Mi Otro Rostro

Capítulo 17- La esposa de Valcourt

El evento era inevitable.

Una gala anual organizada por el Consejo Empresarial Internacional.
Alta sociedad.
Prensa.
Socios estratégicos.
Competidores disfrazados de aliados.

Exactamente el tipo de escenario donde, meses atrás, Margaux Bellamy había hecho que Sorien Valcourt pareciera un hombre ignorado por su propia prometida.

Sorien ajustó los gemelos frente al espejo de su vestidor.

Traje negro impecable. Corte perfecto. Camisa blanca de seda fina. Corbata gris oscuro. Sin extravagancias.

Poder contenido.

Miró su reflejo un segundo más.

No estaba nervioso.

Pero estaba atento.

Salió del vestidor y cruzó hacia la habitación principal.

La puerta estaba entreabierta.

Se detuvo cuando la vio.

Margaux estaba frente al espejo.

El vestido era elegante sin exageración. Color verde esmeralda profundo que contrastaba con su piel clara. Escote discreto, espalda parcialmente descubierta. La tela caía con suavidad marcando su figura sin vulgaridad.

El cabello recogido en un moño bajo estructurado, dejando libres algunos mechones estratégicos.

Sus ojos grises resaltaban bajo un maquillaje sutil.

Sorien sintió el impacto físico.

No era solo belleza.

Era presencia.

Ella levantó la mirada en el espejo al notar que él la observaba.

—¿Está demasiado? —preguntó.

Sorien caminó hasta quedar detrás de ella.

—No.

Margaux giró ligeramente.

—¿Entonces?

Sorien sostuvo su mirada.

—Está perfecto.

Ella sonrió.

No arrogante.

Consciente.

—¿Lista? —preguntó él.

—Sí.

No hubo vacilación.

***

La gala se celebraba en el salón principal del Hotel Imperial.

Cientos de luces. Arañas de cristal. Música de cuerdas en vivo.

Cuando Sorien entró, todas las miradas giraron hacia él.

Pero esa noche no caminaba solo.

Margaux tomó su brazo.

No por protocolo.

Por decisión.

El murmullo fue inmediato.

Ella lo sintió.

Sorien también.

Pero esta vez no hubo distancia entre ellos.

Margaux se inclinó apenas hacia él.

—¿Siempre miran así? —susurró.

—Sí.

—¿Te molesta?

Sorien sostuvo su mirada.

—No.

Avanzaron.

Saludaron socios. Directores. Empresarios.

Margaux no se escondió detrás de él.

Tampoco intentó opacarlo.

Escuchaba. Respondía. Sonreía con medida.

Cuando alguien comentó con ironía ligera:

—Nos alegra verla tan… comprometida esta vez.

El aire se tensó apenas.

Sorien lo notó.

Margaux no perdió la compostura.

Sonrió con elegancia.

—Yo también me alegro —respondió—. Nunca es tarde para decidir bien.

El comentario desarmó la ironía.

Sorien la miró de reojo.

Eso no lo esperaba.

Siguieron avanzando.

Cerca del bar, una figura se recortó entre la multitud.

Hugo.

Traje azul oscuro. Corbata negra. Sonrisa social perfectamente colocada.

Observaba.

No interrumpía.

Solo observaba.

Margaux lo vio.

Su pulso no cambió.

Sorien también lo notó.

—¿Te incomoda? —preguntó en voz baja.

—No —respondió ella.

Hugo se acercó finalmente.

—Sorien —saludó con naturalidad, estrechando su mano—. Señora Valcourt.

Margaux sostuvo su mirada sin titubeo.

—Buenas noches.

Hugo sonrió apenas.

—Debo admitir que hacen una pareja impresionante.

Sorien respondió con calma.

—Gracias.

Hubo un silencio breve.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.