CAPÍTULO II: 산산한 (Sannaman) Distracción
La alarma sonó a las seis y media de la mañana. Ji-woo abrió un ojo y tanteó la superficie de la mesita para posponerla cinco minutos más. Ya se estaba quedando dormida cuando escuchó una voz directamente en su oído:
—Ya es hora de levantarse, Ji-woo ya.
Ella saltó de la cama de un brinco, envolviéndose a toda prisa en la cobija mientras miraba a Tae-oh.
—Ve a prepararte, yo haré el desayuno mientras tanto —le dijo él.
Vestía un impecable traje de diseñador. Se quitó el saco y lo dejó apoyado en el respaldo del sillón, se arremangó las mangas de la camisa blanca y comenzó a cocinar. Ji-woo se levantó somnolienta y caminó hacia el baño, pero a mitad del pasillo recordó que tenía compañía; regresó sobre sus pasos a toda prisa para tomar su ropa y meterse a cambiar al baño.
Cuando salió, lucía unos pantalones de mezclilla holgados, un suéter tejido tres tallas más grande y un moño desprolijo sujeto con una pinza de plástico.
—Necesitas una mesa, aunque sea pequeña —sugirió él, al percatarse de que no había un lugar adecuado para desayunar.
Desayunaron a toda prisa y tomaron el metro hacia el corporativo. Esta vez, Tae-oh la iba protegiendo ante la avalancha de personas en el estrecho vagón. Ella se sentía extraña ante la presencia de su guardián, de quien casi no podía mantener distancia física. Cuando llegó el momento de bajar, él la tomó de la mano y se abrió paso con firmeza entre la multitud.
Caminaron brevemente hasta la torre de Grupo Bio Hwa y esperaron frente al elevador. Cuando las puertas se abrieron y ella, por costumbre, iba a dejar pasar primero a las demás personas, Tae-oh la sujetó de la muñeca e hizo que entrara al elevador antes que el resto. Ella lo observó de reojo; Tae-oh lucía exactamente como un alto ejecutivo, irradiando una seguridad que deslumbraba.
Llegaron a la oficina corporativa. Ji-woo colgó su bolso de tela de gabardina en el respaldo de la silla y encendió la computadora.
—¿Qué harás todo el día? No puedo ponerte una silla aquí —le susurró con disimulo.
—No te preocupes por mí —le respondió él.
En ese momento comenzó a llegar el resto del equipo. Ji-woo se enfocó de inmediato en revisar las reseñas del nuevo lanzamiento, mientras Tae-oh paseaba por el pasillo con las manos unidas detrás de la espalda, observando minuciosamente lo que hacía el grupo de subordinados de su novia.
Tae-oh caminó hasta ponerse a espaldas de Park Kang-min. Se inclinó levemente y vio que estaba jugando con el celular en lugar de avanzar en sus deberes. De inmediato, le propinó un manotazo invisible en la nuca al empleado. Este sintió como si un escalofrío helado le recorriera el cuello; volteó de inmediato hacia atrás con los ojos abiertos de par en par, pero no encontró a nadie. Atemorizado, guardó el teléfono y se puso a trabajar de inmediato en las tareas que le había asignado su jefa directa. Tae-oh sonrió complacido ante la absoluta eficacia de su accionar.
Era casi mediodía cuando llegó el señor Cha gritando como loco y agitando su puntero señalador.
—¡Señorita Han! ¡¿Por qué no han convocado a junta?! ¡De seguro es gracias a su ineficacia! ¡El error del viernes me va a hacer quedar pésimo ante los directivos! —le espetó molesto, bramando a mitad del pasillo.
Tae-oh se paró justo al lado del jefe de piso. Lo miraba con una fingida expresión de extrañeza y asentía descaradamente con la cabeza, como si estuviera totalmente de acuerdo con cada regaño. Ji-woo hacía un esfuerzo sobrehumano por mantener la compostura y no estallar en risas delante de su superior. Mientras el gerente Cha la apuntaba agresivamente con el objeto de madera, Tae-oh imitaba exactamente el ademán usando su dedo índice para burlarse de él a escasos centímetros de su rostro. Ji-woo solo atinaba a asentir con la cabeza, apretando los labios con tanta fuerza que le dolían para no soltar una carcajada.
El gerente la observó molesto al notar la extraña expresión que se dibujaba en su rostro.
—En cuanto nos citen a junta, usted se hará responsable de lo ocurrido —le advirtió con severidad, antes de dar media vuelta para retirarse.
Ji-woo dejó escapar una pequeña risita ahogada en cuanto su superior cruzó el umbral. De inmediato, le hizo un gesto tajante con los labios a Tae-oh para exigirle que se estuviera quieto y volvió a sentarse en su cubículo.Poco antes de la hora del almuerzo, el gerente Cha regresó para citarla. Ella se dirigió con el estómago revuelto por los nervios hacia la sala de juntas.
—No debes temer. Aquí estaré, a tu lado —le aseguró Tae-oh con absoluta confianza.
En la sala ya se encontraban reunidos los altos directivos del corporativo. El gerente Cha entró por delante de ella, inflando el pecho.
—El lanzamiento ha sido todo un éxito, pero tengo entendido que surgió un inconveniente de última hora —señaló el director Kang, dirigiéndose a ambos con mirada inquisitiva.
—Director Kang, solo fue un detalle técnico que supe resolver a tiempo. Trabajé arduamente y se pudo solucionar sin ningún problema —declaró el gerente Cha, atribuyéndose descaradamente todo el mérito.
Ji-woo apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, pero prefirió quedarse en silencio. En ese instante, Tae-oh le colocó una mano firme sobre el hombro para infundirle calma.
—Todavía no es tiempo de darle su merecido a este idiota lunático —le susurró al oído.
Ella tuvo que contener nuevamente una sonrisa en medio de la sesión, limitándose a asentir con la cabeza a modo de agradecimiento hacia los directivos.
—Lo ha hecho muy bien, gerente Cha —le reconoció el director.
—Mi gente es muy eficiente, director Kang —repuso él, inflando el pecho.
Ji-woo lo miró con absoluto desconcierto ante el descaro de su superior.
—Ese idiota no sabe ni cómo atarse las agujetas de los zapatos. Está en ese puesto por contactos, no por conocimientos —intervino Tae-oh, cruzando los brazos sobre el pecho y moviendo la cabeza de un lado a otro con desprecio.