Mi Otro Rostro

Capítulo 30 — Lo que ella no recuerda

La mansión estaba en silencio cuando Hugo llegó.

No anunció su visita.

No pidió permiso.

El guardia lo reconoció de inmediato.

—Señor Marcellin…

—Estoy aquí para hablar con la Señora Margaux.

No fue una petición.

Fue una decisión.

El portón se abrió.

Dentro, el mayordomo no ocultó su sorpresa.

—Señor Marcellin…

—No necesito que me anuncies —interrumpió Hugo—. Dile que estoy aquí a la Señora Margaux, necesito hablar con ella.

El hombre dudó apenas un segundo.

—Sí, señor.

Margaux no esperaba visitas.

Mucho menos esa.

Cuando el mayordomo pronunció su nombre…

Algo en su pecho se tensó sin razón clara.

—El señor Hugo Marcellin desea verla.

Silencio.

Margaux no preguntó por qué.

—Hazlo pasar.

Hugo entró al salón con la misma seguridad de siempre.

Pero no era el mismo.

No después de lo ocurrido.

Sus ojos la encontraron de inmediato.

Y se detuvieron.

Un segundo.

Dos.

Como si estuviera comparando.

—Margaux.

Ella sostuvo su mirada.

—Hugo.

No se acercó.

No sonrió.

Nada.

Y eso…

Ya era una respuesta.

Hugo avanzó un par de pasos.

—Quería verte.

Margaux no preguntó por qué.

—Aquí estoy.

Silencio.

Hugo la observó con atención.

No como hombre.

Como alguien que intenta confirmar algo.

—Así que es cierto —dijo finalmente—. No recuerdas.

Margaux sostuvo su mirada.

—No.

Sin rodeos.

Sin adornos.

Hugo ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Nada?.

—Nada.

Silencio.

Hugo soltó una risa baja.

No burlona.

Incrédula.

—Conveniente.

Margaux no reaccionó.

—Es lo que hay.

Hugo caminó lentamente por el salón.

Mirando alrededor.

Como si el espacio también le hablara.

—El viaje —dijo de pronto.

Margaux no se movió.

—¿Qué pasa con el viaje?

Hugo giró hacia ella.

—No fuiste con una amiga.

Silencio.

—Fuiste conmigo.

La frase cayó pesada.

Margaux no apartó la mirada.

—No lo recuerdo.

Y no mentía.

Hugo la observó más de lo necesario.

—Ese día discutimos.

Pausa.

—Tú terminaste conmigo.

Margaux sintió algo.

No una imagen.

Pero sí…

Una sensación.

Rechazo.

Desprecio.

—Pensé que lo de la caída —continuó Hugo— fue una forma de llamar mi atención.

Su voz fue fría.

Como si no le importara.

Pero sí le importaba.

Margaux lo sostuvo.

—No lo fue.

La respuesta salió firme.

No como Margaux.

Como ella.

Hugo entrecerró los ojos.

—No.

Pausa.

—Supongo que no.

Silencio.

—Pero eso no cambia lo que eras.

Esa frase…

Sí golpeó.

Margaux ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Y qué era?

Hugo no dudó.

—Alguien que jugaba con todo.

Pausa.




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