Mi papá no sabe cómo sonreír

~8~

Cuando llegó la hora de la merienda, Lev fue a la cocina a preparar todo.

Era, sin duda, uno de los momentos más sencillos y controlables de su día. No había imprevistos, no había variables externas.

Sacó la leche, encendió la estufa y la calentó a fuego bajo, como siempre. Tomó el pequeño frasco de canela y añadió una pizca exacta, sin exceso. Sintió cómo el aroma comenzaba a expandirse, llenando el espacio de una calidez agradable.

Unos minutos después, la sacó del fuego, justo cuando la señorita Montgomery entraba en la cocina. O Florence, mejor dicho. No fuera a ser que la mujer, en un giro inesperado del universo, aprendiera a leer la mente y volviera a llamarlo “Levy” con esa tranquilidad irritante.

—Qué rico, ¿huele a canela? —dijo ella, aspirando el aire con exageración.

—Sí. A veces le pongo una pizca a la leche. A Anya le encanta así.

Florence sonrió, acercándose a su lado con total naturalidad. Abrió el refrigerador y sacó el recipiente con el pastel.

Lev lo observó de reojo.

—Nunca bebí leche con canela —comentó ella.

—No es gran cosa —respondió él, sirviendo la leche en una taza—. Solo la caliento con una pizca de canela.

Se detuvo un segundo.

—Queda un poco… ¿la quieres?

Florence asintió con entusiasmo, como si le hubiese ofrecido algo extraordinario. Tomó su taza y la dejó junto a la de Anya.

Lev vertió el resto de la leche y, a continuación, Florence dio un sorbo.

Saboreó en silencio un momento.

—Mmm… es buena —asintió finalmente—. Empezaré a implementarla. ¿No tiene azúcar?

—No, nada —negó—. Es saludable.

Florence lo miró con una sonrisa.

—¿Siempre le das meriendas variadas a Anya?

—Eso intento —respondió—. Para que no se aburra.

Florence sonrió.

—Qué lindo detalle.

Lev no respondió de inmediato. Se limitó a tomar un plato.

—Sé que crees que no soy buen padre…

—No dije eso —interrumpió ella.

—No hace falta —replicó él con calma—. Me juzgas con la mirada.

Florence abrió la boca, pero no respondió enseguida. En lugar de eso, tomó el pastel y comenzó a colocar las porciones en el plato.

—Bueno… —empezó— supongo que nunca había visto a un padre tan estricto.

—Soy estricto porque si ella está saludable, yo estoy bien. Y viceversa —explicó—. Solo nos tenemos nosotros. Así como Anya me necesita, yo necesito que mi hija no enferme.

Florence lo observó en silencio unos segundos.

—Te he juzgado mal —admitió—, pero es que no sé… no la abrazas.

Lev la miró, desconcertado.

—¿Eso qué tiene que ver?

Florence frunció ligeramente el ceño.

—No imagino que un padre no abrace a sus hijos.

Lev sostuvo su mirada sin comprender.

—Mis padres jamás me abrazaron y no hay nada malo conmigo.

Lo dijo con absoluta naturalidad, pero Florence lo miró como si acabara de decir algo profundamente alarmante.

—No puede ser verdad.

—Sí —respondió con simpleza—. Y no fueron malos padres. Cuidaron mucho de mí.

Florence asintió lentamente, pero su expresión era… extraña.

Como si estuviera procesando algo más allá de la conversación. Luego tomó el plato con el pastel.

—Voy a llevar esto a Anya antes de hacer mi té.

Lev asintió.

—¿Puedes llevarle la leche? Yo me encargo del té.

Florence lo miró con sorpresa, pero no discutió. Tomó la taza y salió.

Lev se quedó unos segundos en la cocina, en silencio, mirando la nada. Luego, como si se activara de nuevo, preparó dos tazas de té con la misma y las llevó a la sala de descanso.

Anya estaba esperándolo.

—Papá, Florence nos hizo pastel —dijo, y sus ojos brillaron—. Pastel saludable, para que no nos duela la barriga.

Lev esbozó una ligera sonrisa.

—¿Terminaste tu tarea?

—Sí, fue fácil.

—Bien —asintió—. Entonces probemos el pastel de Florence.

Dejó las tazas sobre la mesa de centro y se sentó.

Florence ya estaba acomodada junto a Anya, observándolos con una mezcla de expectación y ligera ansiedad.

—Solo por si acaso, es el primero que hago —se defendió—. Según yo, está increíble, pero presiento que ustedes tienen un paladar exigente.

Anya no esperó y le dio una mordida generosa a su porción.

Lev la imitó. Analizó la textura y el sabor.




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