Mi Novio Imaginario

CAPITULO 3: Contraataque

CAPÍTULO III: 반격 (Ban-gyeok) Contraataque

Al día siguiente, Ji-woo llegó a la oficina. Todos se mostraban callados y permanecían en sus lugares. Ella se sentó en el escritorio y abrió los correos en la computadora. Tras una expresión de asombro, se levantó de su silla.

—Lo han hecho bien. Todos han terminado con las tareas de ayer —anunció.

Su equipo agachó la cabeza, cruzando miradas y sonriéndose entre sí con complicidad. Ji-woo caminó hacia el ventanal de vidrio, borró las tareas del día anterior con un borrador y comenzó a escribir las nuevas. Ellos la observaron en absoluto silencio.

—¿No crees que están demasiado sumisos? —le susurró Tae-oh al oído, sospechando de la situación.

Justo cuando Ji-woo caminaba de regreso a su escritorio, ingresó el gerente Cha gritando a todo pulmón:

—¡Han Ji-woo!

Ella lo miró atónita por la forma en que venía hacia ella, directo como un loco. Tae-oh se interpuso en su camino justo antes de que el hombre lograra alcanzarla. Pareció que el gerente se hubiese golpeado contra una pared sólida nuevamente. Los empleados lo miraban asombrados por su comportamiento errático; Kang-min, en particular, miraba hacia todos lados sumamente nervioso. El gerente Cha se agarró la nariz con ambas manos ante el agudo dolor invisible.

—¿Qué se le ofrece, gerente Cha? —le preguntó Ji-woo, haciéndole una reverencia educada mientras Tae-oh se corría a un lado.

—¡Aish! ¡Venga ahora mismo a mi oficina! —le gritó él.

Se dio media vuelta y salió apresurado ante la profunda vergüenza que acababa de pasar delante de todos.

Tae-oh le asintió con la cabeza para que se presentara en la oficina del gerente y la siguió por detrás, muy cerca de ella.

—No te preocupes, yo te cuidaré de ese lunático —le dijo, infundiéndole valor.

Ji-woo entró a la oficina del señor Cha.

—Dígame, gerente Cha —le dijo, haciéndole una pequeña reverencia.

—¡¿Quién se cree que es?! ¡Mire esto! —le espetó el gerente, gritándole mientras le arrojaba unas hojas sobre el escritorio.

Ji-woo tomó los documentos y leyó el informe brevemente.

—¡¿Por qué demonios su equipo está procesando una queja formal hacia usted por maltrato y abuso de autoridad?!

Ji-woo repasó con la mirada los nombres de todos los involucrados; la lista estaba encabezada por Min-jung y Kang-min.

—Esto no es verdad, gerente Cha. Ellos no trabajan como deberían —intentó explicarle, sintiendo cómo los nervios la traicionaban.

—¿No trabajan? ¡¿Qué es todo eso que escribió en la ventana?! ¡Eso es maltrato y difamación pública! —le siguió gritando el gerente.

Fuera de sí, el señor Cha le arrebató las hojas de las manos, las enrolló con fuerza y levantó el brazo con la clara intención de golpearla en la cabeza. En ese preciso instante, Tae-oh lo tomó de la oreja con mucha fuerza.

—¡¿Quién se cree usted para golpear a mi novia?! —le rugió Tae-oh.

Su voz impregnó el aire con tanta molestia que un eco helado resonó en las cuatro paredes de la oficina, provocándole un escalofrío espantoso al gerente mientras este se contorsionaba por un dolor insoportable en la oreja.

—¡Si esto hubiese llegado formalmente a Recursos Humanos, el que tendría que dar explicaciones soy yo! —le espetó él, sobándose la oreja con molestia ante el dolor—. ¡Vaya ahora mismo y discúlpese con su equipo! —agregó, haciendo ademanes con la otra mano.

Ji-woo ya, dile lo que le tengas que decir. Yo te respaldo —le animó Tae-oh, sonriéndole ante la situación.

Ella inspiró aire de manera profunda, plantando los pies con firmeza en el suelo.

—Entonces pediré una auditoría. Tengo cómo comprobar que tengo mis razones para escribir sus nombres en el vidrio, pero su propio nombre estará en el encabezado de la investigación, gerente Cha —declaró ella, enojada y ofendida, sacando todo lo que se había guardado durante años en el pecho.

—¿Me está amenazando, señorita Han? —le espetó él, dándole un paso al frente para intentar intimidarla con su estatura.

Tae-oh lo tomó con fuerza por la otra oreja.

—Este es otro claro ejemplo de las personas que simplemente no saben entrar en razón —comentó él de manera tranquila.

El gerente Cha se agarraba ambas orejas, contorsionándose sin entender qué le estaba sucediendo.

—Continúa, jagiya —le dijo Tae-oh, sonriéndole.

Ji-woo se sonrió sutilmente ante la forma tan dulce en que la llamó, pero recuperó la compostura al instante.

—Gerente Cha, ¿está seguro de querer entrar en una auditoría de Recursos Humanos? —lo amenazó ella con coraje.

—¿Se atreve a amenazarme? —masculló él, molesto pero visiblemente contenido por el miedo al dolor y al escándalo.

—No, solo le estoy avisando lo que puede llegar a suceder si no me respalda con la disciplina de mis subordinados.

Ella le dedicó una reverencia formal, se dio media vuelta y salió por la puerta seguida de Tae-oh. Cuando el gerente estalló en furia e intentó ir tras ella para desquitarse, Tae-oh le cerró la puerta en la cara, haciendo que se golpeara de lleno la nariz.

—¿Jagiya? —Le sonrió ella ante la ocurrencia de Tae-oh—. ¿Ahora te tendré que llamar oppa? —agregó Ji-woo jugando.

Tae-oh le sonrió pícaramente. Entraron a la oficina corporativa y ella pasó de largo, manteniendo una seriedad pronunciada en su rostro. Se sentó molesta en su escritorio, pero prefirió no decir nada. Comenzó a trabajar de inmediato, mientras Tae-oh vigilaba al equipo deambulando por el pasillo con los brazos cruzados sobre el pecho.

Llegada la hora del almuerzo, todos los subordinados salieron en absoluto silencio, intercambiando señas con los ojos con evidente satisfacción, creyendo que su jefa había sido reprendida. Ji-woo exhaló aire, quedándose por fin a solas con Tae-oh en la solitaria oficina.




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