Mi Novio Imaginario

Capitulo 4: Mi querido yo

CAPÍTULO IV: 나의 사랑하는 나 (Naui saranghaneun na) Mi querido yo

La luz dorada del sábado por la mañana se filtraba suavemente por la ventana del monoambiente. Ji-woo abrió los ojos sin la opresión habitual en el pecho; por primera vez en años, el fin de semana no se sentía como un simple refugio para esconderse del mundo, sino como un espacio de libertad. Al incorporarse en la cama, descubrió que Tae-oh ya estaba esperándola, sentado en el borde del sillón con su habitual postura impecable y una sonrisa que desbordaba entusiasmo.

—¡Buenos días, Ji-woo ya! —la saludó, poniéndose de pie de un salto—. Hoy es un gran día. Prepárate, porque nos vamos a Gangnam.

Ji-woo lo miró adormilada, parpadeando detrás de sus grandes anteojos de aumento.

—¿A Gangnam? ¿Para qué querríamos ir hasta allá un sábado por la mañana? —preguntó, estirando los brazos de manera perezosa.

—A cumplir nuestra promesa. Vamos a renovar por completo ese guardarropa gastado —sentenció él, señalando el armario con el dedo índice—. Tu economía es perfectamente sostenible y tu nueva postura erguida merece prendas que no intenten ocultarte del mundo.

Ji-woo bajó la mirada hacia sus cobijas, dudando por un instante. La idea de caminar por las sofisticadas calles de Gangnam y entrar a las boutiques elegantes la llenaba de una profunda timidez; sentía que una oruga como ella no encajaba en un lugar tan deslumbrante. Sin embargo, al levantar la vista y encontrarse con los ojos de enamorado de Tae-oh, llenos de una confianza absoluta e inquebrantable, sintió cómo sus defensas emocionales comenzaban a derretirse.

—Está bien… oppa —cedió en un susurro, ruborizándose levemente—. Iré a arreglarme.

Ellos viajaron en el metro hasta el distrito de Gangnam. Ella iba sumamente nerviosa, entrelazando los dedos sobre su bolso de gabardina mientras observaba a las personas elegantes que subían en cada estación. Al salir a la superficie, los imponentes rascacielos llenos de espectaculares de moda la hicieron encorvarse un poco por puro reflejo.

Entraron a la primera tienda, un local minimalista con acabados de mármol y prendas exclusivas colgadas con precisión quirúrgica. En cuanto cruzaron el umbral, las dos vendedoras que estaban cerca del mostrador la escanearon de arriba abajo. Al ver sus lentes gigantes de aumento y su suéter gastado tres tallas más grande, intercambiaron una mirada de desprecio y prefirieron seguir hablando entre sí, ignorando su presencia por completo de manera despectiva.

A Ji-woo le ganó la timidez de inmediato. Sintió que el aire del lugar se volvía asfixiante y que todos los espejos de la boutique le gritaban que no pertenecía ahí. Prefirió salir con las manos vacías ante la mala atención y el rechazo silencioso de esas mujeres.

—Te lo dije, oppa… este no es lugar para mí —le dijo con la voz quebrada en cuanto pisó la acera, deteniéndose a un costado de la calle con los ojos inundados de lágrimas a punto de caer.

Tae-oh caminó hasta ponerse frente a ella, bloqueando el bullicio de la avenida. Sin importarle que estuvieran en la vía pública, la tomó firmemente de la mano, transmitiéndole una calidez que la hizo levantar la vista.

—No dejes que unas ignorantes decidan lo que vales, Ji-woo ya —le dijo él con una mirada intensa y protectora, apretándole los dedos con suavidad—. Esas mujeres solo venden ropa; tú tienes la mente para dirigir un corporativo. No vamos a huir. Vamos a buscar una tienda que esté a tu altura. Sigue caminando conmigo.

Ella entró a la siguiente tienda, alentada por las palabras y el firme agarre de su mano. La ropa que se exhibía en los aparadores de este local le fascinó de inmediato; eran diseños elegantes, modernos y con una paleta de colores suaves que complementaban muy bien su tono de piel, aunque internamente dudaba si una figura como la suya se vería bien con esas prendas.

—¡No te detengas a mirar desde afuera! —le susurró él al oído, empujándola suavemente entre juegos hacia la entrada.

A los ojos de los transeúntes, Ji-woo simplemente había tomado impulso para cruzar la puerta de cristal, pero para ella, los ligeros empujones de Tae-oh la hicieron tropezar sutilmente con una sonrisa tímida.

Aquí, para su alivio, el trato fue diferente. Una de las empleadas, una mujer joven de cabello impecablemente recogido, se aproximó con amabilidad, aunque sus ojos reflejaban cierta duda al escanear el suéter gigante que Ji-woo traía puesto.

—Bienvenida a nuestra boutique, señorita —la saludó la empleada con una inclinación cortés—. ¿Busca algún estilo en particular para una ocasión especial?

—Yo… solo estaba mirando —titubeó Ji-woo, retrocediendo un paso por instinto.

—No dejes que te intimide —intervino Tae-oh, apareciendo a su lado e indicando un elegante vestido de dos piezas en un estante—. Pídele ese. Te aseguro que es de tu talla exacta.

Ji-woo tragó saliva, armándose de valor, y señaló la prenda.

—Me gustaría probarme ese conjunto, por favor. En talla pequeña.

—Por supuesto. Acompáñeme a los probadores, por favor —respondió la vendedora, tomando la prenda con profesionalismo, aunque manteniendo una expresión de sutil escepticismo sobre cómo le sentaría.

Una vez dentro del vestidor, Ji-woo se despojó de su enorme suéter y se colocó la prenda ajustada. Al mirarse al espejo, se quedó sin aliento: el corte estilizaba su figura y definía su silueta de una manera que jamás creyó posible. Sin embargo, el miedo a ser juzgada la paralizó; se quedó estática, dudando seriamente en salir a mostrarse ante la empleada que aguardaba afuera.

En ese instante, la cortina del vestidor se movió y Tae-oh asomó la cabeza de manera completamente espontánea y natural, mirándola de arriba abajo con una sonrisa deslumbrante.




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