Pov Liv:
—Nicolás... decime qué viste en tu celular —susurré, entendiendo que el llamado no era para felicitarnos.
Él no respondió. Guardó el teléfono con un movimiento brusco, negándose a mostrarme la pantalla, y aceleró el paso. Sabía que debíamos llegar rápido a la oficina de la directora; en Crestwood, la tardanza se interpretaba como culpa.
Comenzamos a caminar por los pasillos. Mora y Lena se unieron a nuestra marcha en un silencio que se sentía como una ejecución. A medida que avanzábamos, el aire se volvía más pesado. Los alumnos se amontonaban cerca de los casilleros, susurrando y mirándome de arriba abajo con una mezcla de morbo y desprecio.
—¿Qué hiciste ahora, Lena? —murmuré, clavando la vista en su perfil perfecto y esa sonrisa de triunfo que no se molestaba en ocultar.
—Yo no hice nada, Olivia. Deberías replantearte tus propias acciones —respondió ella, con una voz tan suave que me dio escalofríos.
Miré a Nicolás y a Mora. Se intercambiaron una mirada cargada de una preocupación que no supieron disimular. Todos sabían algo que yo no, y la incertidumbre me estaba carcomiendo los nervios.
Pov Narradora:
Al llegar frente a la oficina de la directora, el grupo se detuvo en seco. Esteban estaba apoyado contra la pared, justo al lado de la puerta de roble. Su presencia allí era la pieza final del rompecabezas. Olivia se quedó inmóvil un segundo mientras los demás avanzaban, sintiendo el impacto de esa nueva alianza. La mirada de Esteban ya no tenía rastro de la devoción que solía profesarle; ahora era oscura, vengativa.
Cuando Olivia pasó por su lado para entrar, él se inclinó apenas hacia ella. —Si no me vas a querer, no mereces ser guardiana ni estar en esta escuela —le susurró al oído, con un veneno que la dejó gélida.
—Olivia, ¿puedes entrar y cerrar la puerta? —la voz de la Directora, filtrándose desde el interior, rompió el momento.
Olivia obedeció mecánicamente. Los cuatro Guardianes entraron y se sentaron en las sillas de cuero frente al imponente escritorio. El ambiente olía a papel viejo y a una autoridad que no aceptaba réplicas.
La Directora acomodó cuatro carpetas y dos hojas sueltas. Las carpetas de los Guardianes se distinguían fácilmente: el lomo dorado brillaba bajo la luz de la lámpara, diferenciándose del verde oscuro que correspondía al resto del alumnado.
—Creo que saben por qué están aquí, ¿no es así? Especialmente tú, Olivia.
—No, Directora. No entiendo el motivo de este llamado —respondió la chica, forzando una seguridad que sus manos, apretadas bajo la mesa, contradecían.
La Directora suspiró, un sonido que pareció llenar toda la habitación, y deslizó la primera hoja: la foto. En ella, Olivia y Nicolás parecían fundirse en un beso prohibido, un escándalo visual que desafiaba todas las normas de decoro de la Academia.
—Esto ha circulado por los teléfonos de toda la institución en los últimos quince minutos —dijo la Directora con frialdad—. Pero eso no es lo más grave. Lo más grave es esto.
Deslizó la segunda hoja. Era el informe de rendimiento firmado por el coordinador de los talleres de escritura, o al menos eso parecía.
—He recibido un reporte detallado. Se te acusa de ausencias injustificadas a tus clases de la mañana y de la tarde, de utilizar borradores ajenos para tus presentaciones personales y, lo que es inadmisible en una Seren... de plagio sistemático en los exámenes.
Mora soltó un jadeo ahogado, tapándose la boca con la mano. Nicolás se tensó de tal manera que las venas de su cuello se marcaron, mientras que Lena permanecía inmóvil, como una espectadora disfrutando de una obra maestra.
—Directora, eso es mentira —la voz de Olivia salió más aguda de lo normal—. Nunca he faltado y jamás me copiaría. Esos informes están falsificados.
—Los documentos están firmados, Olivia. Y la foto... la foto habla por sí sola sobre dónde ha estado tu atención últimamente —la Directora se quitó los anteojos y la miró fijamente—. Según las reglas del Círculo Dorado, si un Guardián es cuestionado por su integridad, debe ser suspendido de sus funciones hasta que se nombre un reemplazo o se aclare la situación. Y ya tengo sobre mi escritorio tres recomendaciones para ocupar tu lugar.
Nicolás intervino entonces, su voz retumbando en la oficina con una autoridad peligrosa. —Usted sabe mejor que nadie quién tiene la capacidad de falsificar un reporte en esta escuela. No puede tomar en serio un chisme de pasillo y un papel que no tiene pruebas físicas. Además Olivia y yo no somos pareja.
—Tengo las pruebas, joven Draven —replicó la mujer, señalando la carpeta dorada de Olivia—. Y si no pueden demostrar lo contrario antes de la asamblea de mañana, Olivia Seren dejará de ser Guardiana.
Las puertas de la dirección se cerraron tras ellos con un golpe seco que resonó en el pasillo ahora desierto. El silencio duró apenas unos segundos, los necesarios para que Olivia se diera la vuelta, con los ojos encendidos de una furia que no había querido mostrar ante la Directora.
—Sos de lo peor, Lena. Realmente no tenés límites —soltó Olivia, su voz temblando pero cargada de veneno.
Lena se detuvo y la miró con una calma exasperante, acomodándose el mechón de pelo detrás de la oreja. —No sé de qué me hablás, Olivia. Yo también estoy sorprendida por ese informe. Es una lástima que hayas descuidado tanto tu rendimiento por... otras cosas.
—¡Dejá de mentir! —estalló Liv, dando un paso hacia ella—. Todos acá sabemos que ese informe es tan falso como tu sonrisa. Me tenés envidia, Lena. La tenés desde que nos dieron los puestos. Te carcome saber que soy la mejor de la Academia en lo que hago y por eso hacés esto. Por eso dejaste de ser nuestra amiga, porque no soportás que alguien brille más que vos.
Nicolás intervino, poniéndose entre las dos, pero mirando fijamente a Lena. —ya basta, Lena. Esto ya no es un juego de nenas. Estás tratando de arruinar el futuro a alguien por un capricho. Hacé razonar a Esteban o a quien sea que haya firmado ese papel antes de que esto se te vuelva en contra.
Editado: 04.02.2026