Mi nombre en tu lista

Capítulo 5: El silencio es respuesta

Pov Liv:

Me desperté antes de que sonara la alarma, con el cuerpo tenso y la cabeza llena de ruido. Nicolás seguía dormido en la cama de al lado, envuelto en sus sábanas como si nada ni nadie existiera más que él. Me levanté con cuidado, sin hacer ruido, y me vestí en la penumbra, tratando de que cada movimiento fuera lo más discreto posible. No quería empezar el día con una pelea muda ni con más silencios que dolieran.

No había escapatoria. Este año iba a ser así: compartiendo habitación, clases y cada rincón de esta escuela con él. Los Guardianes, decían. Cuatro nombres grabados en una lista dorada en la puerta del ala este: Oliva, Nicolás, Lena y Mora. Cuatro especialidades que se cruzaban y se alejaban a la vez.

Las mañanas eran iguales para todos: clases generales con los mismos profesores, las mismas caras, las mismas reglas. Pero por la tarde, cada uno se sumergía en su mundo.

Mora desaparecía en su taller de artes visuales, rodeada de pinceles, colores y lienzos donde traducía su mundo sin necesidad de palabras. Era mi amiga de siempre, ese refugio silencioso al que podía volver sin explicar nada.

Lena brillaba en las artes escénicas. Actuaba con una precisión casi fría, y aunque a veces trabajaba con el taller de escritura, su presencia era una sombra que me incomodaba. Una mezcla de autoridad y distancia que a veces parecía querer atraparme.

Nicolás, por supuesto, se perdería en la música. Sus dedos parecían tener vida propia, deslizándose sobre teclas y cuerdas como si el sonido fuera su lenguaje más verdadero.

Por la mañana compartimos el aula, pero por la tarde cada uno era dueño de su especialidad y guardián de un territorio distinto.

Llegó el momento del taller de escritura, en el auditorio más grande, donde se juntaban alumnos de todos los años para organizarnos y dividirnos en nuestras clases. Las sillas estaban ordenadas en filas, el aire cargado de nervios y expectativas.

El profesor Dorneval abrió la sesión con su habitual sonrisa. Tomó el micrófono y dio la bienvenida con su voz firme y clara.

-Bienvenidos a todos al taller de escritura creativa. Este año vamos a compartir aprendizajes, textos, desafíos. Pero antes, queremos que nuestra guardiana, por segundo año consecutivo, se presente. Por eso, Liv -Me invita a hablar.

Me paré, con el corazón latiendo más rápido de lo que quería admitir. Miré a los alumnos, a las caras conocidas y a las que no lo eran, y respiré profundo.

Saqué la hoja donde tenía escrito mi poema y empecé a leer:

"Pero sigo sin entender...

¿por qué es tan difícil quererme?

¿Soy tan difícil de tener?

¿Tan imposible de amar?

Ámame.

Por favor, te lo imploro, ámame.

Te lo digo temblando: ámame.

Me arrodillo sin pudor

y te suplico con dolor:

ámame.

Solo una vez, no te pido más,

aunque después te vayas sin mirar atrás.

Ámame lento, sin miedo, sin fin,

ámame rápido, rompeme el jardín.

De noche, cuando todo calla,

de día, aunque el mundo estalla.

No importa si es mentira o verdad...

ámame, aunque sea por piedad.

...

Sos el único que me supo tocar,

el único que logró entrar.

El único que, sin preguntar,

me hizo sentir lo que era amar.

Mi corazón late por vos sin ley,

no me pidas más, si yo ya te amé.

Te amo tan lento que duele esperar,

te amo tan rápido que me hace llorar.

No me importa si el tiempo no está,

te amo igual, aunque ya no estás.

Te amo de noche, bajo la luna herida,

te amo de día, aunque duela la vida.

Pero lo mío

no es salida.

Es amor,

aunque no lo pidas."

Cerré el poema con una mirada que buscaba en la sala, sin decir nada más. Algunos me miraron con respeto; otros, con sorpresa. El profesor Dorneval me lanzó una sonrisa escueta, casi invisible.

Cuando terminé, dividieron a los alumnos por años para empezar las actividades específicas. La sensación de irme de ese espacio lleno de voces y miradas fue un poco de alivio. Volvía a lo conocido, a lo mío.

Mientras nos organizaban, pensé en cómo, por las tardes, cada uno iba a su rincón: Mora a su pintura, Nicolás a su música, Lena a sus ensayos en el escenario, y yo a la escritura que, aunque a veces doliera, era la única verdad que podía sostener.

Era un año para sobrevivir. Para intentar no perderme en medio de todo.

Mientras recogía mis cosas, uno de los profesores se acercó con una carpeta en la mano y me miró con confianza.

-Liv, quiero que te encargues del grupo de los alumnos más chicos en el taller de escritura -dijo-. Son nuevos, necesitan orientación y alguien que los guíe. Sé que sos la indicada para eso.

Asentí con una sonrisa.

-Si, ayer la directora me lo comentó.

Tomé la lista que me dio y ya sentí la responsabilidad, pero también la oportunidad. No era sólo escribir para mí; era compartir, enseñar, ayudar a que otros encontraran su voz.

Salí hacia la sala 3, lista para empezar.

La sala 3 estaba llena de voces bajas y risas nerviosas. Los pupitres estaban organizados en semi círculo, y en el centro había una pizarra con marcadores de colores y hojas pegadas con títulos como "Ideas", "Personajes", "Historias".

Entré con paso firme y saludé con una sonrisa que esperaba fuera bienvenida.

-Hola a todos -dije-. Soy Liv, y voy a acompañarlos en este taller de escritura. Hoy vamos a empezar con algo simple: presentaciones y una pequeña actividad para romper el hielo.

Los chicos me miraron con atención, algunos más tímidos que otros, pero todos atentos. Empecé a recorrer el círculo, escuchando sus nombres, sus intereses y las razones por las que les gustaba escribir.




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