Sorien no cerró la carpeta.
Tampoco la ordenó.
La dejó abierta sobre el escritorio, con la fotografía de Julieta visible, como si al cubrirla fuera a perder algo importante.
No durmió.
No lo intentó.
A la mañana siguiente, Adrián entró sin necesidad de anuncio.
Lo conocía lo suficiente.
Cuando Sorien no descansaba… no era por trabajo.
—¿Quieres café? —preguntó, dejando su teléfono sobre la mesa.
—No.
Respuesta corta.
Pero no seca.
Adrián se acercó al escritorio.
Sus ojos bajaron a la fotografía.
—¿Es ella?
Sorien apoyó la mano sobre el documento.
No la ocultó.
—Sí.
Adrián observó la imagen unos segundos más.
—No es Margaux.
—No.
Silencio breve.
—¿Entonces?
Sorien levantó la mirada.
—Julieta.
Adrián frunció el ceño.
—¿La amiga de Ariane?
—La misma.
Eso sí sorprendió.
No por drama.
Por implicación.
Adrián tomó aire despacio.
—¿Estás seguro?
Sorien giró la carpeta hacia él.
—Mírala.
Adrián lo hizo.
Sin prisa.
Comparó mentalmente.
Rasgos.
Estructura.
Expresión.
—Sí… —murmuró—. Es ella.
Cerró la carpeta con cuidado.
—Entonces alguien la reemplazó.
—No —corrigió Sorien con calma—. La transformaron.
Eso era distinto.
Y más grave.
Silencio.
Adrián apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—¿Qué necesitas?
Sorien no dudó.
—Quiero saber cómo llegó a esto.
—¿Desde cuándo?
—Ocho meses.
Adrián asintió.
—Voy a empezar por sus movimientos. Vida social, viajes, contactos cercanos.
—Empieza por Margaux.
Adrián levantó la vista.
—¿Crees que está conectada?
Sorien sostuvo su mirada.
—No creo en coincidencias.
Eso bastó.
—Dame unas horas —dijo Adrián.
No fueron horas.
Fueron casi dos días.
Porque Julieta no era alguien fácil de rastrear.
No tenía escándalos.
No tenía conflictos.
No tenía enemigos visibles.
Era… estable.
Y ese tipo de personas dejan menos rastro.
Cuando Adrián regresó, esta vez no entró directo.
Tocó.
—Pasa.
Traía otra carpeta.
Más delgada.
Pero más peligrosa.
—Ya tengo algo.
Sorien levantó la mirada.
—Habla.
Adrián dejó el archivo sobre el escritorio, pero no lo abrió de inmediato.
—No hay registros sospechosos en su vida habitual —comenzó—. Nada fuera de lo normal. Estudios, eventos sociales, círculos cerrados… todo limpio.
Sorien no reaccionó.
—Pero hay un cambio —añadió Adrián—. Justo hace ocho meses.
Ahí estaba.
—¿Qué tipo de cambio?
Adrián abrió la carpeta.
—Empieza a aparecer con Margaux Bellamy.
Silencio.
Sorien apoyó los dedos sobre la mesa.
—¿Dónde?
—Restaurantes, reuniones privadas… no eventos grandes. Encuentros más… personales.
—¿Frecuencia?
—Alta.
Pausa.
—Muy alta para una relación reciente.
Sorien lo miró fijamente.
—¿Quién se acerca a quién?
Adrián no dudó.
—Margaux a Julieta.
Eso no le gustó.
Nada.
—Sigue.
Adrián pasó la hoja.
—Hacen un viaje juntas.
—¿Cuándo?
—Es el viaje que hizo Margaux.
—¿Destino?
—Un pueblo turístico. Pequeño. Bastante discreto.
Sorien se inclinó ligeramente hacia el escritorio.
—¿Registro del viaje?
—A nombre de Margaux.
—¿Y Julieta?
—No aparece con su nombre. Pero hay dos boletos.
Silencio.
—Era ella.
—Sí.
Sorien se pasó una mano por la mandíbula.
—¿Qué pasó allá?
Adrián negó.
—No hay mucho registro de su estadía. Es un lugar pequeño, poco digitalizado.
—¿Y después?
Adrián respiró despacio antes de responder.
—Margaux desaparece del registro.
Silencio.
—¿Cómo que desaparece?
—No hay salida registrada. No hay vuelos. No hay pagos. No hay nada.
Eso era peor que una respuesta.
—¿Y Julieta?
—Se queda unos días más.
Sorien levantó la mirada.
—¿Sola?
—Sí.
Esa palabra se sintió mal.
—¿Y luego?
Adrián pasó otra hoja.
—Julieta regresa.
—Explícalo bien.
—Julieta toma un taxi hacia el aeropuerto, lo hace sola, sin Margaux, ya que ella desaparece del hotel.
Sorien no interrumpió.
—El trayecto dura unos cuarenta minutos —continuó Adrián—. Nunca llega.
Silencio.
—¿Por qué?
—Tiene un accidente.
Sorien no se movió.
—¿Grave?
—Choque frontal.
Pausa.
—El conductor murió en el acto.
El aire se volvió pesado.
—¿Qué paso con Julieta en ese accidente?
—Sobrevive.
Sorien cerró los ojos un segundo.
—¿Hospital?
Adrián negó.
—No hay ingreso inmediato en ningún hospital público.
—¿Entonces?
Adrián señaló el documento.
—Un vehículo privado llega al lugar antes que el traslado oficial.
Silencio.
—¿Quién?
—No hay registro.
—¿Placas?
—Falsas.
Ahora sí…
Todo encajaba.
—Se la llevaron.
No fue pregunta.
Adrián asiente lentamente.
—Sí.
El silencio se instaló.
Pesado.
Real.
Sorien se levantó.
Caminó hacia el ventanal.
No dijo nada durante varios segundos.
—No fue una decisión de ella —dijo finalmente.
Adrián tampoco habló de inmediato.
—No.
—Fue llevada.
—Sí.
Sorien apoyó una mano en el vidrio.
Frío.
Firme.
—Margaux la acercó.
—Sí.
—La sacó de su entorno.
—Sí.
—Y después desapareció, todo fue planeado, pero ¿cuál fue el motivo? no creo que tenga que ver con la boda, Margaux simplemente no se aparece en el registro y no hay boda.
Adrián no respondió.
No hacía falta.
—Quiero saber quién recogió a Julieta —dijo Sorien sin girarse.