Mi Otro Rostro

Capítulo 36 —El nombre equivocado

El espejo no mentía.

Pero tampoco decía toda la verdad.

Vera se observaba en silencio.

Ese rostro…

Perfecto.

Impecable.

Pero ahora…

Ajeno.

—Vera… —murmuró.

Nada.

No rechazo.

No conexión.

Solo vacío.

Cerró los ojos.

Respiró hondo.

—Julieta.

Ahí estaba.

No como recuerdo completo.

Pero sí como algo que…

Le pertenecía.

Abrió los ojos lentamente.

—No…

Esa vez no fue negación.

Fue miedo.

Porque si ese nombre era el suyo…

Entonces todo lo demás…

Era mentira.

En el edificio Valcourt…

—La línea del accidente está cerrando —dijo Adrián, entrando con un archivo en la mano.

Sorien levantó la vista.

—Explícalo bien.

Adrián se acercó y dejó la carpeta sobre el escritorio.

La abrió él mismo.

—El vehículo que recogió a Julieta no aparece en registros oficiales.

—Eso ya lo sé.

—Pero sí aparece en cámaras posteriores.

Pausa.

—Sale de la zona del accidente y toma una ruta privada.

Sorien se inclinó ligeramente.

—Destino.

—Una clínica.

—Nombre.

Adrián negó.

—No figura en registros públicos. Pero hay pagos vinculados a ese lugar.

—¿Quién paga?

Adrián sostuvo su mirada.

—Las transferencias están ocultas. Pero todas llevan al mismo punto.

Pausa.

—Iniciales A. V.

Silencio.

Ahora sí…

Todo tenía forma.

—Sigue —ordenó Sorien.

—No es una clínica común —añadió Adrián—. Opera fuera de supervisión directa. Procedimientos privados. Sin registro oficial completo.

Eso encajaba con lo que Sorien ya había visto.

El expediente.

La cirugía.

El cambio de rostro.

—Quiero nombres —dijo Sorien.

—Los vas a tener.

En otra parte de la ciudad…

Margaux se observaba en el espejo.

Perfecta.

Siempre lo había sido.

Pero esta vez…

Era más que eso.

Era una llave.

—Hoy lo veré —dijo, ajustando su vestido.

Alaric la observaba desde el sillón, con una copa en la mano.

—No falles.

—No lo haré.

Margaux caminó hacia él.

Lenta.

Segura.

—Esta vez no voy a jugar.

Alaric levantó la mirada.

—Más te vale.

Pausa.

—La chica ya falló.

El tono cambió.

Más frío.

Más cruel.

—Una total inútil.

Margaux no reaccionó.

—No pudo ni terminar lo que debía —continuó él—. Y ahora está empezando a pensar más de la cuenta.

Silencio.

—Pero aún sirve —añadió.

Margaux ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Para qué?

Alaric sonrió apenas.

—Para cerrar esto.

Se inclinó hacia adelante.

—Cuando Hugo firme…

Pausa.

—Ella muere.

El aire no se tensó.

Porque Margaux no era inocente.

—Y todos creerán que fue Margaux —añadió él—. El accidente. La presión. El escándalo.

Otra pausa.

—Una muerte conveniente.

Margaux lo miró.

—Y nosotros…

Alaric levantó la copa.

—Desaparecemos.

Silencio.

—Sin deudas.

Sin enemigos.

Pausa.

—Y con todo lo que me quitó.

Margaux sonrió lentamente.

—Me gusta ese final.

Se acercó.

Se sentó sobre sus piernas.

—Siempre fuiste más generoso que él —murmuró.

Alaric la sostuvo por la cintura.

—Porque yo sí sé lo que vale lo que tengo.

Margaux inclinó la cabeza.

—Y yo sé cómo conseguirlo.

Se inclinó.

Lo besó.

Lento.

Calculado.

—Voy a hacer que firme —susurró contra sus labios.

Alaric la observó.

—Hazlo rápido.

Porque en ese juego…

Ya no quedaban movimientos de prueba.

***

En la mansión…

Vera estaba sentada en la cama.

Inmóvil.

Julieta.

El nombre volvió.

Más fuerte.

Más claro.

Y esta vez…

No lo rechazó.

—Yo no pedí esto…

La frase salió en un susurro.

Pero dentro de ella…

Algo ya estaba decidido.

No sabía toda la verdad.

Pero sabía lo suficiente.

La vida que tenía…

No era suya.

Y alguien…

Se la había robado.




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