Mi Otro Rostro

Capítulo 34 —Lo que el cuerpo recuerda

El desayuno estaba servido.

Perfecto.

Como siempre.

Pero Vera no tenía hambre.

Sostenía la taza entre las manos sin beber.

Mirando el vapor… sin verlo.

—Se te va a enfriar.

La voz de Sorien fue tranquila.

Vera parpadeó.

—Sí…

Pero no bebió.

Algo no estaba bien.

No en la casa.

En ella.

Había dormido.<

Después de la pesadilla, había logrado hacerlo.

Pero el descanso no había llegado.

Porque algo…

Se había quedado.

No era una imagen.

Era una sensación.

Como si su cuerpo recordara algo que su mente no podía alcanzar.

—¿Sigues pensando en el sueño? —preguntó Sorien.

Vera negó.

—No es el sueño.

Pausa.

—Es… lo que siento después.

Sorien la observó con atención.

—Explícalo.

Vera dudó.

—No puedo.

Se llevó la mano al pecho.

—Es como… si algo estuviera mal.

Pausa.

—Como si estuviera recordando… pero sin recordar.

Sorien no respondió de inmediato.

Pero no apartó la mirada.

—Eso suele pasar —dijo finalmente—. La memoria no vuelve en orden.

Vera soltó una pequeña risa sin humor.

—Genial.

Silencio.

—Entonces voy a volverme loca en partes.

Sorien no sonrió.

Pero su mirada se suavizó apenas.

—No.

Pausa.

—Vas a reconstruirte.

Esa frase…

Se quedó.

Vera bajó la mirada.

Y en ese momento…

Algo pasó.

Un destello.

No visual.

Físico.

Una mano.

La suya.

Pero más pequeña.

Sosteniendo otra.

Más grande.

Cálida.

Segura.

Vera soltó la taza de golpe.

El sonido del porcelanato contra la mesa fue seco.

—¿Qué pasó? —preguntó Sorien de inmediato.

Vera respiraba agitado.

—No sé…

Se llevó la mano a la sien.

—Sentí algo.

—¿Un recuerdo?

—No…

Negó.

—No vi nada.

Pausa.

—Pero… lo sentí.

Sorien se inclinó ligeramente hacia ella.

—¿Qué sentiste?

Vera cerró los ojos.

—Una mano.

Silencio.

—Alguien me sostenía.

Otra pausa.

—Y yo… confiaba.

Eso no era Margaux.

Y Sorien lo supo.

—¿Te da miedo? —preguntó él.

Vera abrió los ojos.

—No.

Pausa.

—Eso es lo raro.

No era miedo.

Era…

Nostalgia.

—Eso es bueno —dijo Sorien.

Vera lo miró.

—¿Por qué?

—Porque no todo lo que perdiste era malo.

Silencio.

Pero dentro de ella…

Algo no encajaba.

Porque si eso era cierto…

Entonces…

¿quién había sido ella antes?

***

Más tarde, en la habitación…

Vera se miraba al espejo.

Ese rostro.

Perfecto.

Pero ahora…

Se sentía ajeno.

Apoyó la mano sobre el vidrio.

Y entonces…




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