Mi Otro Rostro

Capítulo 28 —La verdad que fue enterrada

Sorien siempre había creído que la verdad dejaba huellas.

Incluso cuando alguien intentaba borrarlas.

Por eso no le bastó con el expediente.

Ni con el amante.

Ni con la caída.

Había algo antes.

Y ese “antes”… no estaba donde debía estar.

—El traslado —dijo, de pie frente al escritorio—. Quiero todo.

Adrián asintió.

—Ya encontramos algo.

El silencio en la oficina era denso.

No incómodo.

Preciso.

Adrián abrió la carpeta.

—No fue llevada directamente al hospital.

Sorien no reaccionó.

—Eso ya lo sé.

—Pero sí sabemos quién autorizó el traslado.

Deslizó la hoja.

Sorien la tomó.

No había nombre completo.

Solo una firma.

A. V.

Sorien entrecerró los ojos.

—No aparece en ningún registro vinculado a los Bellamy —continuó Adrián—. Ni eventos, ni empresas, ni relaciones cercanas.

—Entonces no debería estar ahí.

—Exacto.

Silencio.

Sorien dejó el documento sobre la mesa.

—Ese hombre decidió qué historia llegó al hospital.

Adrián no respondió.

No hacía falta.

—Encuéntralo.

—Lo haré.

***

Esa noche, cuando Sorien entró a la mansión, no estaba pensando en respuestas.

Estaba pensando en contradicciones.

La encontró en la sala.

Margaux levantó la mirada.

—Llegaste tarde.

Sorien se acercó lentamente.

—Quiero preguntarte algo.

Ella lo observó.

—Dime.

—¿Quién te llevó al hospital?

Silencio.

Margaux no dudó en la respuesta.

—No lo sé.

No bajó la mirada.

No se tensó.

Nada.

Vacío.

Sorien la sostuvo con la mirada.

—Alguien firmó tu traslado.

—No lo recuerdo.

La respuesta fue firme.

No evasiva.

Cerrada.

Y eso…

Le dijo más que cualquier confesión.

Sorien dio un paso atrás.

Ella no estaba mintiendo.

Pero tampoco estaba entregando nada.

—Está bien —dijo finalmente.

Y eso fue todo.

No insistió.

No presionó.

Pero algo cambió.

Porque ahora sabía que había una parte de su historia…

Que no iba a salir de ella.

***

Esa noche, cuando la tuvo cerca…

No fue solo deseo.

Fue necesidad.

Como si aferrarse a ella fuera la única cosa real en medio de todo lo demás.

Margaux lo sintió.

Y respondió.

Pero esta vez…

Algo en su interior no estaba en paz.

Porque mientras lo besaba…

Mientras lo tocaba…

Había una voz.

Una sola.

Recuerda por qué estás aquí.

Alaric.

***

En otro lugar de la ciudad…

Alaric Varnier no miraba pantallas.

No las necesitaba.

Tenía información mejor que eso.

Sonrió levemente mientras servía dos copas.

—Va bien —dijo.

Frente a él…Margaux Bellamy.

La verdadera.

Sentada con elegancia.

Piernas cruzadas.

Mirada fría.

No era la mujer que Sorien tenía en casa.

Era otra cosa.

Más consciente.

Más peligrosa.

—Va mejor de lo que esperaba —respondió ella, tomando la copa—. Se casó con ella.

Alaric inclinó apenas la cabeza.

—Eso era necesario.

Margaux sonrió.

—Lo sé.

Bebió un poco.

—Sorien nunca se habría quedado si yo seguía en su vida como antes.

—No —dijo Alaric—. Él necesitaba perderte…

Pausa.

—Para aceptar a otra.

Margaux lo miró con interés.

—Y ahora la tiene en su casa.

—Exacto.

Silencio.

—¿Sabes lo mejor? —añadió ella, con una sonrisa ligera—. Cree que tiene el control.

Alaric soltó una risa baja.

—Todos creen eso… hasta que dejan de tenerlo.

Margaux apoyó la copa.

—¿Cuándo terminamos esto?

La pregunta no fue emocional.

Fue práctica.

Alaric la observó.

—Cuando Hugo deje de existir.

Silencio.

Margaux no dudó.

—Lo hará.

—Sí.

Alaric dio un paso más cerca.

—Porque ella lo hará.

No dijo su nombre.

No hacía falta.

—¿Y después? —preguntó Margaux.

Alaric la miró.

Esta vez…

Sin suavizar nada.

—Después… no pueden quedar cabos sueltos.

Margaux sostuvo su mirada.

No había sorpresa.

—Lo sé.

Julieta.

La pieza.

La herramienta.

La mujer que creía ser otra.

—Nunca debió sobrevivir al accidente —añadió Alaric con calma—. Pero cuando despertó…

Pausa.

—Me dio algo mejor.

Margaux lo observó.

—Olvido.

Alaric sonrió apenas.

—Una mente vacía es más fácil de llenar.

Silencio.

—¿Y sus padres? —preguntó ella.

—Vivos.

Margaux alzó una ceja.

—¿Lo saben?

—No.

—¿Qué creen?

Alaric tomó su copa.

—Que su hija está en el extranjero.

Estudiando.

Viviendo su vida.

Pausa.

—Feliz.

Margaux sonrió.

—Perfecto.

***

En la mansión…

Margaux cerró los ojos en la oscuridad.

Sorien dormía a su lado.

Su brazo rodeándola.

Calor.

Protección.

Algo que no estaba en el plan.

Y por primera vez…

No pensó en Hugo.

No pensó en la venganza.

Pensó en algo peor.

¿Y si todo lo que le dijeron… no era verdad?

Abrió los ojos.

El techo.

La oscuridad.

El silencio.

Y una sensación creciendo.

No de odio.

De duda.




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