingiendo interés.

—Esto es temporal —le dije, más para mí que para él—. En algún momento van a corregir este error.

—¿Vos decís? —preguntó, ahora sí mirándome—. Yo creo que los errores a veces son lo mejor que te puede pasar.

Lo miré. No supe si lo dijo con intención, con doble sentido, o si solo era él haciendo de las suyas otra vez.

—No me leas como una canción, Draven. Estoy harta de las melodías deprimentes.

Él sonrió, y por un segundo, lo odié un poco menos. Pero no. Volví a mirar para otro lado. No iba a caer de nuevo en su jueguito.

—Dormí en silencio, ¿sí? Algunos sí vinimos a estudiar.

—¿Y otros? —preguntó, levantando una ceja.

—Otros solo vienen a arruinarlo todo.

No dijo nada. Pero vi cómo la sonrisa le desaparecía apenas un segundo. Y con eso me alcanzó.

Gané el primer round. Por poco. Pero lo gané.

Flashback

Pov Nicolás:

Lo primero que pensé al entrar al auditorio fue que Crestwood tenía más presupuesto que alma. Todo relucía, todo brillaba. Techos altos, columnas elegantes, un escenario tan pulcro que parecía de museo. Incluso las sillas estaban perfectamente alineadas, como si esperaran que un jurado celestial bajara del cielo para premiar a sus pequeños prodigios.




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