El evento fue más pequeño que la gala.
Más privado.
Más selecto.
Un cóctel organizado por inversionistas internacionales en una terraza elevada del distrito financiero. No había prensa. No había música en vivo. Solo conversaciones medidas, negocios disfrazados de cortesía… y miradas que evaluaban sin disimulo.
Sorien no quería ir.
Pero debía.
Y esta vez, no dudó en llevarla.
Margaux.
Ella no eligió un vestido llamativo.
Eso ya no era su estilo.
Vestía negro.
Simple.
Elegante.
Preciso.
El cabello suelto, cayendo en ondas suaves. Maquillaje mínimo. Ojos más claros de lo habitual bajo la luz artificial.
Sorien la observó antes de salir.
No dijo nada.
Pero la forma en que ajustó su reloj… decía todo.
El evento transcurrió sin sobresaltos.
Pero sí con algo nuevo.
Respeto.
Nadie murmuraba ahora.
Nadie hacía comentarios irónicos.
Margaux no era la mujer que ignoraba a su prometido.
Era la esposa del Valcourt.
Y se comportaba como tal.
Escuchaba.
Intervenía lo justo.
Sonreía cuando debía.
Y cuando alguien insinuó con tono ligero:
—Vaya cambio el suyo, señora Valcourt…
Ella respondió sin titubeo:
—A veces uno solo necesita caer… para decidir cómo levantarse.
Silencio.
Respeto.
Sorien la miró.
No por sorpresa.
Por algo más profundo.
Orgullo.
***
De regreso en el auto, la ciudad pasaba como un reflejo lejano en los cristales.
No hablaron al inicio.
No hacía falta.
Pero el aire no era el mismo.
Había algo acumulado.
—Estuviste impecable —dijo Sorien finalmente.
Margaux lo miró.
—No estoy actuando.
—Lo sé.
Silencio.
Más corto.
Más íntimo.
—¿Te molesta? —preguntó ella.
—¿Qué cosa?
—Que sea distinta.
Sorien sostuvo la mirada un segundo.
—No.
Pausa.
—Me desconcierta.
La honestidad fue directa.
Margaux asintió.
—A mí también.
El auto se detuvo.
La mansión los recibió en silencio.
Subieron juntos.
Sin prisa.
Sin palabras innecesarias.
En el dormitorio, la tensión ya no era sutil.
Era clara.
Sorien se quitó la chaqueta.
Margaux lo observó.
No como antes.
No con duda.
Con decisión.
Se acercó.
No esperó.
Lo besó.
Esta vez no fue él quien inició.
Y eso… cambió todo.
Sorien respondió de inmediato.
Más firme.
Más profundo.
Sus manos la sostuvieron con seguridad.
Como si esa distancia que había impuesto durante días… dejara de tener sentido.
El beso se volvió más lento.
Más cargado.
Margaux no se apartó.
No dudó.
No retrocedió.
Y eso… terminó de romper la barrera.
Sorien apoyó su frente contra la de ella, respirando más profundo.
—Si no quieres esto, dilo ahora.
Margaux negó suavemente.
—Sí quiero.
No hubo más preguntas.
La noche cayó sin testigos.
Sin palabras innecesarias.
Sin promesas.
Solo dos personas que ya no estaban actuando… aunque ninguna entendiera completamente por qué.
***
Horas después…
El silencio era distinto.
Más íntimo.
Más real.
Margaux dormía.
Tranquila.
Sorien no.
Estaba sentado al borde de la cama.
Mirando al vacío.
No por arrepentimiento.
Por desconcierto.
Porque había algo que no encajaba.
Algo imposible.
Algo que no podía ignorar.
Se pasó una mano por el rostro.
Margaux Bellamy…
No debía ser así.
No podía ser así.
Él sabía.
Sabía lo suficiente.
Sabía que ella había tenido un amante.
Sabía que lo había traicionado durante meses.
Sabía que no había sido una mujer reservada.
Y sin embargo…
Esta noche…
No hubo duda.
No hubo experiencia.
No hubo memoria física.
Hubo… inicio.
Sorien cerró los ojos un segundo.
No.
No podía ser un error.
No podía confundirse en algo así.
Se puso de pie.
Caminó hacia el ventanal.
La ciudad dormía.
Pero su mente no.
Dos posibilidades.
O la mujer en esa cama no era quien él creía…
O todo lo que sabía sobre ella… era mentira.
Y ambas opciones eran peligrosas.
Miró hacia la cama.
Margaux dormía sin tensión.
Como alguien que no cargaba pasado.
Y eso…
Eso lo inquietó más que cualquier otra cosa.
***
A la mañana siguiente, Sorien no dijo nada.
Ni una sola palabra sobre lo ocurrido.
Ni una sola insinuación.
Ni una sola duda.
Se comportó como siempre.
Controlado.
Preciso.
Pero dentro…
Ya había tomado una decisión.
***
Horas más tarde, en su oficina del edificio Valcourt…
Sorien llamó a Adrián.
—Necesito que revises todo lo que tenemos sobre la vida privada de Margaux Bellamy.
—¿Todo, señor?
—Todo.
Pausa.
—Especialmente al hombre con el que se relacionaba antes del compromiso.
—Entiendo.
Sorien apoyó la mano en el escritorio.
—Quiero saber quién es.
—Ya teníamos un perfil…
—No me interesa el perfil.
Su voz bajó apenas.
—Quiero la verdad.
Adrián asintió.
—Lo tendrá.
Sorien se quedó solo.
Mirando la ciudad.
El problema ya no era Hugo.
El problema ya no era la investigación.
El problema… estaba en su propia casa.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Sorien Valcourt no estaba seguro de qué estaba enfrentando.
***
Mientras tanto…
En la mansión…
Margaux despertó lentamente.
Se llevó una mano al pecho.
Sintiendo algo nuevo.
Algo que no tenía nombre.
No era culpa.
No era miedo.