Pov Liv:
El lunes me desperté a las seis de la mañana antes de que sonara la alarma. Me quedé mirando el techo un rato, escuchando la respiración pausada de Nicolas en la otra cama. Me di una ducha rápida, me puse el uniforme -que cada día sentía que me pesaba un poco más- y traté de tapar con corrector las ojeras que el domingo me había dejado de regalo.
-Buenos días -solté, neutra, cuando lo vi sentarse en el borde de la cama pasándose las manos por la cara.
-Buenos días -respondió él. Aún tenía la voz pastosa.
Agarré mi mochila y salí sin decir nada más.
En el comedor, Mora ya me esperaba con dos cafés. Me senté a su lado y el suspiro me salió solo, uno de esos que te vacían el pecho. Hablamos de lo que se venía: el fin de año, el miedo a que el mundo nos separara, la sensación de que el tiempo se nos estaba escurriendo entre los dedos.
-Apenas llevamos el primer mes de clases y ya sos otra persona, Liv - me dijo ella, mirándome fijo a los ojos.
No supe qué responderle porque tenía razón.
En clase de literatura. El profesor Rossi entró al aula con un libro de tapas gastadas y ese aire de quien sabe que tiene el poder de arruinarte o salvarte la mañana con un texto. Rossi siempre fue de mis favoritos, pero hoy su mirada me ponía nerviosa.
-Señorita Seren, haga los honores. El fragmento del día -dijo, extendiendome el libro.
Me levanté despacio. El aula quedó en un silencio sepulcral. Podía sentir la mirada de todos mis compañeros en mi nuca. Abrí el libro donde Rossi habia marcado y respiro hondo. Mi voz salio un poco mas baja de lo normal, pero clara:
-”No siempre duele el pasado como algo muerto. A veces duele porque sigue ahi, intacto, mirandote de frente, como si no le importara cuánto caminaste para alejarte. El problema no es el recuerdo, sino la sospecha de que, si estirás la mano, todavia podes tocarlo.”
Cerre el libro de golpe. El nudo que se formo en la garganta era fisico, casi me impedia tragar. Rossi asintió, perdido en su spensamientos, pero yo me senté rapido, sintiendo que la las palmas de las manos me transpirabam.
-¿Estás bien? -me susurró Mora.
-Si, solo me bajó la presión -mentí, auque la presion que sentia no tenia nada que ver con la sangre..
Despues de literatura, caminamos hacia el aula de matematicas. El profesor Varela ya estaba ahi, dibujando una funcion en el pizarron con un marcador que tenia poca tinta.
-Anoten -dijo, sin darse vuelta-. Este martes no, el otro tampoco. El que le sigue, tenemos le primer examen del año. Les dejo tiempo de mas para estudiar.
Un murmullo de queja recorrió el aula, pero él se dio vuelta y clavó la vista en los que teníamos el pin de Guardianes.
—Y ya saben cómo es esto. Los líderes de Crestwood no tienen margen de error. Si la nota baja de nueve, el informe va directo al escritorio de la Directora Alderete. No quiero quejas, quiero resultados.
Me quedé mirando el cuaderno en blanco. Tenía que estudiar, tenía que concentrarme, tenía que ser la Olivia perfecta que todos esperaban. Pero, ¿cómo iba a estudiar límites si mi cabeza no paraba de saltar las fronteras que yo misma le ponía?
Al mediodia, esquive el comedor. No queria ver a Lena, ni a Nicolas, ni tener la mirada en la mesa del “circulo dorado”. Mora me siguio hasta un banco debajo de los tilos, donde le ruido de los demas quedaba lejos.
-Liv, no me dirás que te pasa? -me dijo, sentandose a mi lado-. ¿Desde cuándo no nos contamos las cosas? Vos eras Olivia Seren. No esta versión apagada que camina por los pasillos como si estuviera pidiendo permiso. Vos eras la que se reía conmigo hasta que nos dolía la panza, la que siempre tenía algo para decir. Sos mi mejor amiga y me duele verte así.
Sentí la primera lágrima rodar antes de que pudiera frenarla.
-Me siento en automatico, Mora. Me centro en Nicolas para no pensar en lo que de verdad me asusta. Estoy con las emociones apagadas. El otro día, peleando con él, ni siquiera me di cuenta de que estaba llorando hasta que sentí la cara húmeda.
Mora apoyó su cabeza en mi hombro y yo finalmente me quebré.
—Tengo miedo. Miedo de que todo sea más difícil de lo que parece. Ser Guardiana es una mochila llena de piedras; todos esperan que seamos perfectos, pero afuera, cuando salgamos de acá, no vamos a tener insignias. ¿Y si no puedo vivir de lo que amo? ¿Y si no soy lo suficientemente buena y todo este esfuerzo no sirve para nada? ¿Y si nos alejamos porque la vida nos lleva para lados diferentes?
Tomé aire, tratando de calmar el hipo del llanto.
—Y después está él —susurré—. Nicolás volvió y me desarmó todo. Cuando estoy cerca suyo, me olvido de mis miedos porque solo quiero pelear, pero a veces... a veces siento que él es el único que realmente me ve. No a la "estudiante ejemplar", sino a mí. Y me odio por sentir eso, me siento una imbécil.
Mora se quedó en silencio un rato largo, dejando que el viento nos secara la cara.
—Te juro que no quiero saber nada más con varones —dijo finalmente, con una sonrisita triste, mirando hacia el horizonte.
Me reí por lo bajo, limpiándome los ojos con la manga del uniforme.
Cuando dio la hora, fui al taller de escritura. Gracias a los dioses, hoy no tenía que estar con Nicolás.
Entré al salón donde estaban los más chicos. Apenas me vieron, algunos corrieron a abrazarme. Me dijeron que extrañaban las clases conmigo, y yo les conté que estaba ayudando a los de música, porque tenían un guardián muy gruñón.
Me reí mucho con ellos. Me distraje. Por un rato no pensé en mis miedos, por un rato no pensé en Nicolás.
La semana avanzó. Conmigo intentando ser mejor. Hablé y me reí más. No entendía muy bien por qué me sentía tan mal. No encontraba una razón concreta.
Hasta que un día Mora me frenó. Me miró fijo, con esa seriedad que solo usa cuando sabe que le estoy mintiendo a todo el mundo, y me dio un sermón sobre dejar de minimizar lo que me pasaba. Me obligó a ver que estaba atrapada en un pensamiento automático y tóxico: la idea de que, como hay gente que la está pasando peor, mis problemas no tenían derecho a existir.
Editado: 16.01.2026