Mi Otro Rostro

Capítulo 26 — La mujer que no coincide

Sorien no tocó el café.

Llevaba varios minutos frente al escritorio, con la taza aún humeante a un lado y la carpeta abierta frente a él.

No leía por encima.

Leía con precisión.

Como si cada línea pudiera cambiar algo importante.

Y lo estaba haciendo.

—Señor —dijo Adrián desde el otro lado del escritorio—, esto es todo lo que encontramos.

Sorien no levantó la mirada.

—No —respondió con calma—. Esto es lo que estaba visible.

Pasó otra hoja.

Fechas.

Nombres.

Lugares.

Margaux Bellamy.

Y el hombre.

No era una coincidencia.

No era una sospecha.

Era una relación.

—Se veían con frecuencia —continuó Adrián—. No intentaban llamar la atención, pero tampoco era improvisado.

Sorien apoyó el dedo sobre una de las fechas.

—Aquí.

Adrián se inclinó.

—Hotel privado. Reserva bajo tercero. Permanecieron tres horas.

—Y aquí —señaló otra—.

—Restaurante. Entrada separada, salida conjunta.

Silencio.

Sorien cerró la carpeta un momento.

No para detenerse.

Para pensar.

Margaux no solo lo había rechazado.

Lo había engañado.

Durante meses.

Mientras él organizaba su boda.

Mientras su familia consolidaba alianzas.

Mientras él…

Esperaba.

Volvió a abrir el archivo.

Las últimas páginas eran las más importantes.

—Dos días antes del viaje —leyó en voz baja.

Adrián asintió.

—Se vieron.

Sorien no levantó la mirada.

—¿Confirmado?

—Totalmente.

—¿Y después?

—Nada.

Pausa.

—El accidente.

Silencio.

Ese era el punto.

No lo que pasó antes.

Lo que vino después.

Sorien cerró la carpeta definitivamente.

Porque ahora tenía algo claro:

- Margaux Bellamy tenía una vida emocional activa, constante, reciente
- Y la mujer que ahora vivía con él… no mostraba rastro de esa vida

Ni en gestos.

Ni en reacciones.

Ni en nada.

Y eso no era solo amnesia.

Era… otra cosa.

—Sigue a ese hombre —dijo finalmente.

—Ya estamos en ello.

—Quiero saber si intenta acercarse.

—Entendido.

Adrián se retiró.

Sorien no volvió a sentarse.

Caminó hacia el ventanal.

La ciudad se movía con normalidad.

Todo tenía lógica.

Todo tenía causa y efecto.

Menos ella.

***

Cuando regresó a la mansión, no avisó.

No le gustaba hacerlo cuando estaba pensando.

La encontró en el dormitorio.

Margaux estaba sentada en la cama, con un libro abierto entre las manos.

Pero no leía.

Lo sostenía.

Levantó la mirada cuando él entró.

—Llegaste temprano.

Sorien la observó.

Largo.

Sin esconderlo.

Algo en ella había cambiado desde la noche anterior.

No en apariencia.

En presencia.

—Sí.

Se quitó la chaqueta.

La dejó a un lado.

Se acercó.

—Quiero hablar contigo.

Margaux cerró el libro.

Lo dejó sobre la cama.

—Dime.

Sorien no se sentó.

Se quedó de pie frente a ella.

—Antes del accidente…

Pausa.

—Había alguien en tu vida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.