Mi Otro Rostro

Capítulo 39—La verdad que no debía decirse

Julieta no estaba leyendo.

Ni pensando en recuerdos.

Estaba ordenando.

Todo.

El accidente.

El hospital.

El rostro.

El cementerio.

No eran piezas sueltas.

Eran una historia.

Y alguien…

La había escrito por ella.

La puerta se abrió.

Sorien.

Entró sin prisa.

Sin ruido.

Pero con una decisión clara en la mirada.

Julieta lo supo al instante.

—Tenemos que hablar.

No era una sugerencia.

Era inevitable.

Julieta dejó el libro a un lado.

—Habla.

Sorien cerró la puerta.

Se apoyó en ella un segundo.

Y luego caminó hacia ella.

Sin rodeos.

—No eres Margaux.

Silencio.

Julieta no reaccionó como esperaba.

No se sorprendió.

No negó.

Solo lo miró.

—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó con calma.

Sorien no dudó.

—Desde que vi el expediente de la cirugía.

Julieta frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué expediente?

Sorien se detuvo frente a ella.

—El del hospital donde te atendieron después del accidente.

Pausa.

—No había ninguna lesión en tu rostro.

Silencio.

Pesado.

—Eso no tiene sentido —murmuró Julieta.

Sorien sostuvo su mirada.

—Exacto.

Y ahí…

Todo cambió.

—Entonces… —Julieta dudó apenas— ¿qué significa?

Sorien no suavizó la respuesta.

—Que te hicieron una cirugía.

Pausa.

—Pero no para reconstruirte.

Silencio.

—Para convertirte.

Julieta bajó la mirada un segundo.

No por debilidad.

Por impacto real.

Porque eso…

Encajaba demasiado bien.

—¿En quién? —preguntó finalmente.

Sorien no dudó.

—En Margaux.

El aire se volvió denso.

Julieta cerró los ojos.

Respiró lento.

Y en ese instante…

Muchas cosas tomaron forma.

—Entonces… —susurró— no perdí mi vida…

Pausa.

—Me la quitaron.

Sorien no respondió.

Porque no hacía falta.

Julieta abrió los ojos.

Y esta vez…

No había confusión.

Había claridad.

—Hay alguien detrás de esto.

Sorien asintió.

—Sí.

—Y no es alguien improvisado.

—No.

Silencio.

Julieta lo miró fijo.

—Yo sé quién es.

Sorien no reaccionó de inmediato.

—Dímelo.

Julieta negó suavemente.

—Aún no.

Eso sí lo tensó.

—¿Por qué?

Julieta sostuvo su mirada.

—Porque si me equivoqué una vez…

Pausa.

—No voy a hacerlo dos.

Silencio.

Sorien la observó.

Y entendió.

No era miedo.

Era estrategia.

—Está bien —dijo finalmente.

Pero dio un paso más cerca.

—Entonces escucha esto.

Julieta no se movió.

—Si alguien hizo esto contigo…

Pausa.

—No te va a dejar ir.

Ahí estaba.

La verdad más importante.




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