Mi Otro Rostro

Capítulo 20—La investigación

La casa de playa quedó en silencio después del incidente.

Los invitados se marcharon antes del amanecer. Algunos nerviosos, otros indignados. Nadie quería permanecer en un lugar donde alguien había intentado matar al anfitrión.

La policía local se quedó varias horas más.

Fotografiaron la terraza.

Recolectaron las copas.

Hablaron con el personal.

Intento de homicidio.

La palabra ya era oficial.

Sorien permaneció calmado durante todo el proceso.

Respondía preguntas con precisión.

Nunca levantaba la voz.

Nunca mostraba impaciencia.

Era el tipo de hombre que los investigadores respetaban porque no intentaba dominar la conversación.

Pero tampoco daba más de lo necesario.

Margaux se mantuvo cerca durante todo el interrogatorio colectivo.

Serena.

Educada.

Cuando el detective encargado se acercó a ellos, su tono fue profesional.

—Señor Valcourt, señora Valcourt… necesitamos confirmar algunos detalles.

Sorien asintió.

—Por supuesto.

—¿Recuerdan quién sirvió las bebidas en la terraza?

—Hugo —respondió Sorien—. Él mismo estaba sirviendo vino.

El detective anotó.

—¿Alguien más manipuló las copas?

Margaux negó suavemente.

—No que yo haya visto.

La respuesta fue tranquila.

Natural.

El detective observó unos segundos más.

—La intoxicación fue provocada por una sustancia líquida —explicó—. Algo que pudo mezclarse fácilmente en una bebida.

Sorien no reaccionó.

Margaux tampoco.

—Eso significa que cualquiera cerca de la barra pudo hacerlo —continuó el detective.

—Había varias personas allí —respondió Sorien.

El detective asintió.

—Seguiremos investigando.

Y se alejó.

***
Horas después, el sol ya estaba alto cuando Sorien decidió regresar a la ciudad.

Margaux estaba sentada en el asiento del copiloto mientras el auto avanzaba por la carretera costera.
El océano se extendía azul y tranquilo a la izquierda.
Demasiado tranquilo para lo que había pasado la noche anterior.

—¿Te arrepientes de haber venido? —preguntó Sorien de pronto.

Margaux lo miró.

—No.

—Fue un fin de semana extraño.

—Eso sí.

Sorien mantuvo la vista en la carretera.

—Intentaron matar a Hugo.

Margaux guardó silencio un segundo.

—¿Crees que fue alguien de negocios?

—Probablemente.

Ella asintió.

Era una explicación lógica.

Los enemigos empresariales eran comunes en ese nivel de poder.

—Espero que encuentren al responsable —dijo ella.

El tono fue firme.

Sorien la observó de reojo.

No vio tensión.

No vio miedo.

Solo determinación tranquila.

***
Hugo permaneció en el hospital dos días más.
Cuando finalmente regresó a la ciudad, recibió a la policía en su propio despacho.

El detective lo interrogó con paciencia.

—¿Tiene enemigos?

Hugo sonrió.

—Muchos.

—¿Alguno lo suficientemente desesperado para intentar matarlo?

—Eso es más difícil de responder.

El detective tomó nota.

—La sustancia utilizada no es común. No se compra fácilmente.

—Entonces alguien planeó esto con cuidado.

—Eso parece.

Hugo se recostó ligeramente en su silla.

—¿Creen que fue alguien en la fiesta?

—Es una posibilidad.

Hugo pensó unos segundos.

Recordó las conversaciones.

Las copas.

El momento en que empezó a sentirse mal.
Nada encajaba con claridad.

—No sabría señalar a nadie —dijo finalmente.

Y era verdad.

No tenía sospechas claras.

Para él, el ataque era lo que parecía ser:




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