Mi Otro Rostro

Capítulo 21—El error

La mansión Valcourt era silenciosa por las noches.
No el silencio incómodo de una casa vacía, sino el silencio controlado de un lugar donde todo estaba diseñado para la calma: alfombras gruesas, pasillos amplios, iluminación suave.

Vera estaba sentada en la biblioteca.
Un libro abierto frente a ella.
No lo estaba leyendo.

Sus ojos se movían sobre las palabras, pero su mente estaba en otro lugar.

En la terraza de la casa de Hugo.

En la copa.
En el momento exacto en que el líquido desapareció dentro del vino.

Había sido perfecto.
O casi perfecto.

Apoyó los dedos en la página sin pasarla.

El error no fue el veneno.

El error fue la dosis.

Y el error fue el momento.

Hugo bebió.

Pero no lo suficiente.

Ahora la policía estaba investigando.

Ahora la casa de playa estaba bajo revisión.

Ahora había preguntas.

Vera cerró el libro lentamente.
Si iba a hacerlo de nuevo… no podía ser así.
No podía depender de una bebida.
No podía depender del azar.
Tenía que ser algo inevitable.
Algo que no dejara margen de supervivencia.

Y sobre todo…

Algo que no pudiera relacionarse con ella.

Se levantó.

Caminó hasta el ventanal de la biblioteca.

El jardín interior estaba iluminado por la luz tenue de la fuente.
Pensó en Hugo.
Su sonrisa.
Su voz tranquila.
La forma en que hablaba con Sorien como si nada en el mundo pudiera separarlos.
Amigos.
Socios.
Confianza absoluta.
La mandíbula de Vera se tensó.
Ese hombre había asesinado a sus padres.
Y ahora caminaba libre.
No.
La próxima vez no habría error.

La puerta de la biblioteca se abrió.

Sorien entró.

Se detuvo al verla de pie frente al ventanal.

—Pensé que ya dormías.

Vera giró.

—No tenía sueño.

Sorien caminó hasta el bar discreto en la esquina del salón.

Sirvió dos dedos de whisky.

Le ofreció el vaso.

—Gracias.

Ella lo tomó.

Se sentaron frente a frente.

Durante unos segundos no hablaron.

—La policía volvió a llamar hoy —comentó él.

Vera lo miró.

—¿Sobre Hugo?

—Sí.

Bebió un poco.

—Creen que alguien de la fiesta tenía acceso directo a las copas.

La frase flotó entre ambos.

Vera sostuvo su mirada sin vacilar.

—Había muchas personas.

—Exacto.

Sorien apoyó el vaso sobre la mesa.

—Eso hace difícil encontrar al responsable.

Vera inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Crees que lo encontrarán?

Sorien la observó con atención.

—Eventualmente.

Ella asintió.

—Eso sería bueno.

La respuesta fue correcta.

Demasiado correcta.

Sorien no dijo nada más.

Pero la observó unos segundos más de lo habitual.

No buscaba culpa.

Buscaba incoherencias.

No encontró ninguna.

Vera bebió un pequeño sorbo.

—Hugo tuvo suerte.

Sorien apoyó la espalda en el sillón.

—Sí.

Hubo un silencio corto.

—La próxima vez podría no tenerla.

La frase salió antes de que Sorien pudiera detenerla.
Vera lo miró.

—¿Crees que habrá una próxima vez?

Sorien sostuvo su mirada.

—Si alguien quiso matarlo una vez… puede intentarlo de nuevo.

El aire se volvió más pesado.

Vera dejó el vaso en la mesa.

—Entonces debería cuidarse más.

Sorien asintió lentamente.

—Todos deberíamos.

El comentario tenía más capas de lo que parecía.

***
Más tarde, cuando Sorien subió a su despacho privado en la casa, se quedó mirando la pantalla del computador sin trabajar.

Había algo en su mente que no terminaba de encajar.

No una acusación.




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