Mi nombre en tu lista

Capítulo 17: La voz de los otros

Pov Liv:
Los jueves siempre me parecieron grises. No tristes, no oscuros. Solo... grises. Como una hoja arrugada, sin forma ni dirección. El tipo de día en el que todo parece igual, aunque algo dentro tuyo esté por explotar.

Me desperté antes que el despertador. Afuera todavía no amanecía del todo, pero en la Academia eso no significaba silencio. Se escuchaba el viento colándose por alguna ventana mal cerrada, pasos en el pasillo, una ducha lejana. Me quedé mirando el techo por unos minutos, como si ahí pudiera encontrar una excusa para no levantarme. No la encontré.

Me vestí despacio, sin prender la luz para no despertar a Nicolás. Aunque, para ser honesta, no sabía si estaba ahí. Su cama parecía deshecha, pero no vacía. Solo lo intuí: una sombra en la oscuridad, el sonido de su respiración tranquila. Me obligué a no mirarlo.

Lo que iba a hacer hoy no tenía nada que ver con él. O al menos eso quería creer.

—Hoy lees el texto, ¿no? —me preguntó Mora mientras caminábamos hacia el comedor. El cielo ya estaba más claro, pero el aire seguía frío.

—Sí. Me quiero morir, por si te interesa saber.

Ella rió por lo bajo, pero su mirada tenía una preocupación que no encajaba con su tono liviano.

—Te va a salir bien. Y si no, igual luego te voy a aplaudir como si fueras una diosa. Aunque llores. Aunque tartamudees.

—Gracias, pero prefiero no llorar ni tartamudear.

—¿Lo vas a leer entero?

Me detuve unos segundos. Lo había repasado tantas veces que conocía cada palabra de memoria, pero leerlo en voz alta… delante de todos... era otra historia.

—Sí —respondí al fin—. No escribí esto para esconderlo. Al menos no esta vez.

El taller se hacía en un aula distinta, en el tercer piso. Tenía grandes ventanales que daban al jardín y estaba decorada con frases de escritores en las paredes. Era un espacio que normalmente me encantaba. Ese día, me sentía como si entrara a un quirófano.

Éramos solo nosotros, los de escritura creativa del último año. Veinte en total. Algunos conocidos, otros no tanto. Gente que había leído mis cuentos, pero no mi historia. Porque eso era lo que traía hoy: mi historia.

La profesora de escritura creativa, Marina, nos saludó con su sonrisa cálida de siempre. Era joven, apasionada, y tenía ese tipo de voz que te hacía sentir que todo lo que escribías valía la pena, incluso cuando no era verdad.

—Hoy es un día especial —dijo, juntando las manos—. Vamos a leer textos personales. No tienen por qué ser perfectos. Solo tienen que ser verdaderos. Y sé que ustedes, más que nadie, pueden hacerlo.

Su mirada se detuvo un segundo más en mí. Sentí un nudo en el estómago.

Nos sentamos en círculo, como siempre. Las ventanas estaban abiertas, y el viento movía algunas hojas de papel sobre las mesas. Afuera, las ramas del árbol más alto se mecían con lentitud, como si también escucharan.

Uno de los chicos, Joaquín, leyó primero. Un texto poético sobre su abuela. Luego Martina, con un relato breve sobre un verano en Mar Azul. Todos escuchaban en silencio respetuoso, y al final aplaudían o comentaban algo sincero, sin exagerar.

Cuando Marina dijo mi nombre, el corazón se me fue a la garganta.

—Liv, ¿querés leer ahora o más adelante?

—Ahora —dije. Mi voz sonó más firme de lo que me sentía.

Saqué las hojas de mi mochila. Las tenía dobladas por la mitad, escritas con birome, tachaduras,dibujos en el margen de estrellas, manchas. No era prolijo, pero era mío.

Me paré. Caminé hasta el centro. El círculo me rodeaba como una marea quieta.

—Lo que voy a leer… es personal. No tiene nombres, pero tiene verdad. No necesito que lo entiendan todo. Solo que escuchen.

Respiré hondo. Y empecé.

“Nunca supe cuándo me rompí por primera vez. Tal vez fue en una de esas tardes de domingo donde nadie me preguntaba cómo estaba. Tal vez fue cuando descubrí que hay personas que pueden mirarte como si te conocieran, solo para después demostrarte que no era cierto. O tal vez fue en esa competencia absurda entre escuelas, donde confundí rivalidad con algo más. Donde creí que alguien estaba viéndome y no solo buscando ganar.”

Mi voz no temblaba, pero había una presión en el pecho que me apretaba como si cada frase soltara un poco de aire que no iba a volver.

“No me enamoré como en los libros. No hubo fuegos artificiales, hubo palabras. Y en ese momento, eso fue suficiente. Una charla en el patio, una risa compartida, un comentario que solo yo entendía. Y un poema. Mío. El más crudo que había escrito, el más sincero. Él lo leyó. Me miró como si eso lo cambiara todo. Me hizo creer que sentía lo mismo. Que lo mío, por una vez, valía.”

Tuve que tragar saliva. Nadie hablaba. Ni un murmullo. Sentía los ojos sobre mí, pero no eran agresivos. Eran atentos, contenidos. Estaban conmigo de verdad.

“Después vino la verdad. O mejor dicho, la traición. No me lo dijo de frente. No tuvo que hacerlo. Lo escuché cantar. Una canción nueva. Con palabras que eran mías. Con un tono que no le pertenecía. Y supe que nunca fue real. Que fui un medio para un fin. Que mi dolor era parte del espectáculo. Que mi voz servía… solo si era útil para la suya.”

Una compañera respiró hondo. Alguien bajó la mirada. Yo me obligué a seguir.

“Desde entonces, me pregunté muchas veces qué había hecho mal. Si fui demasiado abierta. Si fue culpa mía por confiar. Pero no. No me equivoqué al escribir. Se equivocó él al robar algo que no era suyo. Al convertir mi poesía en una actuación. Durante mucho tiempo me quedé callada. Fingí que no me dolía. Lo convertí en otra anécdota. Otra historia trunca. Pero no puedo más con ese silencio. Porque cada vez que me siento a escribir y pienso en mostrar lo que siento, esa voz me susurra que no vale la pena, que lo van a usar en mi contra. Que lo van a cantar en otra parte con otra cara. Y ya no quiero vivir con miedo. Esta es mi historia. Esta soy yo, Rota. En reconstrucción. Y con ganas de no callarme nunca más.”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.