El seguimiento comenzó esa misma tarde.
Sorien no delegó todo.
Eso ya decía mucho.
Desde el ventanal de su despacho, observaba la calle con la misma concentración con la que analizaba contratos millonarios.
Pero esto no era un negocio.
Era peor.
—Está saliendo —dijo Adrián desde el auricular.
Sorien no respondió de inmediato.
—Síguelo.
El hombre caminaba con normalidad.
Nada llamativo.
Nada que gritara peligro.
Nada que justificara el peso que había tenido en la vida de Margaux.
Entró a un restaurante.
Solo.
—Mesa para uno —informó Adrián.
Sorien frunció ligeramente el ceño.
—¿Seguro?
—Sí.
Una hora después…
—Se va.
—¿Solo?
—Solo.
Sorien apoyó los dedos contra el escritorio.
Eso no era imposible.
Pero tampoco encajaba.
—Sigue.
El recorrido continuó.
Una tienda.
Un banco.
Una llamada.
Nada.
Nada que pareciera una relación reciente.
Nada que indicara urgencia.
Nada que sugiriera que ese hombre estuviera esperando a alguien.
—No intenta contactarla —dijo Adrián.
—Sigue observando.
Sorien cortó la llamada.
Se quedó en silencio.
Si ese hombre había sido importante…
Si realmente había sido constante…
Si había estado con ella hasta dos días antes del accidente…
¿Por qué ahora…no hacía nada?
No la buscaba.
No preguntaba.
No reaccionaba.
Como si nunca hubiera existido nada real.
Sorien apretó la mandíbula apenas.
Eso…
Eso sí era una grieta.
***
Esa noche, llegó a la mansión más tarde.
Margaux estaba en el comedor.
No esperando.
Pero tampoco ajena.
Levantó la mirada.
—Llegaste tarde.
Sorien la observó.
Ya no la veía igual.
No porque desconfiara completamente.
Sino porque ahora sabía que algo no estaba donde debía estar.
—Tenía trabajo.
Se sentó frente a ella.
Margaux lo observó unos segundos.
—¿Todo bien?
Sorien sostuvo su mirada.
—Eso intento averiguar.
La frase quedó en el aire.
Margaux sintió el peso.
Pero no preguntó.
Porque algo en la forma en que la miraba… había cambiado.
Después de la cena, subieron juntos.
No hubo conversación innecesaria.
Pero tampoco distancia.
En el dormitorio, el silencio no era incómodo.
Era… cargado.
Sorien se quitó la camisa.
Margaux lo observó.
No como antes.
Ahora lo conocía.
Y él…
También a ella.
Se acercó.
—Estás pensando demasiado —dijo ella.
Sorien la miró.
—Y tú no lo suficiente.
Margaux ladeó ligeramente la cabeza.
—No puedo pensar en lo que no recuerdo.
Silencio.
Sorien dio un paso hacia ella.
—Eso es lo que me preocupa.
Margaux sostuvo su mirada.
—Entonces deja de buscar en el pasado.
Se acercó más.
—Y quédate conmigo.
La frase no fue calculada.
Fue real.
Y eso…
Eso lo debilitó.
La tomó por la cintura.
El beso no fue lento.
Fue necesario.
Como si ambos intentaran anclarse en algo que sí era cierto.
Porque todo lo demás…
Empezaba a fallar.
***
Horas después…
Margaux dormía.
Sorien no.
Otra vez.
Estaba sentado, con la mirada fija en el suelo.
Pensando en el hombre.
En el amante.
En la ausencia de reacción.
En el vacío.
Y en ella.
Nada encajaba.
Nada.
Y Sorien Valcourt…
No era un hombre que aceptara eso.
***
A la mañana siguiente…
—No es él —dijo Adrián.
Sorien levantó la mirada.
—¿Qué?
—El hombre.
Pausa.
—No actúa como alguien que tuvo una relación real con ella.
Silencio.
—¿Explica?
—No hay rastro de interés actual.
No hay intento de contacto.
No hay reacción al accidente.
Adrián sostuvo su mirada.
—Es como si nunca hubiera sido importante.
Sorien no respondió de inmediato.
Porque esa frase…
Confirmaba lo que ya empezaba a sospechar.
—Pero lo fue —dijo finalmente.
—En los registros, sí.
Silencio.
—En la realidad…no lo parece.
Sorien se levantó lentamente.
Ahora sí…
El problema no era el hombre.
Era la historia.
Y si la historia estaba mal…
Entonces alguien la había construido así.
***
Mientras tanto…
En la mansión…
Margaux estaba sola.
De pie frente al espejo.
Pensando.
No en el amante.
No en el pasado.
En Sorien.
En la forma en que la miraba ahora.
En la forma en que la tocaba.
En la forma en que…
La estaba afectando.
Cerró los ojos un segundo.
Alaric.
Hugo.
Venganza.
Todo seguía ahí.
Pero algo más…
Había crecido.
Y eso…
Eso no estaba en el plan.
***
Sorien no volvió a tocar el tema del amante.
No directamente.
No con ella.
Pero eso no significaba que lo hubiera dejado atrás.
Todo lo contrario.
A las siete de la mañana ya estaba en su despacho.
Sin café.
Sin distracciones.
Solo el archivo abierto frente a él.
Margaux Bellamy.
Amante confirmado.
Relación activa.
Último encuentro: dos días antes del viaje.
Y después…
El vacío.
—Adrián.
—Señor.
—Quiero reconstruir ese viaje.
Silencio breve.
—¿El del accidente?
—Sí.
Pausa.
—Desde el inicio.
Adrián tomó nota.
—Salida, trayecto, destino…
—Y la amiga.
Su voz bajó apenas.
—Quiero saber quién es.
Dos horas después…
—No aparece —dijo Adrián.
Sorien levantó la mirada lentamente.
—¿Qué significa “no aparece”?
—No hay registros consistentes.