Mi Otro Rostro

Capítulo 33 — Sombras que no recuerdan

La noche no siempre traía descanso.

A veces…

Traía recuerdos que no existían.

Vera se movió entre las sábanas.

Inquieta.

Tensa.

No era un sueño claro.

Era fragmentado.

Roto.

Un camino.

Oscuro.

El sonido de un motor.

Luces.

Demasiado cerca.

Un giro brusco.

Un grito.

Y luego…

Impacto.

El mundo se volcó.

Metal contra metal.

Cristales.

El olor.

A sangre.

A gasolina.

A miedo.

Vera jadeó dentro del sueño.

Intentó moverse.

Pero no podía.

Su cuerpo no respondía.

—Ayuda… —susurró.

Pero su voz no salía.

La puerta del vehículo estaba torcida.

El aire era pesado.

Y alguien…

Alguien abrió la puerta.

No veía el rostro.

Solo la silueta.

Oscura.

—Tranquila —dijo una voz masculina.

Calma.

Demasiado calma.

Eso fue lo que la hizo temblar.

No el accidente.

La voz.

Vera abrió los ojos de golpe.

Se incorporó con un jadeo.

Respiración descontrolada.

El corazón golpeándole el pecho.

—No… —murmuró, llevándose una mano a la frente.

El cuarto estaba oscuro.

En silencio.

Pero su cuerpo…

Seguía en el accidente.

—Respira.

La voz llegó firme.

Cerca.

Sorien.

Ella giró hacia él.

No lo había sentido acercarse.

No lo había escuchado.

Pero estaba ahí.

Sentado a su lado.

Observándola.

—Fue un sueño —dijo él.

Vera negó.

—No…

Su voz tembló.

—Se sintió real.

Sorien no la interrumpió.

Esperó.

—El accidente… —susurró ella— creo que soñé con un accidente.

Silencio.

Sorien la miró con más atención.

—¿Recuerdos?

Vera cerró los ojos un segundo.

—No lo sé… —admitió—. No puedo ver todo… pero… se sintió como si yo estuviera ahí.

Su respiración volvió a acelerarse.

—Había alguien…

Sorien se inclinó ligeramente hacia ella.

—¿Quién?

Vera negó.

—No vi su cara.

Pausa.

—Pero… me dio miedo.

Eso fue lo importante.

No el accidente.

La sensación.

Sorien no dijo nada más.

Simplemente la rodeó.

La atrajo hacia él.

Firme.

Seguro.

Vera no se resistió.

Al contrario.

Se aferró.

Como si su cuerpo lo hubiera decidido antes que su mente.

—Estás aquí —dijo Sorien en voz baja—. Estás bien.

No eran palabras vacías.

Eran anclas.

Vera cerró los ojos.

Apoyó el rostro en su pecho.

Su respiración empezó a calmarse.

Poco a poco.

—No quiero sentir eso otra vez —murmuró.

Sorien pasó una mano por su espalda.

—No tienes que hacerlo sola.

Y esa frase…

Se quedó.

Esa noche, no hubo distancia.

Pero tampoco deseo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.