El eco de la reunión familiar con los hijos de Ramiro aun resonaba en los pasillos de la empresa. Aunque las puertas de la oficina estaban cerradas, el veneno de la disputa se había filtrado en cada rincón. Los empleados trabajaban con una mirada baja, como si temieran que cualquier palabra pudiera convertirse en un arma en medio de una tormenta.
Leonor intentaba concentrarse en el diseño de la plataforma digital, pero la línea que escribió en su libreta se veía interrumpida por sus pensamientos oscuros: ¿Que pasara si la empresa se divide? ¿Y si el proyecto muere antes de nacer?
Ismael, que solía ser el más despreocupado, ahora observaba con recelo a sus compañeros de oficina. Notaba como algunos empezaban a tomar partido, inclinándose hacia Mariana, Julian o Clara, como si la herencia maldita ya estuviera marcando bandos dentro de la compañía.
Pedro, por su parte, se aferraba a la idea de demostrar su talento a quien sea, pero la presión lo consumía. Cada vez que Ramiro pasaba cerca, el rostro endurecido por la tensión familiar, Pedro sentía que su trabajo era insignificante frente al peso del testamento.
La disputa por la herencia no era solo un asunto privado: comenzaba a afectar directamente al ritmo de la empresa. Reuniones canceladas, decisiones postergadas, rumores que creían como fuego en la pradera. El proyecto que debía unirlos se transforma en un campo minado.
__ Esto no es lo que imaginamos al entrar aquí __ susurro Leonor, con voz temblorosa, mientras miraba a sus compañeros.
Ismael asintió en silencio, y Pedro apretó los labios, consciente de que estaban atrapados en una guerra que no les pertenecía, pero que podía destruirlos. la herencia maldita se había extendido a su sombra, y el primer día de trabajo ya se sentía como un inicio de una pesadilla.
__ Pero ¿qué podemos hacer? preguntó Ismael mientras que Pedro con calma le responde:
__ Por ahora, necesitamos concentrarnos en el proyecto. No hay que dejarnos que por un asunto privado nos este distrayendo.
Justo cuando salían de la sala de juntas vacía, la secretaría de Ramiro. Elizabeth estaba afuera de la empresa con las cajas llenas, al parecer mientras los tres compañeros estaban atentos al proyecto. Elizabeth le dijo a Ramiro que ya no podía seguir trabajando si sus hijos lo siguen alterando a esta empresa, y puede que en un futuro como ese, habría tragedias muy graves además del asunto del testamento.
__ ¡¡Secretaria Elizabeth!! ¿a dónde va? _ preguntó Leonor mientras la seguía.
__ Ya no puedo seguir trabajando aquí Leonor, solamente sus hijos seguirán empeorando las cosas. Lo entienden, ya hable con el jefe y pensara que hacer al respecto. Ustedes no se preocupen por mí, ustedes encarguense del proyecto pendiente que les dejó Ramiro.
Se dio la vuelta y se marchó, y jamás la volvieron a ver. Mientras intentan regresar a la sala, los hijos de Ramiro estaban discutiendo aún sobre el testamento.
Pero en medio de un arranque de ira, los hermanos Ochoa: Mariana, Julian y Clara comenzaron desde gritos hasta peleas físicas, los de seguridad no tardaron ni una hora y lograron separarlos. Leonor, Ismael y Pedro al ver eso. Ahora entendieron porque Elizabeth renunció. Ellos rápidamente regresaron a la sala de juntas para hablar sobre los hermanos Ochoa.
__ Ahora entiendo por que Elizabeth renunció _ dijo Leonor con un miedo sumamente helado.
Ismael, con las manos apretadas de miedo intenso pensó: _¿Luego qué sigue en el futuro de la empresa que nos dijo Elizabeth antes de que fuera? Si esto continua, el futuro de la empresa estará en un grave peligro de desaparecer.
Pedro, recargado sobre la mesa, pensaba con preocupación en una estrategia para poder seguir continuando silenciosamente con la plataforma digital, luego de los 6 meses después.