Hugo no volvió a abrir la carpeta de Clara Duvall.
La dejó sobre el escritorio.
Visible.
Intacta.
Como un recordatorio… no de una respuesta, sino de una mentira demasiado cómoda.
Se sirvió un whisky.
No por gusto.
Por costumbre.
Giró el vaso lentamente entre los dedos, observando el líquido ámbar como si dentro estuviera la respuesta.
—No fue ella —murmuró.
No lo dijo con duda.
Lo dijo con certeza.
No porque confiara en Clara.
Sino porque conocía el tipo de mujeres que elegía.
Clara era ambiciosa.
Superficial.
Interesada.
Pero no era paciente.
Y lo que había pasado…
Había requerido paciencia.
Un golpe en la puerta.
—Adelante.
El detective entró sin ceremonia.
—Necesito hacerle unas preguntas más.
Hugo no se sentó.
—Ya respondí todo.
—Lo sé —respondió el hombre—. Pero ahora necesitamos precisión.
Silencio.
Hugo dejó el vaso sobre la mesa.
—Hable.
El detective abrió su libreta.
—¿Quién tuvo acceso a su bebida antes del incidente?
—Ya se lo dije.
—Quiero que lo repita.
Hugo lo miró.
—Clara.
—¿Alguien más?
Pausa.
Hugo pensó.
El momento exacto.
El lugar.
La mesa.
—Había personal —respondió—. Meseros. Servicio.
—¿Confía en ellos?
Hugo soltó una risa seca.
—No confío en nadie.
El detective anotó.
—¿Alguien cercano?
Hugo frunció el ceño.
—¿A qué se refiere?
—Alguien que no levante sospechas.
Silencio.
La pregunta fue sutil.
Pero precisa.
Hugo lo observó fijamente.
—Si tuviera a alguien así…
Pausa.
—No estaría sentado aquí hablando con usted.
El detective cerró la libreta.
—O tal vez sí.
Y esa frase…
Se quedó en el aire.
***
En la mansión Valcourt, la cena comenzaba.
El ambiente era elegante.
Silencioso.
Pero no relajado.
Sorien estaba sentado en la cabecera.
Margaux frente a él.
La conversación era ligera.
Superficial.
—El evento del viernes se canceló —dijo ella.
—Lo sé —respondió él.
—¿Fue por lo de Hugo?
Sorien levantó la mirada.
—Sí.
Silencio breve.
Margaux tomó la copa.
—Es extraño.
—¿Qué cosa?
—Que alguien haya intentado matarlo.
La frase fue neutra.
Pero no vacía.
Sorien no respondió de inmediato.
—No es tan extraño —dijo finalmente—. Hugo no es un hombre fácil de querer.
Margaux esbozó una leve sonrisa.
—Eso es cierto.
Pausa.
—¿Crees que fue Clara?
Ahora sí.
Sorien la miró.
Fijamente.
—No lo sé.
Margaux sostuvo su mirada.
—Yo tampoco.
Y no dijo más.
Pero en ese “yo tampoco”…
Había algo.
No duda.
Distancia.
Sorien dejó los cubiertos.
—¿Te parece lógico?
Margaux ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Qué cosa?
—La forma.